En el coloquio convocado en la Usina del Arte (CABA), el presidente de los Estados Unidos Barack Obama se reunió con jóvenes de todo el país. En su discurso, el mandatario discutió sobre diferentes tópicos pero acá nos centraremos en uno, el rol de los líderes. Sobre el liderazgo global, Obama apuntó a dejar de lado “la derecha y la izquierda” y pidió a los jóvenes “elegir lo que funciona y tomarlo”. Además criticó duramente a aquellos dirigentes que sólo buscan acumular poder. “Hay líderes que a veces se concentran mejor en el bien común, y hay otros que se concentran solamente en como mantenerse en el poder… La posición más importante en la democracia no es la del presidente, sino la del ciudadano“.

Sin nombrarlos directamente, Obama se refirió a un fenómeno que avanza en Latinoamérica. En los últimos 15 años, se viene dando una arrolladora y mediática camada de gobiernos “nacionales y populares”. Esta nueva ola de populismo empezó con Hugo Chávez en Venezuela, en el año 1999, y continúo con Néstor Kirchner en el 2003. El comandante chavista, desplegó en sus años de poder una estruendosa batería dialéctica revolucionaria, patriótica, pro humildes, antioligarquía,  y monopolios, redentora de postergados, propulsora del cumplimiento de los derechos humanos, empoderadora del pueblo, con una dialéctica antiyanki aplastante y muchas otras bonitas y apasionantes proclamas.

Esa línea discursiva de bravuconadas antiimperialistas y demagogias populares fue vociferada y repetida por los distintos líderes que conformaron aquella troupe de mandatarios revolucionarios regionales. Hugo Chávez, Fernando Lugo, Rafael Correa, Luiz Inacio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Nicolás Maduro, Cristina Fernández y Dilma Roussef tuvieron su primavera verbal de poderosas arengas, conmovedores discursos, históricas sentencias, encendidas prédicas y memorables llamados a la grandeza, la gloria y la historia, pero solo resultaron ser eso: palabras, palabras y más palabras.

Pero acá surgen las primera contradicciones. ¿Un líder populista en pro de llevar bienestar debe enquistarse en el poder? ¿Un mandatario populista que promete oportunidades a sus habitantes es aceptable que se enriquezca desmedidamente? Sin lugar a dudas, en los dos casos la respuesta es no. Un líder debe asegurar la alternancia política y luchar contra la corrupción.

Mientras a voz en cuello ilusionaban con promesas y sueños a los siempre pobres de América, tras telón se enriquecían escandalosamente y hacían grandes negocios con el dinero de esos mismos pobres que, confundidos en las luchas en que estos líderes los habían enfrascados. Esos pobres que terminaron siendo la infantería de esos gobiernos oligárquicos-populares, y dando la vida por líderes más acaudalados, más inescrupulosos, más ávidos de poder, más codiciosos, más desalmados y más corruptos que aquellos de quienes los habían convencido había que combatir.

Aliados al empresariado más inescrupuloso, de la política, del periodismo y de la cultura, crearon, difundieron e instalaron “relatos del modelo” llenos de conquistas sociales para los humildes, de trabajo enaltecedor, de abundancia en las mesas familiares y de victorias inéditas en la historia social y económica de la humanidad para instalarse en el poder a cualquier costo.

El relato se mantuvo en pie durante algunos años debido a que avanzaron con grandes conquistas sociales para los sectores más humildes pero que con el tiempo se fueron perdiendo. Eso solo era el despuntar del gran sol que nos alumbraría y cobijaría a todos, pero nada de eso fue verdad.

Ahora se empiezan a conocer distintos casos de corrupción en distintos países como Brasil, Argentina o Venezuela. Estos líderes que irrumpieron como la esperanza de muchos son hoy la desilusión y la vergüenza de todos. Pero ese desengaño inevitablemente se traslada a las urnas. La gente cansada de esos desmanejos repudian sus mentiras, sus robos y sus rapiñas al ver que son revelados al mundo de manera tan gráfica, detallada e inapelable. Pero como un animal moribundo, cuando son desenmascarados  apenas pueden ensayar remanidas y desesperadas defensas de acusar operaciones y maniobras provenientes de poderosos grupos privados, o venganzas de un sector corrupto de la justicia.

Como un supremo acto de cinismo cruel, desde sus regias residencias custodiadas, y a través de twitter, llaman a esos mismos humildes a quienes despojaron de toda ilusión y anhelo de futuro, a resistir y marchar contras las “injusticias” a que ellos están siendo sometidos.

Con sus fabulosas fortunas como respaldo, y sus infranqueables mansiones como refugio, éstos gobernantes populistas tienen aun la desfachatez de llamar en su defensa a esos millones que hoy en día andan por la vida intentando sobrevivir al desastre y la malaria que esos mismos líderes les dejaron al cabo de años de promesas descomunales e ilusiones infinitas.