por Francisco Galíndez

La multiplicidad de universos es una teoría medio trillada, a partir de su postulado desde la física cuántica fue utilizada y reutilizada en muchas novelas, películas, películas basadas en novelas, series, etc. No deja de ser interesante por ser trillada, la sola idea de que en otro universo paralelo estemos nosotros mismos en un contexto radicalmente desigual es muy seductora.

Pero es una teoría, sugestiva pero teoría al fin. Cuando nos espabilamos de tanta imaginación y volvemos a pisar el suelo nos encontramos nuevamente en éste maldito, ambicioso, inmoral y contaminado planeta.

Pero hay quienes viven en otro mundo casi permanentemente y transitan por esta vida con muy escasos momentos de lucidez. No es que se amparen en la teoría de los universos múltiples o algún razonamiento afín, sino que conciben el mundo de manera tan insustancial que la realidad los embiste mil y un veces y unos pocos despiertan del sueño de la estupidez. Ignoran por completo la realidad, sus casusas y sus consecuencias. En síntesis, ignoran todo.

Hay realidades que nos afectan cotidianamente, directa o indirectamente. Algunos estamos al tanto, y otros deciden no estarlo. El caso del reciente fallo del juez Thomas Griesa a favor de los fondos buitres es un ejemplo casi perfecto.

Podemos ser oficialistas, podemos ser opositores, podemos ser planeros, gorilas, mediáticos, de perfil bajo, inteligentes o pelotudos. No importa cómo nos describan nuestros ideales o la falta de ellos, hay una realidad que abruma a la economía del Estado, y es que el arbitraje sobre la “deuda” a los holdouts carroñeros va a acarrear consecuencias graves.

Quienes hoy festejan el dictamen del magistrado yanqui viven en un mundo extraño. Ignoran que a partir de la sentencia, cualquiera sea la decisión que tome el gobierno argentino repercutirá de forma negativa en el futuro económico de los ciudadanos.

Si se paga la deuda para el vencimiento, se deja un precedente comprometido, ya que el resto de los bonistas que entraron en la reestructuración del 2005 y 2010 intentarán cobrar los bonos con el máximo porcentaje al igual que los fondos buitres. La deuda entonces se incrementaría un 700%, dando como resultado un aproximado de 120.000 millones de pesos. Describir ese escenario es algo que no tiene mucho sentido, basta con ver alguna película sobre comunidades post-apocalípticas.

Por otro lado, si se decide no pagar, las consecuencias no son más favorables. Los pagos a los bonistas que entraron en el canje serán embargados, así como todo patrimonio del que pueda disponer la justicia norteamericana. El riesgo país se disparará de tal forma que no habrá inversiones extranjeras durante muy mucho tiempo, y gobiernos venideros no tendrán más alternativa que someter al pueblo a medidas dramáticamente austeras. El caos social sobrevendría una vez más.

Para quienes viven al margen de la realidad y no saben quiénes son los supuestos acreedores: fondo buitre o “holdout” es un grupo económico que adquiere títulos de deuda pública (el Estado solicita prestamos con la promesa de pago a x cantidad de años con cierto interés) justo en el momento en que el país en cuestión de encuentra el default económico, adquiriendo grandes cantidades de bonos por precios irrisorios, y luego reclaman el valor total del bono al momento de cumplirse el plazo.

Entonces, ¿Se puede estar a favor de un fondo buitre? Pero diría más de uno, la deuda es deuda, y hay que pagarla. Sí y no.

La mayor parte de la deuda argentina fue contraída durante dictaduras o gobiernos corruptos que dilapidaron los fondos estatales evadiendo la responsabilidad para con el ciudadano. Tales deudas, tras auditorías internacionales contables se pueden consideran ilegítimas, ilegales y odiosas, ergo, son eludibles, considerando el punto de vista legal.

Y teniendo en cuenta el punto de vista ético, si un gobierno decide pagar una deuda exorbitante a fondos inmorales y usureros, con el país agobiado por las tasas inflacionarias y el desempleo, hablamos entonces de una gerencia igual de retorcida.

Por eso, celebrar un fallo tan adverso es inconcebible, remarca de forma rotunda el bajísimo nivel de conciencia, criterio y humanidad que una persona puede tener. Puesto que tales personas existen, y es como si vivieran en otro plano muy alejado de la realidad, un espacio aletargado, conformado por escándalos mediáticos, mundial de fútbol y críticas incesantes de algo que ni si quiera entienden.