Ernesto Losada

Siempre supimos que desde ciertos gobiernos provinciales, principalmente los del NOA y NEA, se implementa desde hace años, organizada y muy eficientemente, la “política” de negar la desnutrición y otros males añejos y arraigados que aquejan a los argentinos que habitan esas tierras.

No hay ranchos, no hay Chagas, no hay desnutrición, no hay pobreza, no hay muertes por abandono de persona, no hay falta de agua, no hay explotación laboral, no hay corrupción, no hay nepotismo….

Negar y esfumar la realidad, con la complicidad de los medios masivos provinciales (rentados para el servicio de los gobiernos) que publican los índices oficiales y todas las “buenas” noticias que desde sus respectivos gobiernos les hacen llegar ya redactadas, resultaba fácil y hasta una tarea rutinaria y sin mayores riesgos.

Pero resulta que la modernidad y la tecnología les trajeron muy malas noticias a estos negadores y sus secuaces.

Y es que irrumpieron en nuestras vidas, y las suyas, las redes sociales con sus imparables canales de comunicación instantáneos. Y entonces la verdad acallada se abrió paso sin ningún esfuerzo; los silenciados adquirieron voz, y la crudeza de la realidad nos inundó con sus miles de espantosas caras. “Así mismo los pequeños diarios digitales, periódicos y páginas de Internet, y las redes sociales en general han debido tomar el justo compromiso de dar imagen y voz a la muda y oculta tragedia de millones de argentinos”, comentaba en mi editorial publicada en El Otro País del día 10 de septiembre.

La irreverente, como poderosa, aparición de estos novedosos canales de información amateur, caseros y de escasos presupuestos, puso al descubierto a los negadores estatales y tornó inútiles y anacrónicos a sus históricos aliados y cómplices: los diarios masivos y los grandes canales de televisión.

Estos “trágicos” cambios parecen haber hecho replantear estrategias a los mandamases provinciales, quienes en su imposibilidad de detener el avance de la verdad, adoptaron la decisión de detener a quienes la difunden.

Uno de estos casos tuvo como víctima, ayer, al periodista jujeño Luis Cáceres, quien fue detenido en el Hospital de Niños de Jujuy, por investigar un nuevo caso de desnutrición. Cáceres había acudido al hospital tras una denuncia sobre el ingreso de una niña de 9 años oriunda de la localidad de Cholacor, departamento de Yavi, con un grave cuadro de desnutrición. Cuando fue detectado por el personal médico y de enfermería al empezar su investigación, la seguridad del nosocomio avisó a la policía y lo trataron de esposar. Tras resistirse, los policías solicitaron refuerzos y se desplazaron hasta el hospital 10 agentes en dos patrulleros. Rodearon a Cáceres y lo dejaron retenido más de una hora. Cuando se hizo público el episodio en los medios locales, los oficiales lo dejaron en libertad, según informa el portal Jujuy al día.

Más allá de los enormes beneficios y maravillosos resultados alcanzados a partir de la aparición de estos medios de información, no puedo dejar de manifestar mi preocupación porque se siga avanzando en el descubrimiento de nuevas formas de comunicación. Y mi miedo se basa en el hecho de que, si en el futuro lográramos poder informar la verdad telepáticamente, estoy seguro de que los “patrones” provinciales de banda y bastón no dudarían en mandar a cortarnos las cabezas.