por Ernesto Losada

Varias fueron ya las señales inequívocas que desde el sciolismo se vienen dando acerca de que, en caso de lograr la presidencia, habría una ruptura nada sutil con el núcleo dirigencial kirchnerista-cristinista que pretende, en un eventual gobierno de Daniel Scioli, no solo una continuidad de las políticas llevadas a cabo en los últimos 12 años, sino también el ensamble forzado(desde Olivos- El Calafate) de varios actuales funcionarios nacionales de probada incapacidad para marcarle errores a la presidenta, sugerirle la más tímida rectificación de medidas adoptadas que trajeron más perdidas que ganancias, y ni hablar de plantearle un punto de vista diferente al suyo. Son éstos los que en el círculo K se denominan leales, pero que, extramuros, son nombrados con palabras menos nobles.

El gobernador de la provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, es quien por estos días oficia, avalado absolutamente por todo el arco sciolista, como vocero de la renovación que se avecinaría, y como punta de lanza del “punto y aparte” que asoma con fuerza y con visos de no dar ni un paso atrás.

No es casual ni azaroso que haya sido Urtubey el elegido y encomendado como pionero para estas tareas de alto riesgo y exposición, ya que son harto conocidas, para los estrategas porteños del equipo del gobernador bonaerense, su claridad de discurso, su convicción de pensamiento, su admirable capacidad de trabajo y su amplitud de conocimientos para sostener lo que afirma, cualidades que lo posicionaron desde un principio como el postulante excluyente y perfecto para esta misión de avanzada.

Sus recientes incursiones e intervenciones confirmaron las apreciaciones de un ex compañero de bancada en el congreso de la nación, quien refiriéndose a Urtubey dijo: “Juan Manuel es como un auto de Fórmula 1: a mayor exigencia, mejor rendimiento”.

La designación del gobernador salteño como estandarte y portavoz del drástico viraje económico, comunicacional y de relacionamiento con el mundo y las demás fuerzas políticas que Daniel Scioli planea imprimirle a su gestión, obedeció a la imperiosidad de contar para estos menesteres con un hombre no solo con carácter para resistir la andanada de reprobaciones y ataques que, se suponía, le sobrevendrían, sino además superlativamente preparado para argumentar convincentemente la conveniencia de los cambios que se proponen.

Durante esta semana, el conjunto de medios no afines al gobierno nacional corrió alborozado tras los funcionarios y dirigentes más férreamente cristinistas en procura de azuzarlos y lograr arrancarles algunas reprimendas, críticas o desautorizaciones a las diversas y divergentes declaraciones de Urtubey y a él mismo en lo posible, debiendo contentarse, en todos sus intentos, con ambiguas declaraciones y grises explicaciones casi murmuradas. Una actitud inusual en los feroces lenguaraces gubernamentales que no trepidan a la hora de destrozar en hordas a quienes se rebelan contra lo establecido por “La jefa”.

Así las cosas, el proyecto político y la figura del gobernador Scioli revelan forma y autonomía, y se definen no ya como una prolongación maquinal e irreflexiva del cristinismo, sino como un proyecto superador y amplio.

Y esto se debe en gran medida a la actitud de Juan Manuel Urtubey quien, tal vez, impulsado y fortalecido por su genética gaucha norteña de no agachar la cabeza ni pedir permiso para ser auténtico, abrió brechas en el tabicado esquema kirchnerista y rompió tabúes al discrepar y corregir a los mismísimos ideólogos de El Modelo y a sus exponentes más acérrimos.

La ortodoxia pingüina no atina a reaccionar ante este “insolente” Urtubey que poco menos vino a anunciarles que tienen hasta diciembre para armar las valijas, y que no se atiene a ninguna cortesía ni código político cuando lo que está en juego son nada más y nada menos que sus convicciones y principios.

Lo cierto es que hoy por hoy la “tropa naranja” y sus capitostes exultan de optimismo por la cada vez más certera posibilidad de que, atraídos por estas ideas de apertura económica, de innovación política, de perfeccionamiento de lo logrado y de reconocimiento y propósito de enmienda de los errores que tantos perjuicios nos trajeron, finalmente lleguen los tan ansiados votos que necesitan para evitar el ballotage y triunfar en primera vuelta. Aun a riesgo de que el mérito por una factible victoria sciolista en octubre mismo sea más atribuida a las magníficas intervenciones del portavoz norteño, que al carisma y la atracción del líder porteño.

1 COMENTARIO

  1. No me lo creo, porque ahora? si siempre pensó en pagarle a los buitres porque no expresó esa idea en su momento? porque viene agachando la cabeza y diciendo que si a todo si luego piensa hacer otra cosa? Son increíbles los políticos, lo fácil que pueden dar vuelta la película y seguir viviendo del dinero público

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