Por estas horas el locutor Víctor Hugo Morales lloriquea su pena, proclama la injusticia de su despido y denuncia censura por haber sido desvinculado de Radio Continental que, aduciendo incumplimientos contractuales, decidió que su ciclo en ese medio concluya definitivamente.

Durante años, Morales habló todo lo que el gobierno de Cristina Fernández quería escuchar. Su voz y sus palabras eran el cálido y bienaventurado buenos días para ese gobierno que lo escuchaba embelesado y orondo recitar la magnificencia oratoria de Cristina, la maldad de los opositores y no alineados, la satisfacción del pueblo argentino desde Jujuy a Tierra del Fuego, el renacer de la patria, y la absoluta libertad que había inundado a nuestro país donde todos podían expresarse y decir lo que quisiesen.

Claro está que los placeres se pagan, y hay algunos que son realmente caros. Por ello, el placer de la ex presidenta Cristina Fernández por escuchar a Morales se traducía en millonaria y arbitraria pauta publicitaria a Radio Continental, y con ella los propietarios del medio costeaban la verborragia infinita del relator a la vez que ganaban abundantes sumas para sí.

Cristina ya no está. Morales ya no tiene al frente del Estado a una capitalista dispuesta a costear sus loas y omisiones tasadas en millones de dólares, por lo que para sus ex patrones de la radiofonía Morales dejó de ser rentable. Tan claro y simple como eso.

Ni censura, ni persecución ideológica, ni proscripción, ni silenciamiento. Nada de eso hay detrás de su despido. Solo negocios. Y él lo sabe perfectamente. Como también lo saben y comprenden Juan Miceli, Débora Plager, Eduardo Feinnman, Antonio Laje, y la lista sigue.

El poderoso y angurriento empresariado de los medios sabe que ha llegado la hora de “agradar” a otro gobierno, el de Macri, y para esta nueva etapa Morales no les sirve.

Tal vez Víctor Hugo estuvo falto de reflejos y no vio venir el cambio, y por eso no se “aggiornó” al nuevo tiempo para seguir siendo “útil” a Continental. No tuvo el olfato que ostentaba en otros tiempos. Ese olfato comercial que le advirtió que debía dejar de decir, por ejemplo, “Cuando Kirchner en esa actitud de matón de barrio, de que todos se ríen de sus chistes, le tomó el pelo a un movilero de mi programa, cual diputaducho, supe cómo era la personalidad del ex presidente” o  “La fortuna de los Kirchner es insultante”, para comenzar a decir, por ejemplo, “Yo elijo la villa 31 porque se puede vivir allí con cierta dignidad”, o “La prensa oficialista no miente, a veces se equivoca. Los que mienten son Clarín y La Nación”, o “Con el kirchnerismo no le ha ido mal a nadie”.

Como una irónica metáfora que rememora sus tiempos de relator futbolístico, podríamos decir que Víctor Hugo quedó en off side.

Es imposible que una persona como Morales no conozca las leyes del mercado y el capitalismo. Él, que suele pasar largas temporadas desestresándose en su exclusivo departamento de la Gran Manzana (en EE.UU. El imperio del capitalismo sanguinario, el cuartel del golpismo, el nido de los buitres). Que no sepa que si no genera ingresos debe ser suprimido. Que aquí no hay caridad.

De todos modos, canales por dónde decir su verdad no faltan: blogs, humildes emisoras, esforzados diarios y periódicos digitales, pequeños canales de cable. Sin ir demasiado lejos, El Otro país le ofrece generosamente todo el espacio que necesite para decir lo que piensa, lo que siente y lo que cree.

Por supuesto que no se le abonará, ni por cerca, lo que necesita para mantener su departamento de Avenida del Libertador, sus pisos en París y New York, y su vida de viajes, ropas de marca, salidas y gustos sofisticados: “El hombre, además, está bronceado: llegó ayer de Miami, donde pasó la última semana un poco mirando el Masters Series de tenis, otro poco conduciendo su mañanero programa de radio (por Continental, claro) y otro poco desperezado en las playas caribeñas. VH y Estados Unidos se llevan bien”…. “Pero si me decís qué viaje quiero hacer en este momento, primero te digo París, segundo Nueva York y tercero el resto de Europa que conozco: Roma, Madrid y Londres. Y también incluyo a Praga, ya no tanto por la historia, sino porque tengo una buena relación con ese tipo de ciudades medianas como Budapest, Viena y Salzburgo”, expresaba Víctor Hugo Morales en una entrevista para la revista Bando. (http://www.conexionbrando.com/1046343-victor-hugo-que-se-esconde-detras-del-predicador-del-futbol).

Esperamos que el señor Morales firme contrato con alguno de los miles de modestos medios que existen, o de última acepte nuestro ofrecimiento de un espacio donde decir, donde opinar y donde denunciar porque, al fin y al cabo, ¿no es esa su vocación y ambición?.

Si no tenemos noticias de él, deberemos pensar que todo ese berrinche de la censura, la persecución y el silenciamiento que denunció fueron decorados discursivos que ocultaban su ira y desesperación por haberse quedado sin sus fabulosos ingresos. Una mera cuestión monetaria que nada tiene que ver con la libertad de expresión ni el derecho a la palabra.

2 COMENTARIOS

  1. Muy buena la nota y muy acertada la opinión de como son realmente las cosas. Un pequeño detalle. el despido de Juan Miceli no fue por negocios, solo fue por CENSURA a una pregunta que molestaba politicamente.

    • Si Daniel, pero en definitiva son negocios. Todo es por plata en este pais y en muchoa del mundo. Es el unico valor que quedó.

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