por Ernesto Losada

El descubrimiento del llamado Niembrogate o caso Niembro, no vino sino a confirmar que la putrefacción política argentina está mucho mas extendida de lo que realmente pensábamos y conocemos.

Un impecable relator y comentarista de deportes, con estampa de caballero e imagen de hombre hecho a pulmón y desde abajo, arde por estos días en la misma hoguera que tantas veces avivó con sus denuncias de corrupción, amiguismo y derroche de fondos públicos. Siempre con el dedo apuntando hacia Casa Rosada.

Pareciera ser que en la vida uno se pudiera manejar con varias éticas: la ética empresarial, la ética política, la ética personal, la ética laboral, etc.

Y digo esto porque, una vez desnudo ante las evidencias que lo confirman como un empresario inescrupuloso, que se valió de influencias y trampas, y que cobro casi 22 millones de pesos a través de una empresa creada solo y especialmente para brindar inexistentes servicios a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el ahora ex candidato del Pro Fernando Niembro pretende convencernos de que aquí no hay nada ilegal ni nada reprochable ya que estos “negocios” los hizo antes de ser candidato.

Pero por supuesto. ¿Cómo no entender algo así?. Como empresario es un trucho, un chanta, ¡!un delincuente!!. Pero ya no es más empresario, ya vendió sus acciones y ahora está en política.

Atrás quedaron esos tiempos en que hacía llamados para ganar licitaciones, en que facturaba servicios no brindados, en que se valía de sus poderosas influencias para lograr contratos millonarios. Eso lo hacía cuando estaba dominado por la ética empresarial.

Pero hace un tiempo se calzó la ética política, la que le decía que debìa procurar el bien común, actuar con transparencia, y estar al servicio a los demás, por lo que no teníamos que tener ningún temor de que, en caso de resultar electo, se enriqueciera ilícitamente, usara su cargo para tramoyas financieras, ni desviara fondos a empresas sin empleados o empresarios amigos. No, no, no, no debíamos estar despreocupados.

Eso lo hacía con su anterior ética.

Niembro ha superado toda hipocresía y cinismo existente. Da entrevistas en las que cuenta cómo era la operatoria de la empresa La Usina, creada por él días antes de comenzar a recibir de su primer cliente, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, abundantes contratos de trabajo, pero a la vez dice desconocer si hubo algo ilegal en estos manejos porque, según él, no estaba al tanto de cómo son las operatorias de contratación, publicación en el Boletín oficial, y demás regulaciones vigentes en la ciudad de Buenos Aires.

Pues si no las conocía Niembro, seguro quienes lo contrataron, Mauricio Macri y funcionarios subalternos, debían conocerlas muy bien y no haberlas permitido. O, ya que avalaron con sus firmas y su silencio estas estafas, sugerirle a Niembro que continuara con su ética empresarial y no invitarlo a calzarse la ética política que estrenó tiempo después, ya que tarde o temprano éstas desprolijidades millonarias verían la luz y perjudicarían mal al Pro y su candidato a presidente, tal como está ocurriendo en éstos momentos.

A ver si lo digo claramente: todos tenemos UNA sola ética. Y esa sola y única ética, buena o mala, es la que rige nuestros actos ya sea en el ámbito empresarial, laboral, deportivo, político o social o lo que sea. Por lo que si Fernando Niembro se movía delictivamente a la hora de concretar negocios, así mismo se hubiera movido en la gestión político parlamentaria. No jodan.

Asimismo, si Mauricio Macri y los funcionarios del área en que se desarrollaban estas contrataciones ilícitas no escucharon que sus “éticas” les daban señales de que lo que hacían era incorrecto, entonces tienen la misma ética de Niembro. Y lo espantoso de esto es que tienen chances de llegar al poder y gobernar con esas éticas.