por Hernán Solomin (*)

Sablanut (paciencia en hebreo) es la primera palabra que uno aprende cuando arriba a esta tierra aunque muchos aquí no la posean y a nivel general la sociedad israelí puede sintetizarse en el siguiente cuento.

Un avión de El Al (hacia el cielo, la aerolínea nacional) acaba de aterrizar en el Aeropuerto Internacional Ben Gurión y se escucha por los parlantes: “Señores pasajeros por favor permanezcan sentados y con los cinturones de seguridad abrochados hasta que la aeronave se detenga completamente”. Pasados unos segundos se oye: “Para aquellos que aún permanecen sentados les deseamos una feliz Navidad esperando que disfruten de su estadía en Israel. A los pasajeros que están parados, empujando en los pasillos les deseamos un feliz Januca  y bienvenidos a casa”.

La amabilidad, cortesía y el buen trato que posee un latinoamericano es muy apreciada. Muchos israelíes hablan algunas palabras en español por ver las telenovelas ya que todo programa, film extranjero se subtitula al hebreo –excepto los infantiles que poseen doblaje– o por haber viajado a Sudamérica finalizado el servicio militar.

La boda judía religiosa –que ofició el rabino uruguayo Mordejai Maarabi, en marzo de 2012, en el salón en el cual se hizo la fiesta– consistió en la ceremonia oficial válida que registramos en el Ministerio del Interior pues no existe el matrimonio civil. Solo pueden casar legalmente los rabinos autorizados por el Gran Rabinato israelí. Una pareja cristiana o una musulmana deben casarse ante un sacerdote o imán avalado por cada fe. En la denominada democracia de Medio Oriente la religión no está separada del Estado.

(*) Periodista Editor de Info Israel Magazine, Natania, Israel.