Si existe un catálogo de infames en el mundo, de seguro ese registro tiene que estar encabezado por aquellos que, sin el más mínimo remordimiento ni culpa de conciencia, despojan de recursos a niños y ancianos. Y si en ese catálogo están inscritos con nombre y apellido los despreciables que cometen estas vilezas, apuesto todo a que Roberto Navarro figura muy bien posicionado y peleando los puestos de arriba.

Y es que este sujeto que durante años justificó las más bárbaras corrupciones, los más evidentes atropellos, los más groseros saqueos. Y avaló con argumentos vergonzosos las mentiras más increíbles y los engaños más ultrajantes, no supo cuidarse a sí mismo y así, la “fuente de sus convicciones”, el “motor de su pasión” y “la fuerza de sus ideales” quedó al descubierto.

Ahora nos estamos enterando de que el gobierno de Cristina Fernández sustentó la vehemencia kirchnerista y la entusiasta militancia periodística de Roberto Navarro con dinero de la ANSeS.

Según registros que obran en la Administración Nacional de Seguridad Social, su anterior titular, Diego Bossio, abonó la suma de $ 3.359.000 durante el año 2015 en concepto de pauta publicitaria destinada al sostenimiento de los programas “periodísticos” de Navarro, que se emiten por el canal C5N.

¿Queda claro?. Varios millones del dinero de argentinos que día a día trabajaron y aportaron al estado para tener un ingreso cuando llegaran a la vejez fueron a parar a los bolsillos de Navarro. ¿Con qué fin se le pagó esa suma tan obscena como injusta? Solo para que Navarro elogiara y defendiera el relato del gobierno, todas las denuncias de operaciones y algunas afirmaciones de la ex presidenta, como por ejemplo: “Los buitres y los caranchos no están solamente afuera”, que dijera por cadena nacional en referencia a los jubilados que le hicieron juicio a la ANSeS por reajuste de haberes. O como cuando llamó, también por cadena nacional, “viejito amarrete” a un jubilado que se quejó por no poder comprar 10 dólares para regalárselos a su nieto.

Lo más surrealista de todo esto que su propia madre, Ofelia Wilhelm, había accionado contra ese organismo en el año 2008 en reclamo de un reajuste de su pensión, actualización de sus haberes, y el pago retroactivo correspondiente a su beneficio previsional, además del cobro de intereses por los haberes mal percibidos, que obviamente obtuvo sentencia favorable en tiempo récord por el peso del parentesco.

Descaradamente real: Roberto Navarro cobró millones de pesos salidos de los fondos de los jubilados, para defender la postura de quien trataba a esos mismos jubilados de buitres, caranchos y viejitos amarretes.

Ya en la cumbre de su “carrera” profesional, Navarro fundó en el año 2015 su propia productora a la que denominó La Ñata. Aunque muchos afirman que, en su convencimiento de que Daniel Scioli triunfaría en las presidenciales de 2015 (hasta llegó a afirmar a las 18 horas del domingo, hora del cierre del comicio, que Scoli era el nuevo presidente de los argentinos y Aníbal Fernández el nuevo gobernador de los bonaerenses) Navarro quiso “homenajear” al candidato oficialista bautizando a su flamante emprendimiento con el mismo nombre de la emblemática quinta del ex gobernador bonaerense y ex candidato a la presidencia, lo cierto es que en realidad La Ñata debe su nombre al apelativo con los cercanos llaman a la madre de Navarro. Y tal vez éste haya sido el acto más sincero y justo de Roberto Navarro en toda su vida, ya que su prosperidad, y el hecho de ser hoy en día su propio patrón y dueño de su empresa, se lo debe a los jubilados como la Ñata, su madre, a quienes les birló taimadamente parte del dinero que con décadas de esfuerzo y trabajo supieron aportar al estado.