Los que no existen cuando dejan de existir

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por Ernesto Losada

Un adolescente de 14 años de la comunidad aborigen qom, que pesaba 10 kilos, murió el martes pasado en un hospital de Chaco. Oscar Sánchez padecía desnutrición y tuberculosis y había llegado a la capital provincial, donde su salud y su vida dijeron basta, desde El Impenetrable.

En enero, la noticia de la muerte de Néstor Femenia, otro nene Qom de 7 años que murió en condiciones similares había generado conmoción y angustia por la falta de atención a las comunidades aborígenes en el Chaco.

Estos casos de muertes por desnutrición son, ni más ni menos, agónicos gritos de ayuda que ni los gobiernos provinciales ni el gobierno nacional quieren escuchar. Son trágicos alaridos de muerte lanzados por argentinos sin voz, argentinos silenciados e invisibilizados por gobiernos falaces y genocidas que ocultan en los montes, villas y asentamientos a argentinos de cuya existencia reniegan.

La mecánica de negación estructurada desde el poder incluye a varios actores fundamentales que, cumpliendo cada uno su homicida parte de la labor, logran conformar un todo funesto que perpetúan la muerte, la miseria y el anonimato de “los indeseables”.

Por un lado, organismos de control que cambian las tablas de mediciones corporales con que se determinan los niveles y grados de nutrición, con el objeto de minimizar el índice de niños desnutridos o con bajo peso. A los “adelgazados” índices que arrojan esos nuevos parámetros de medición le sigue un fuerte “rebaje” (al estilo del Indec) por parte de los organismos encargados de dar a conocer estos índices. Y finalmente, y para corolar la mecánica de la muerte, medios de comunicación cooptados mediante millonaria pauta oficial, que se encargan de omitir la divulgación de la condición de ruindad lacerante en que subsisten comunidades enteras, y los casos de muertes derivados de esas misérrimas condiciones.

Datos que surgen de la fundación Conin muestran que tres de cada diez niños argentinos viven bajo el nivel de indigencia, además de que no reciben las calorías necesarias para realizar movimientos moderados. La situación descripta es mucho más grave en las provincias de Chaco, Corrientes, Formosa y Salta, en las que los chicos menores de 15 años que viven bajo el nivel de indigencia son más del 40 por ciento. Los hogares en situación de “indigencia” son los que no ganan ni siquiera para pagar una canasta básica de alimentos “necesarios para satisfacer los requerimientos mínimos de los miembros del hogar”, agrega el informe de Conin.

Los datos de la fundación son contundentes. “Si uno de cada tres chicos no come lo mínimo para poder vivir – según los especialistas llegan a comer cada tres días- los pobres suman en total el 58,1 por ciento de los diez millones de chicos que hay en el país. De ellos, casi seis millones (5.727.806) son pobres. Y de estos casi tres millones (2.734.071) sobreviven bajo la línea de indigencia”.

El informe agrega: “El 27 por ciento de niños indigentes resulta de promediar los índices de las provincias más ricas y las más pobres, las del norte y las del sur. En la Patagonia, por ejemplo, el 14 por ciento de los niños no reciben la alimentación diaria mínima. En Santa Cruz la cifra baja al 7,1. En Tierra del Fuego al 7,5. En la ciudad de Buenos Aires, padecen la indigencia el 8,1 por ciento de los pibes. Pero en el otro extremo las provincias más pobres sufren el impacto hasta límites nunca antes registrados en el país. Así el 45,7 % de los chicos del Chaco, el 44,9 de los correntinos, el 40,4 de los salteños, el 39,1 de los entrerrianos están privados de un crecimiento normal. El record en toda la Argentina se lo lleva la ciudad de Concordia donde el 53 por ciento de los menores de 15 años viven sin las calorías mínimas”.

Estadísticas y estudios veraces existen, como podemos ver, pero no son fruto del celo de los gobiernos por conocer las necesidades y carencias de los argentinos, sino que son el resultado del esfuerzo de organizaciones y fundaciones solidarias que asumen las responsabilidades del Estado sin ningún beneficio más que el de intentar una sociedad mejor.

Así como algunas ONG, las iglesias, y personas de buena voluntad han suplantado al Estado (en la medida de sus posibilidades) en sus obligaciones de asistencia, así mismo los pequeños diarios digitales, periódicos y páginas de Internet, y las redes sociales en general han debido tomar el justo compromiso de dar imagen y voz a la muda y oculta tragedia de millones de argentinos.

¿Cuáles son las prioridades que ocupan a los gobernantes?. En todos estos años no lo fue la dignidad de éstas personas; no lo fue el respeto y cumplimiento de sus derechos; no lo fue la salud; no lo fue la educación:¿Por qué habría de ser la vida?. Viéndolo así, encontramos una aberrante coherencia de gestión en muchos políticos.

Por estos días hemos visto como el gobierno del Chaco salió a explicar que Oscar Sánchez murió por enfermedades que contrajo hace años, sumadas a dolencias físicas congénitas. El gobierno nacional, desde su cuenta de Twitter, avaló esas explicaciones e intentó difundirlas para alejar cualquier tipo de responsabilidad. Los grandes medios masivos se ocuparon febrilmente de esta noticia, pero, claro está, respondiendo a los intereses que los mueven: algunos imputando al gobierno nacional y al gobierno chaqueño; otros desligándolos absolutamente de todo.

Y así, Oscar Sánchez tomó entidad, su caso fue conocido y todos nos enteramos que murió y cómo murió. Y la “magia luctuosa” volvió a producirse en Argentina: La magia que hace que los que no existían, existan cuando dejan de existir.

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