Por Francisco Galíndez

Hoy pensaba camino a mi trabajo sobre el feriado largo que terminó el martes y no sabía que era peor; si el regreso a la insufrible cotidianeidad de la jornada laboral o el haber tenido tantos días de un supuesto descanso sin un mango partido al medio para poder irme un rato a la mierda a disfrutar como corresponde. Aún así hubo mucho jaleo, el martes comenzó con una camionada de noticias que me sacaron del sopor del encierro en casa en un día nublado.

Erróneamente convencido de que iba a disponer de unos momentos para escribir un poco sobre las Islas Malvinas y la complejidad de su situación actual, me di con la noticia del trágico y lamentable caos en Buenos Aires tras las inundaciones que se cobraron la vida de más de 50 personas y millones en pérdidas materiales. Momentos críticos y desesperantes que vivieron muchos ciudadanos mientras Macri se untaba protector solar en Brasil, Larreta viajaba en bondi por Europa y Cristina puteaba a los britanicos desde Puerto Madryn. Ninguno ni remotamente cerca de los lugares afectados, donde muchos argentinos necesitaron con urgencia a dirigentes que tomen decisiones rápidas para tratar de paliar el desastre. Bienvenidos a Argentina.

Sabemos que la catástrofe no es responsabilidad directa de nuestros regentes. Sabemos que, aunque ganas no les faltan, no pueden manipular el clima a voluntad como algún superhéroe copado de los X-Men. Pero son las personas que elegimos mediante sufragio para que nos representen y dirijan al país, para que respondan ante éste tipo de siniestros con la mayor eficiencia y celeridad, para que hagan empatía y sus obras sean el eco de las necesidades de la gente que los convocó y eligió por voto popular. Pero no, no estaban ninguno de los pelotudos a cargo. Como de costumbre estaban rascándose a seis manos mientras una provincia se inundaba de agua, desesperación, resignación y bronca.

Por otro lado me sacó de las casillas el “sentimiento patriótico” que se vivió particularmente el 2 de abril. No se confundan, no voy a desmerecer a los jóvenes argentinos caídos en combate, no pretendo mancillar la memoria de pibes que, con menos de la mínima experiencia necesaria, se enfrentaron en guerra abierta con antagonistas mucho más preparados, que fueron utilizados en la propaganda ultraderechista del gobierno de turno, que fueron abandonados por la mayoría de sus oficiales y estafados con colectas que desaparecieron en los bolsillos de los dirigentes y nunca llegaron a las Islas. No voy a desmitificar la voluntad de los que sobrevivieron al clima y a las balas con un plato de sopa al día, no voy a negar los actos heroicos de los que se manifestaron en los campos de batalla, no voy a despreciar la audacia y capacidad de los pilotos que hicieron palidecer los semblantes ingleses más estoicos, y no voy a negar que fueron héroes de una guerra, pero si voy a decir que fue una guerra que nunca tuvo que suceder.

Una guerra declarada a una potencia nuclear, aliada con los países más poderosos del mundo en el momento, uno de los cuales nos vendía el poco armamento que usamos para defendernos. Una guerra que nunca se hubiera podido ganar, y no quizás por la desventaja del potencial bélico, sino más que nada por la ineptitud, el desatino, la incapacidad y la desvergonzada  pedantería de un cuasi líder que no fue elegido por su pueblo y que ya estaba en guerra con su propio país.

Si, es indiscutible que las Malvinas son Argentinas. Así como es innegable que las islas están ocupadas por un país que históricamente fue conquistador y colonizador de tierras ajenas, que por derecho internacional nos corresponden, eso y todos los argumentos reales y posibles, no discuto ninguno de ellos. Pero cuando pienso en la guerra de Malvinas no me enorgullezco de ella en sí, sino en los soldados que pelearon y se sacrificaron en combate. Cuando anhelo que la celeste y blanca flamee en lo alto de los mástiles patagónicos no pretendo que eso se logre disparando fusiles o desgajando bombas desde aviones. No aspiro a que se derrame sangre, ni argentina, ni británica, ni kelper, porque sin haberla vivido nunca, no me cabe la menor duda de que la guerra es el suceso más depravado y destructivo que puede afectar a un ser humano. Si se reconoce algún día la soberanía argentina sobre esas tierras lejanas debe lograrse por medio de la diplomacia, de la conciencia y del respeto a la vida.

Por eso mismo, digo que el “sentimiento patriótico” que respiré ayer era nauseabundo, con olor a muerte, con sabor a odio y a venganza. Una sensación desagradable, ultraderechosa, fascista, que quienes la expusieron lo hicieron sin escrúpulos ni reservas. Un “sentimiento patriótico” con muchas ansias de revancha y sangre pero que hacía caso omiso y reflejaba una completa indiferencia a las desgracias que vivían en el mismo instante muchos argentinos tapados hasta el cuello por el agua y la desdicha; argentinos que perdieron casi todas sus posesiones y en algunos  casos la vida misma. Desde otra perspectiva me doy cuenta entonces que el llamado patriotismo argentino es una visión retorcida heredada de una época nefasta, no se manifiesta con la ayuda al compatriota, no se luce con la empatía, el criterio y el arrojo desinteresado, no tiene un discurso solemne y honorable, todo lo contrario, es un puto grito de enemistad y resentimiento, de odio al inglés por las Malvinas, al boliviano y al paraguayo por ser inmigrante, al chileno por su supuesta traición, al brasilero por el fútbol, etc. etc. etc.

Ese patriotismo argentino que se enaltece con imágenes de soldados, banderas, escudos, frases y arengas,  es solo una proclama xenofóbica recalcitrante que destila rencor, no un sentimiento de amor y resguardo de los argentinos para con los argentinos, es solo un distintivo que dice “no hago un una mierda por mi país ni por la gente, pero soy Argentino, carajo”. De ser diferente ayer hubieran aparecido más comunicados de solidaridad y ayuda para los afectados por el temporal y menos los anuncios de furia contra Inglaterra. Finalmente me cago en ese patriotismo que únicamente sale a la luz con el 2 de abril o con el clásico de fútbol, en esa devoción que no suma, que no ayuda en absoluto, repudio con todo mi ser a esa vieja forma de querer blanquear la intolerancia y el odio, y antes que un “patriota argentino” prefiero ser un cipayo, traidor, maricón, y todos esos insultos fascistoides que se acostumbran a esputar cuando alguien que discrepa toca la bandera, Dios, el territorio o cualquier estandarte sagrado. Saludos desde el apátrida ocio cibernético.

LA PRESIDENTA CRISTINA KIRCHNER REPUDIADA POR LOS VECINOS DE TOLOSA

http://www.youtube.com/watch?v=i5ZZ-z5hYrw

CONFERENCIA DE PRENSA DE MAURICIO MACRI TRAS LAS INUNDACIONES

http://www.youtube.com/watch?v=2MRDOFujZRc