Entre los muchos análisis y lecturas que dejó la elección del domingo 22 de noviembre, en la que fuera electo presidente de la nación el candidato del espacio Cambiemos, Mauricio Macri, resulta indispensable resaltar y detenernos un poco en el caso de la provincia de Santiago del Estero, quizás el último bastión para el Frente para la Victoria.

Conozcamos un poco la actualidad política de la provincia norteña. Estuvo gobernada en dos periodos por el radical Gerardo Zamora, adherente a las políticas kirchneristas. Actualmente el cargo lo ocupa su esposa, Claudia Ledesma Abdala de Zamora, quien tiene la misma inclinación y línea política de Gerardo Zamora. Santiago del Estero, es uno de los pocos distritos en el país que no solo mantuvo su caudal de votantes, sino que también incrementó el apoyo popular en las urnas de los diferentes candidatos del oficialismo nacional que se presentaron en las distintas elecciones que se sucedieron a lo largo de estos años.

En 2003, Zamora es elegido intendente de la ciudad Capital de Santiago del Estero con el 64 % de los votos. El 27 de febrero de 2005, con el juarismo fresco y aun pesando fuerte, Zamora fue elegido gobernador con el 46,5 % de los votos, interrumpiendo el dominio del justicialismo que había gobernado la provincia por casi 40 años. El 30 de noviembre de 2008 es reelegido gobernador de la provincia con el 85,05 % de los votos.

Con una provincia devastada financieramente, estructuralmente atrasada y carenciada en todos los aspectos, toma la determinación de adherir al proyecto del entonces presidente Néstor Kirchner. El fin era lograr para su provincia los fondos para las obras y cuanta herramienta pudiera servirle para revertir la catastrófica situación provincial que heredaba  por parte del juarismo.

Comienza así para Santiago una era de crecimiento y desarrollo en todos los ámbitos: edilicio, laboral, económico, educacional, en salud, y en lo social sobre todo.

Merced a una celosa administración de los fondos provinciales, logró el equilibrio financiero y una holgura de fondos que permitió a Santiago sortear sin mayores inconvenientes ni ajustes las crisis internacionales que azotaron al mundo y afectaron a la Argentina en años recientes.

Si bien la alineación de Gerardo Zamora con los gobiernos kirchneristas fue irrestricta desde un principio, no puede explicarse solo desde el aspecto de la coincidencia ideológica, sino más bien desde el aspecto práctico y estratégico, ya que su acercamiento a La Casa Rosada redituó para su provincia miles de viviendas, hospitales en todo el interior santiagueño, rutas, complejos culturales de nivel internacional, centros de salud pública de excelencia, revalorización e incremento de la industria del turismo, radicación de empresas y la creación de puestos de trabajo que motorizaron las economías domésticas, las de los trabajadores, en forma inusitada y continua.

En contraprestación, Zamora aportó en todas y cada una de las contiendas electorales importantes cantidades de votos al Frente para la Victoria, con impresionantes porcentajes que fueran exhibidos a nivel nacional como muestras irrefutables de la aprobación del electorado a las políticas nacionales. En la elección del domingo pasado Santiago acercó a la fórmula Scioli-Zaninni el 72,06 % de los votos emitidos en la provincia, siendo el porcentaje más alto de todo el país.

Antes de las presidenciales, el senador Gerardo Zamora sostenía, “Gane quien gane, hay que mantenerse unidos en defensa de la Provincia”, y lo dice un político de origen radical que, para conseguir lo que su provincia necesitaba para comenzar a ponerse de pie, debió ganarse el respeto y la confianza de gobiernos kirchneristas que lo miraban con recelo y hasta cierto desprecio.

A partir del 10 de diciembre el sillón de Rivadavia estará ocupado por Mauricio Macri, un político de signo e ideas políticas distintas a las que vino apoyando el pueblo santiagueño. Esto no debería ser un obstáculo para que Santiago del Estero prosiga en su senda virtuosa de desarrollo y crecimiento, ya que si hay algo que caracteriza a Gerardo Zamora es su incansable trajinar aquello que pudiera beneficiar a su provincia.

Lo cierto es que, a pesar del cambio de gobierno nacional, en Santiago se vive un ambiente de tranquilidad y hasta indiferencia si se quiere, ya que el santiagueño, mayoritariamente, confía plenamente en la conducción de Zamora, y en que sabrá tejer relaciones cordiales en las diferencias con el macrismo gobernante.

Como dijera un histórico dirigente zamorista a El Otro País: “Que asuma un gobierno que no es el que esperábamos no significa que nos vayamos a aislar. Al contrario, vamos a ir a dialogar y ver de conseguir lo que todavía nos falta para la provincia. Estos años no nos han regalado nada, lo que se ha hecho en la provincia ha sido por gestión e insistencia de Gerardo ante la Nación. Estamos seguro de que él va a seguir consiguiendo lo necesario para que Santiago siga en paz y avanzando”.