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por Martín Rodríguez

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LOCALIDAD DE JOAQUÍN V. GONZÁLEZ

Me desperté esta mañana como un tuit aterrador que me enfureció: ‏”@movilerossalta [AMPLIACIÓN] Encontraron el cuerpo sin vida de una niña de 9 años”. Señores, no estamos hablando de que esto pasó en Buenos Aires, Córdoba o Rosario, las grandes capitales de nuestro país, pasó en Joaquín V. González, una pequeña localidad de Salta que está a 223 km (según google maps) y tiene menos de 14.000 habitantes. Este tipo de noticias demuestran lo comprometida que esta seguridad en nuestro país.

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Zona en la que fue encontrado el cuerpo de Judith Claudia Palma

Judith Claudia Palma tenía 9 años. El día sábado salió de su casa, como todas las tardes, en su bicicleta, a vender pan casero en los alrededores de la estación de servicio ubicada sobre el acceso sur de la ciudad de Joaquín V. González. Horas después fue hallada muerta por unos menores que jugaban en la zona. Según los vecinos que hablaron con la prensa fue horriblemente mutilada y arrojada en un baldío sobre la calle Salta entre Hipólito Yrigoyen y 9 de Julio. La policía local no sólo no pudo prevenir su asesinato, sino que tampoco pudo encontrarla. Sin embargo esto me parece una historia conocida. La ineficacia policial esta al orden del día en el país.

Que una niña de 9 años tenga que salir a vender bollos caseros para poder ayudar a su familia a subsistir pone al descubierto que el modelo de inclusión social que el gobernador Urtubey y la presidenta Fernández de Kirchner tanto difunden no está funcionando como debería. Que esa misma nena de 9 años haya sido brutalmente asesinada evidencia que está todo mal y que ni el gobierno provincial ni el nacional pueden brindar la seguridad necesaria.

La inseguridad es el tema que más preocupa a los argentinos y que desde hace años vienen reclamando soluciones. La inseguridad no sólo confirma los graves problemas que tiene Argentina en materia de marginalidad social, pobreza y exclusión sino además muestra las fallas de un sistema policial cada vez más ineficiente, aunque nuestros gobernantes se encarguen de hacernos creer todo lo contrario. Historias como la de Judith lo único que hacen es exaltar a un pueblo que en busca de justicia pide mano dura o justicia por mano propia. Noticias como éstas sacan lo peor de nosotros. La gente está enojada, muy enojada.

Argentina está pasando una era de estupidez que parece infinita. Durante mi vida he visto pasar a cientos de políticos que se han cansado de proponernos recetas milagrosas para sacarnos del embrollo en el que estamos metidos. Pero sólo los he visto enriquecerse y quedar impunes miles de veces. Afortunadamente ellos pasan, nosotros no, aunque los que vengan sean peores que los anteriores, somos nosotros los que tenemos que seguir y proponer un cambio. En esta Argentina de las desigualdades es hora que empecemos a exigir, un pueblo dormido es un pueblo dominado. Tenemos que demandar un desarrollo económico y social más equilibrado.

Espero sinceramente que vayan en cana los que tienen que ir y que el recuerdo de Judith nos ayude a comprender que así no podemos seguir.

El Otro País me da un espacio para decir lo que quiera, es por eso que esta nota se la quiero dedicar a todos los hijos de puta que se están robando el país porque en sus manos corre la sangre de todos los argentinos que mueren día a día.