El despido del relator uruguayo Víctor Hugo Morales de Radio Continental enervó los ánimos del kirchnerismo, tanto dirigencial como de a pie, que rápidamente puso el grito en el cielo y denunció que el gobierno de Mauricio Macri censura y acalla voces que lo incomodan.

Cualquier despistado o poco informado argentino podría refrendar esta acusación, si además del caso Morales, se enterara de que 300 trabajadores de los hiper cristinistas medios de comunicación Tiempo Argentino y Radio América, pertenecientes al Grupo 23, se hallan por estos momentos en gravísimos conflictos laborales por el no cobro de sus haberes de diciembre ni el aguinaldo.

El Grupo 23, propiedad de los “empresarios” Sergio Szpolski y Matías Garfunkel, está integrado por, entre otros varios medios, Tiempo Argentino, Radio América, el diario gratuito El Argentino, las radios Splendid, Rock & Pop y Vorterix, la cadena de noticias CN23 y el sitio web Infonews, que en su totalidad cuenta con unos 800 empleados.

Pero si escuchamos a sus desesperados y conflictuados empleados, notaremos que no hay acusaciones de censura, de silenciamiento ni proscripción laboral por razones ideológicas provenientes del gobierno nacional. Lo que escucharemos serán denuncias en contra de Szpolski y Garfunkel por el vaciamiento del Grupo 23.

Este conglomerado de medios recibió entre 2009 y 2015 la apabullante suma de 814 millones de pesos en concepto de publicidad oficial, a lo que hay que sumarle los abundantes “aportes” dinerarios procedentes de las estatizadas YPF, Aerolíneas Argentinas, ANSES y gobiernos provinciales comulgantes con el anterior gobierno nacional.

Ahora bien. Con tremendos recursos en sus manos, cualquier empresario medianamente creativo y con una pizca de buenas intenciones en su cabeza hubiera podido moldear, en solo un par de años, un conjunto de medios de comunicación agradable a todos los públicos, con programación y temáticas atrayentes para todos, con variedad de visiones y pensamientos, con conductores, periodistas, analistas y presentadores de excelencia, con respeto por la diversidad y la opinión divergente.

En fin, una cadena de medios que cautivara a muchísimos oyentes, televidentes y lectores, lo que constituye un “gancho” irresistible para todos aquellos que desean publicitar sus productos y sus servicios pagando por ello. De esa manera, hubieran logrado medios sustentados por la publicidad de privados, y no “becados” por el estado, y por lo tanto sujetos a la duración en el poder de quien les otorga las “becas”.

Pero no. En lugar de todo lo anterior, Szpolski y Garfunkel optaron por ser vociferantes de la única visión aceptable, la de Cristina Fernández. Crearon una máquina difamadora y acusadora.

Así, la posibilidad de crear un rentable grupo mediático con perspectivas de crecimiento, competitividad, larga vida, que pudiera generar pauta privada y que sobreviviera al gobierno kirchnerista, se derrumbó ante los planes de Szpolski y Garfunkel: la creación de una red de mentiras, tergiversaciones y omisiones grotescas, incluso en la que muchas veces resultó víctima la propia historia de la nación.

Una usina de sistemáticos “juicios” y “condenas”, castigos, burlas y defenestraciones para quienes no concordaban con el proyecto y el pensamiento de la ex presidenta. Y a la vez, una prolífica e infatigable planta de elaboración de exquisitos elogios y copiosas ponderaciones para con su líder y mecenas, y para sus obras y logros. 

Hoy, los dos “empresarios” y los “profesionales” de la comunicación responsables de esa nefasta creación, se retiran con los bolsillos y las cuentas desbordantes, dejando en la calle y a la buena de Dios a cientos de trabajadores técnicos y administrativos, que nada tuvieron que ver y que hoy deben cargar con las consecuencias.

Bien ahí por esos “empresarios” y periodistas militantes que decían cuidar el empleo digno y la mesa de los trabajadores, que a su vez se lo escuchaban decir a la “bienhechora” que los hizo millonarios en estos años.