Siempre pensé que la ciencia ficción era un telescopio desenfocado apuntando a un futuro que se avecina. Una imagen borrosa de una realidad que, cuando nos toca vivirla, descubrimos que es semejante, no idéntica, pero con rasgos muy aproximados a la primera visión fantástica.

Los viajes en el tiempo y sus paradojas. Seres extraterrestres copados y otros que no tanto. Sociedades post apocalípticas, tecnologías majestuosas. Los secretos del cosmos y otras tantas formidables temáticas que abarca el cautivante universo de la ciencia ficción son, para mí y muchos otros, el mejor pasatiempo por excelencia.

El problema es que cuando uno es aficionado a la ciencia y amante de la ciencia ficción. Curiosamente, se vuelve exigente y escéptico con el producto, llámese libro, película, serie, miniserie, novela gráfica o videojuego. Lo probable pasa ser una premisa, anteponiéndose a lo posible. La necesidad de un factor mínimamente viable que argumente la historia narrada se torna un requisito sine qua non. Pero bueno, solo hay que esforzarse un poco, basta con dejar claro que, para crear un dinosaurio desde una probeta, por ejemplo, se usaron técnicas avanzadas de clonación y manipulación de ADN. Tampoco soy un inquisidor.

Entonces, ¿cómo hacer la vista gorda con una película que trata un tema tan fascinante como la Singularidad Tecnológica? Sería imperdonable. Razón por la que, con cierto temor y mucha expectativa, le brindé a “Transcendence” ciento diecinueve minutos de mi vida.

Pero el encanto ser rompió desde temprano. Tanto para dar y tanta tacañería. Finalmente ese tráiler tan prometedor resumía un film de mediana calidad con algunas piezas rescatables. Si bien la película no es una gran merecedora de la pantalla grande, resultaría igualmente injusto un paso directo a DVD.

Resulta que el director, Wally Pfister, fue pollo del soberbio Chris Nolan. Le hizo la gamba como director de fotografía en casi todas sus películas. En Transcendence, su ópera prima, éste hecho se hace notar con la dinámica de los efectos especiales y la fotografía, pero se queda muy atrás de la preponderancia de cintas como Inception o la trilogía de Batman, por ejemplo. Wally no hizo su tarea para la casa.

La primera parte de la historia se desarrolla demasiado rápido, casi irrespetuosamente. Los personajes entran en el nudo del chisme sin haber sido presentados con gala. Para los ciencia ficción lovers, como yo, resulta inapropiado y nos deja con ganas de más detalles. Pero es un problema común con éste tipo de materias. Se debería rodar una miniserie de varios capítulos o una saga para abarcar la complejidad argumental, o bien tener la innata idoneidad de capos como Nolan, Jackson, Scott o Cameron, entre otros, para concentrar la historia en un solo film, aprovechando cada frame sin dejar mucho en el aire.

El reparto no es nada despreciable, pero muy mal aprovechado. Protagonizada por un Johnny Depp medio depre. Hace el papel de Will Carter, un genio matemático-informático-físico-químico tan pero tan groso que lo haría ver a Einstein como un chimpancé peludo y sin banana. Un poco sombrío y enamorado perdidamente de su bella y casi igual de nerd esposa Evelyn Carter (Rebecca Hall). Por otro lado, Max Waters (Paul Bettany), el colega y amigo incondicional de la pareja, criterioso y moralista. Se la pasa constantemente advirtiendo sobre los riesgos de manipular la biología más de lo debido, usando la tecnología conocida al momento, pero que en definitiva, parece que lo único que le interesa es levantarse a Evelyn. Bien ahí amigouuu.

También asoman, por así decirlo, Morgan Freeman y Cilian Murphy. Grandes actores pero con pequeños papeles. Tan secundarios e innecesarios que podrían haber ahorrado unos buenos mangos colocando banners con sus fotos y resultaban igual de notables. Por último, algo así como la villana de la película pero no tanto, Bree (Kate Mara). Una activista anti-tecnología que busca frenar a como dé lugar las investigaciones de la parejita feliz, y se la pasa con cara de culo desde que aparece hasta los créditos.

Hasta aquí la película parece un total desperdicio de talentos, argumento y cables UTP categoría 6, pero siempre hay algo para que uno diga: bueno, no era lo que esperaba pero zafa. Como ser la premisa de lo probable, el buen uso de teorías científicas actualmente viables para argumentar la historia: la nanotecnología, los procesadores cuánticos, el desarrollo de una súper IA, la sinapsis cerebral, las redes informáticas, etc. Nada queda sin justificar, aunque no se desarrolla con la sutileza que amerita.

Otro afortunado bocadito, que también se podría haber desdoblado mejor, es la relación que se plantea entre Evelyn y… bueno, ya saben, la computadora con conciencia que alguna vez fue su esposo. La fe en que él, aunque intangible y resumido en unos y ceros, todavía sea el bochazo seductor del que se enamoró tan intensamente, y por más que no consigan pegarse una revolcadita, puedan al menos decirse cosas lindas durante el desayuno.

Transcendence es en síntesis una película ambiciosa, como su director, pero que se queda a mitad de camino en prácticamente todo lo que se puede analizar. No es despreciable, ni tampoco de las que dan ganas de ver más de una vez, básicamente una película pochoclera de domingo, que uno ve después de lavar el coche o acomodar el cajón de medias.

Si yo fuera Chris Nolan, como buen mentor le diría a Wally: bueno chango, a formatear el disco, instalar todo y comenzar de nuevo, que tropezón no es caída.

Calificación: Maso *****

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De Puta Madre! ********** / Soberbia ********* / Copada ******** / Muy buena ******* / Buena ****** / Maso ***** / Seguí participando **** / Directo a Marzo ***/ Puaj! ** / Imperdonable *