por Dyego Alba

Le gané al SIDA, le gané al Sarcoma de Kaposi (SK), le gané a las quimio, le gané a la tuberculosis. Volví a caminar no sé cuántas veces, usé sillas de ruedas, usé andador. Le gané a que casi me amputaran los dedos de mi pie por la gangrena que me causó el SK. Me perforaron el plexo para sacarme médula y me sacaron un pedazo de hueso de la cadera con el mismo propósito. Me entubaron y me lavaron los pulmones y me ahogaba. Me internaron no sé cuántas veces en ya ni sé en cuantas salas. Me pincharon, me metieron sondas por el pito para orinar. Me dieron antibióticos, retrovirales (3 esquemas distintos), protectores gástricos, químicos, analgésicos, antipiréticos, diuréticos, laxantes, anticoagulantes, glóbulos blancos, opiáceos y morfina. Me radiografiaron, me monitorearon, ecografiaron, resonaron y tomografiaron con litros de sustancias radioactivas. Me sacaron sangre como llenar una pileta olímpica. Y aunque este texto esté armado, todo en el lo viví literalmente en cuerpo y alma en estos dos últimos años.

Por eso hoy ha sido un día muy especial. Hoy volví a nadar, y no lo puedo creer. Nadar siempre ha sido un amor mío, sentirme despegado de la gravedad y volar. Soy de géminis, mi elemento es el aire y el agua lo simula muy bien. Pero había tenido que dejar de correr, de caminar, de gatear, de llorar, y de y de… Y retomar siempre de nuevo. ¿Por qué? No tengo el alcance para responder eso. Pero siempre dije, y sostengo, que la muerte es una experiencia que inevitablemente vamos a vivir, entonces para qué adelantarla. Me concentré en ordenarle a mis células qué debían hacer; y medité mucho estando internado visualizando resultados positivos. Parece qué si funciona decirle al cerebro qué le tiene que decir al cuerpo.

Mi enfermedad, toda ella, fue el síntoma de un gigantesco vacío que sufrí durante muchos años. Ah! No olvidarme, como buen norteño, que además soy portador de Chagas, como si fuera poco. Y estas enfermedades se volvieron mi guía, mi mentor. Me mostraron de qué está hecha la realidad que esquivamos con la mirada tantas veces que acabamos por creer que no está ahí, al lado de uno; extendiendo su manito pidiéndonos una moneda guardando pegamento en una bolsita. Mis enfermedades oportunistas que vinieron a mi cuerpo en mi estadio de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) me arrancaron, entre tantas cosas, el vacío. Fue una operación en algún punto exitosa, porque morí en muchos planos, morí simbólicamente y ello dio lugar a la apertura, al espacio vacío necesario para que en él se den lugar las nuevas experiencias, las nuevas constituciones, los nuevos renacimientos.

Hoy vuelvo a nadar. Hoy me vuelvo a amar. Vuelvo a amar mis patitas con mis deditos. Vuelvo a amar a mis piernas, a mi panza, a mis brazos, a mi nuevo pelo enrulado pos-quimio, a mi rostro, a todo, porque el cuerpo es una maravilla, el cuerpo es el milagro en sí mismo. Agradecer el cuerpo es una experiencia máxima, una consciencia total de lo vital. Y aunque nos falte algún sentido, toda privación es apertura hacia otras realidades. Pero hoy ya no nado solo.

Me acompaña una red a la que hace poco me integré. Pertenezco a la Red Argentina de Positivos Mayores de 30 (RAP+30) y me acompañan los chicxs de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescente Positivos (RAJAP). Juntos, como ONG, nos ayudamos y contemos. Hablamos de todo aquello que nos pasa: la adherencia o no al tratamiento; la discriminación; el miedo hacia uno mismo y hacia los demás; el faltante de drogas y las responsabilidades institucionales; los efectos colaterales de los retrovirales; la asistencia médica, avances y retrocesos; información especializada; y sobre todo el punto de vista de aquellos quienes convivimos con el VIH. Eso que solo nosotros sabemos qué se siente como portadores de un virus cuya repercusión es totalmente social. Si sos positivo o positiva y te sentís solo o sala, búscanos en las redes sociales y te daremos la bienvenida.

Anoche salimos con mi nuevo amigo de la red al cine. Vimos Maze Runner. Los personajes corren, corren por sus vidas. Ellos portarían la cura para un virus que causó la destrucción de la humanidad como la conocimos. Ellos corrían por aquellos quienes quedaron en el camino. Mi amigo lloraba, yo lo abrasaba. Les dedico mi danza bajo el agua. Y no olviden nunca que el único límite es el de uno.