por Ernesto Losada

Seamos sinceros. Hoy, los temores del mundo K no pasan por la posibilidad de que una muy probable gestión nacional de Macri reedite la catástrofe aliancista de 2001.

Y cuando hablo del mundo K me refiero específicamente a sus dirigentes y al conglomerado de empresarios de todos los rubros, especialmente de los medios de comunicación, de los juegos de azar y la construcción, que en estos doce años amasaron fortunas inimaginables y acumularon tanto poder que casi podríamos hablar de ellos como un estado paralelo, en las sombras.

El pánico que les genera quedar desarmados de poder e impunidad, además de perder la posesión de “la gallina de los huevos de oro”, los lleva a fogonear desesperados esta guerra en que se ha convertido la campaña hacia el balotaje, tergiversando astuta y vilmente sus motivaciones.

Enuncian desde poderosos medios de comunicación, y a toda hora, premisas mentirosas que nos colocan a nosotros, los ciudadanos comunes, como los perdidosos y los que sufrirán calamidades de todo tipo en caso de que gane tal o cual candidato.

De esa manera, nos transfieren totalmente la responsabilidad del resultado de esta guerra, obligándonos a militar por sus propios intereses.

Del otro lado, un grupo político no mejor que el que está en el poder, con sus propios empresarios y amigos que desean casi orgásmicamente hacerse de todo aquello que los otros tanto temen perder.

Y en el medio, nosotros. Hombres y mujeres comunes, ciudadanos asalariados, jubilados vencidos, jóvenes con ilusiones peleando una guerra que nos es ajena, convencidos de que estamos luchando por lo nuestro.

Ya suficientemente arduo es nuestro diario combate por conseguir el mango, porque se respeten y cumplan nuestro derecho a la salud, la educación, la vida y todo lo que nos corresponde y merecemos, como para que encima nos quieran obligar a hacer “horas extras” en el frente de batalla.

Cuando esos dos monstruos gigantescos y despiadados, los que pretenden llegar y los que no quieren irse, chocan con toda la fuerzas de sus ejércitos mediáticos, económicos y políticos, los que salimos lesionados somos nosotros.

Por eso, a votar sin miedos ni presiones, porque gane cual gane, ellos seguirán estando allí, y nosotros aquí.