La jornada de ayer estuvo marcada por los diferentes cortes de rutas y accesos a centros urbanos en varios puntos del país por militantes, simpatizantes, aliados y gente “solidarizada” con la fundadora de la organización social Tupac Amaru, Milagro Sala, quien fuera detenida acusada de una diversidad de delitos tan variados como graves.

Asociación ilícita, defraudación al Estado, extorsión, administración fraudulenta de fondos públicos, y hasta trata de personas, narcotráfico y espionaje de funcionarios provinciales y dirigentes políticos jujeños son algunas de las causas que se le imputarían y mantienen en “la sombra” a Sala.

La detención de Milagro Sala no abrió paso a los convencionales carriles de defensa a que todo imputado, denunciado o procesado apela mediante sus letrados defensores para lograr la libertad y demostrar su inocencia, sino que puso en marcha los “naturales” mecanismos que a Milagro Sala le permitieron llegar a la cúspide del poder y mantenerse allí durante años: la protesta.

Comenzó, como para entrar en calor, con amenazas de entorpecer el funcionamiento institucional de la provincia de Jujuy y a la vez traumatizar y complicar la gestión de Gerardo Morales, gobernador de esa provincia. Le siguió un intimidante sitio a la Casa de Gobierno jujeña, con diarias y públicas consignas y arengas violentas y antidemocráticas que culminaron en su detención.

Los reclamos de distintas organizaciones, y el “pedido” de libertad en favor de Sala por parte de dirigentes políticos nacionales y representantes de movimientos sociales no amedrentaron ni al gobernador Gerardo Morales ni a la Justicia de Jujuy, quienes continuaron ahondando en las denuncias e investigaciones acerca de la “gestión” Sala y sus millonarias irregularidades, que enriquecieron brutalmente a La Tupac y a su plana mayor, en detrimento de miles de jujeños humildes que con ese dinero, honestamente administrado, hubiesen podido llevar una vida medianamente digna.

Su postura contestataria la impulsan a alentar a movimientos tales como el Partido Comunista, Quebracho, La Cámpora, la agrupación Kolina, fundada por Alicia Kirchner, Miles, que dirige Luis D’Elía, y Nuevo Encuentro, cuyo líder es el ex titular de la AFSCA Martín Sabbatella a EXIGIR su liberación mediante cortes y piquetes. Manifestaciones que complican la vida de millones de argentinos que necesitan desplazarse para asistir a sus trabajos, recibir atención médica, realizar trámites, o lo que fuere. Porque es su derecho transitar libremente, algo que no se cumple.

¿Se entiende esta locura?. Una dirigente social que estafó a trabajadores y pobres, que está sospechada de enriquecimiento ilícito, que justifica costosos vehículos afirmando que se los regalaron, que no da ninguna explicación realista y creíble acerca de cómo logró sus millonarias propiedades, cuyos hijos nos cuentan que adquirieron sus automóviles que valen 25 mil dólares con sus ingresos de vendedores ambulantes, exige su liberación.

Ahora bien: agotadas las instancias “legales” tanto provinciales como nacionales, y no habiendo logrado su libertad, ¿Qué irá a hacer Milagro Sala?.