Videla (1)

EL LEGADO

por Francisco Galíndez

“La lucha se dará en todos los campos, además del estrictamente militar. No se permitirá la acción disolvente y antinacional en la cultura, en los medios de comunicación, en la economía, en la política o en el gremialismo.”

Jorge Rafael Videla

8 de Julio de 1976

Despertares lúgubres en la ciudad, con vientos fríos, ácidos, que queman la piel. El vacío de una cuna, con un velo negro que oculta el blanco terso de unas pequeñas sábanas. Flores marchitas esperando la luz de un sol que tardará años en regresar. Rostros arrugados, curtidos por el salitre de las lágrimas al secarse. Retratos en sepia de patriarcas que no abrazaron a sus proles antes de partir. Poemas en llamas que evocaron una vez sentimientos prohibidos. Huellas de pasos, apesadumbrados por el padecimiento, rodeando la pirámide ancestral. Vainas servidas, doradas y brillantes, decorando los suelos frente al paredón. Susurros del mar, cómplice sin voluntad, testigo de la muerte. Habitaciones oscuras, malditas, imperdonables, inolvidables, declarantes del sufrimiento. Tumbas sin dueño, con leyendas recortadas, con preguntas sin responder. Gritos acallados por el puño y el fusil, ahogados por la sangre en la garganta. El miedo, el terror, el dolor, la muerte.

Ese fue tu legado, el resultado de tu labor cotidiana, minuciosa, pertinaz. El efecto de tu constante arrebato de furia y aborrecimiento, de tu guerra contra lo heterogéneo. La razón de tus manos, pastosas de sangre coagulada, gesticulando, señalando otro objetivo. No es sino la muerte quien te libera, y libera asimismo el rencor de los que dejaste atrás, sin padres, sin hijos, sin futuro, sin esperanza ni sazón. El recuerdo quedará, pero solo de tus actos, el hombre desaparecerá, o no, quizás porque nunca existió.

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NO SE PUEDE DIVIR

por Martín Rodríguez

Hoy es un día muy frío, así me gustan, todos los días del año deberían ser como este, helados, melancólicos, apáticos, lloviznosos y con poca gente en la calle. Odio el calor, odio el verano. Afuera de mi oficina esta gris, un gris insensible que no me permite ser amable.  Anoche dormí poco lo cual vuelve más atormentada mi mañana y más desagradable mi estado de ánimo.

Antes de llegar a mi trabajo una amiga me manda un mensaje de texto y me dice:

Se murio videla viste? (Sic)

A lo que contesto:

Murió ese hijo de puta? (Sic)

Tengo 33 años (cumplo 34 en noviembre), eso quiere decir que nací en 1979, en plena dictadura militar. Esos años fueron difíciles para mis padres, durante esos abriles vivieron con miedo, como casi todos los argentinos. Para mi quizás fueron los años más felices de mi vida y esa felicidad se las debo a mis padres. Debido a mi edad nunca me di cuenta de lo que realmente pasaba, a penas tengo vagos recuerdos de esos tiempos. Gracias a mis padres, que pudieron protegerme de toda la basura que rodeaba esos años, mi infancia transcurrió en absoluta tranquilidad. En esos días lo único que me preocupaba era que mis hermanos no me prestaban sus juguetes.

Durante la última dictadura tuve familiares exiliados, encarcelados y silenciados. No es algo que me enorgullezca contar, pero lograron que me identifique con esa época y sin conocer a Videla me hicieron odiarlo. Tantas muertes, torturas, asesinatos, tanto temor que vivieron los argentinos por culpa de unos dictadores sin escrúpulos, me hacen aborrecerlo aun más.

Mis valores y la educación católica que recibí durante mi infancia, aunque ahora este muy lejos del cristianismo, me impiden alégrame por la muerte de una persona, por más que haya sido el fallecimiento de este represor. Pero cada vez que leo, escucho o me cuentan historias sobre lo que se vivió en esa época, me hace entrar en conflicto con mis convicciones. Un amigo me decía que iba a descorchar un champagne cuando muera Videla. ¿Me pregunto si lo habrá hecho?

Sobre  Videla no puedo agregar nada más que no se haya dicho o se vaya a decir en estos días. Lo que sí puedo decir es que: hay un hijo de puta menos en el mundo; y el mundo, por desgracia, esta lleno de ellos.

Saludos, y mis respetos a todos aquellos que vivieron y subsistieron esa estación nefasta de nuestra historia llamada “Proceso de Reorganización Nacional”.

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APRENDIMOS SUFRIENDO

por Gonzalo Rodríguez

No me alegra ni celebro ninguna muerte. Sea quien sea el que muere. Como cristiano, dejo a Dios y solo a Dios la absolución o la condena final del alma de alguien. Con su cuerpo ya se hizo todo lo que se podía hacer: acusarlo, juzgarlo, encarcelarlo y verlo morir en prisión. De ahí en más ya es otro plano el que transita Jorge Rafael Videla, plano en el que, aunque quisiéramos, no tenemos competencia.

No tengo el dolor de aquellos que perdieron a algún familiar o persona amada en aquella locura de balas, tortura, desaparición y muerte que fueron los años de la dictadura, por lo que no intentaré intrusar ese sentimiento tratando de explicarles lo que se siente, lo que queda, lo que se fue, lo que se perdió, lo que se lloró, lo que se sufrió y cómo fue el después. Eso es patrimonio emocional exclusivo y excluyente de quienes padecieron, y de muchos que aun padecen, todo aquello. A los demás solo nos queda acompañarlos en su pena con cercanía de hermanos, pero con respetuosa distancia de ajenos. Por que sus desconsuelos no se pueden aprehender, ni sus angustias se pueden atrapar y hacer propias.

Podría escribir algo profuso en frases tales como “ojalá  haya sufrido”, “que se pudra en el infierno”, “que arda para siempre”, “Que tiren su cadáver los cerdos”, “Que en su lápida graben aquí yace un malnacido” pero, ¿y si los que tienen primeramente ese derecho ya perdonaron?; ¿si en lugar de que recordemos a los asesinos quieren que no olvidemos a los asesinados?; ¿si en vez de seguir maldiciendo un pasado dolorosamente irreversible quieren que nos apliquemos a un presente y un futuro maravillosamente feliz?. Escuchemos primero, hablemos después.

Una de las pocas cosas que quedaron en claro de aquellos atroces años es que nadie ganó nada y todos perdimos mucho. Algunos, todo. Por eso, agradezco a Dios que no me hayan arrebatado la vida cobarde e injustamente, por que habiendo escuchado, sabido y aprendido de todo lo que nos pasó, ahora estoy dispuesto darla libremente con tal que de que aquello no se repita nunca más.

Por el vacío de los que ya no están, y por el dolor de lo que quedaron.

http://youtu.be/onUcNNb0e38