por Ernesto Losada

La tan mentada campaña del miedo, en que el kirchnerismo en pleno (desde la presidenta hasta el más humilde y honesto militante) se entregó a la tarea de presentar al candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, y a todo su equipo como una banda de desalmados e inescrupulosos saqueadores derechistas, entregadores y ajustadores, dio visos de haber alcanzado cierto éxito en estos días.

Pero no fue el éxito que Scioli y compañía esperaban. Al “profetizar”, en caso de un triunfo macrista, ajustes, devaluación, despidos, cierre de industrias y devaluación, algunos sectores comenzaron a tomar precauciones con respecto del futuro que se avecina. Como dicen en el barrio: “por si las moscas…”.

Al creer religiosamente que todo lo que el kirchnerismo vaticina se cumplirá inexorablemente, las compañías molineras vendieron la bolsa de harina entre un 25 % y un 40 % más cara, aumento que se trasladó al precio del pan inmediatamente.

Esta medida no tiene ninguna justificación más que la especulación con respecto a posibles fluctuaciones del dólar de acuerdo a futuros resultados electorales.

Entonces, estas campañas de terror no concientizan al votante; no advierten de supuestos peligros que representaría Macri en el poder, sino que tan solo les da a los especuladores el argumento perfecto para incrementar los precios sin razón alguna. Es decir: el kirchnerismo provoca y favorece la especulación que dice combatir, y perjudica al pueblo trabajador que dice defender.

Lo más incoherente de todo esto, para el gobierno nacional, es que la ciudadanía tiene claras las cosas, y ubica ese aumento de precios durante el gobierno kirchnerista y no lo relaciona con una eventual gestión Macri. O bien, los pocos que creen que estas subas se deben a una medida preventiva para el caso de que el macrismo llegue a La Rosada, a su vez culpan a Scioli y sus voceros de ser los culpables por haber instaurado resquemores en el empresariado que, ni lerdo ni perezoso, transformó los vaticinios apocalípticos en una realidad que ya está ocurriendo y de la que deben defenderse con subas y especulación.

Empecinado en ganar a como dé lugar, el oficialismo nacional no repara en sus formas de campaña, y así, en su afán de impactar a su rival electoral, lesiona al pueblo que alguna vez lo apoyó y le dio el mando del país. Lo más vil de todo esto es que al kirchnerismo-sciolismo no parecen importarle los costos colaterales de sus campañas.

A todo esto. Si algunos empresarios toman este tipo de medidas, ¿es que dan por descontado un triunfo de Cambiemos?. Si esto fuera así, la derrota del kirchnerismo y de Scioli sería doble, ya que no habrían logrado amedrentar al electorado, y sí lograron perjudicar a los ciudadanos.

En fin, con las cosas planteadas de esta manera, los indicios de que Mauricio Macri será el próximo presidente de los argentinos son cada vez más fuertes y firmes.