“Los que pensaron que podían trascender al peronismo se equivocaron”

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Con más deserciones a la vista del Frente para la Vicroria, y el nuevo bloque Justicialista con grandes perspectivas de ampliarse, suenan a profecía cumplida las palabras del intendente Gustavo Sáenz cuando dijera: aquellos que “pensaron que podían trascender al peronismo se equivocaron”.

El éxodo de un grupo de diputados nacionales que, por iniciativa del gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey y del ex titular de la ANSEs y actual legislador nacional Diego Bossio, crearon el bloque Justicialista en la Cámara Baja, desató en el seno del kirchnerismo una histeria colectiva de proporciones que incluyó acusaciones de traición, de abandono de los ideales justicialistas, amenazas de represalias y una serie de reacciones desmedidas e insólitas hacia los “traidores” por parte de los que mansamente optaron por quedarse en el redil K.

Al cabo de doce años de ser llevados con correa, y bien corta, primero por Néstor Kirchner y luego por Cristina Fernández, el peronismo sufre desconcertado y aturdido la súbita libertad de que goza desde hace un par de meses.

Tan apabullados están la mayoría de sus dirigentes ante el nuevo escenario de autodeterminación que se planteó con la salida del poder de la expresidenta Cristina Fernández, y la consecuente caducidad de su liderazgo fundamentado con la razón de la chequera o el destierro, que un sector muy grande de la masa dirigencial justicialista deambula huérfana y aturdida, sin animarse a salir de esa prisión sin carcelero que es hoy en día el Frente para la Victoria.

Como si en estos años hubiesen perdido capacidad de reacción o decisión, prefieren mantenerse en un estatismo conservador, un coma político, una quietud de sepulcro que cada día parece confirmar que su único destino y proyecto es ser solo un grupo de rememoradores de glorias pasadas y añoradores de rebeldías marchitas.

Negados a la renovación y la evolución, se han anclado en una postura sectaria casi menonita, en que se niegan siquiera a escuchar propuestas de aggiornamiento y apertura, para aferrarse a perimidos y fracasados dogmas creados e incorporados en años recientes por el llamado kirchnerismo, y cuyos custodios y exégetas exclusivos son los capos de La Cámpora.

Estas posturas y dogmas kirchneristas fueron en gran medida los causantes de catastróficas e históricas derrotas en las últimas elecciones celebradas en nuestro país, en las que el peronismo sufrió duras caídas en los centros urbanos más poblados, más la pérdida de la presidencia de la Nación y la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

En medio de las ruinas políticas y electorales que dejaron como resultado las “estrategias” kirchneristas dentro del Partido Justicialista, aun hay dirigentes que se aferran a ellas y pretenden su continuidad, y para mayor insensatez e incongruencia, situando al peronismo como un sector incluido en el kirchnerismo y no al revés.

Esto no hace más que confirmar la desquiciada concepción histórica de los cultores del néstorcristinismo, que han trastocado los tiempos para proclamar que el kirchnerismo es realmente el partido que, filialmente, permitió al justicialismo acoplarse a él.

De ahí el trastornado convencimiento de La Cámpora y el cristinismo que toman esta escisión como una real y grave apostasía, y a los diputados que decidieron retornar a los orígenes conformando el bloque justicialista como una banda de loquitos que se fueron detrás de una “aventura política” llamada peronismo.

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Escribo para @elotropais_ y otros medios. Me preocupa el país por eso aporto ideas con mis notas. Soy un ciudadano del mundo que decidió vivir en Argentina

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