por Hernán Solomin (*)

Ustedes seguramente me preguntarán dime ¿Qué se siente? y yo les inquiriría: ¿De ver cómodamente sentado, en el living de casa, por tv cómo estaba sonando la sirena en Tel Aviv y los cohetes eran interceptados en el aire? ¿De mirar en un programa televisivo argentino que solo se mostró un breve video sobre los ataques aéreos a población civil en Gaza más la “masacre” de cuatro muchachos palestinos? ¿Escuchar por primera vez la sirena antiaérea ante un ataque en tiempo real? ¿Ver en directo como la Argentina no salió campeón del mundo “como en el ’86” y al finalizar el partido escuchar que hubo disparos hacia el norte israelí más cohetes lanzados desde la Franja de Gaza? ¿Ver dos antimisiles en el cielo? O ¿de comprender que aun los ceses de fuego son temporales?

Los hechos que acontecen ahora eclipsan, por su inmediatez, a los cuales acaecieron hace un rato, unos días, una semana… Estarán un tanto ansiosos de leer ya mi veredicto a cada interrogante planteado unas líneas más arriba aunque solo les pido que mantengan la calma con paciencia pues en unas líneas más abajo cada pregunta tendrá su respuesta como expresa la canción.

Duele digerir que tres jóvenes –a uno de los cuales le gustaba  el tenis de mesa, a otro tocar la guitarra y a un tercero jugar a la carretilla en un campamento– ya no estén. Sí el llamado al 100 (central de emergencias de la Policía de Israel) que realizó uno de los muchachos dentro del coche –en la grabada conversación aparte de “nos secuestraron” se escuchan ruidos, voces en hebreo con acento árabe– no hubiese quedado ahí y se emitía un alerta por radio tal vez estaríamos hablando de otro hipotético final.

Los sospechosos de cometer el secuestro, asesinato aún continúan siendo buscados. A los terroristas les cabe la reclusión perpetua aunque muchos prefieran que al momento de encontrarlos se genere un enfrentamiento y resulten muertos. La misma pena deberá corresponderles, si la Justicia los declara culpables, a los detenidos por el rapto y asesinato de un joven árabe israelí al norte de Ierushalaim, Jerusalén, la capital.

El Jamas (acrónimo en árabe de Movimiento de Resistencia Islámica ¿Contra quién si gobiernan, poseen el control de todo el Territorio Autónomo Palestino de la Franja de Gaza?) y la Jihad Islámica han disparado en dos semana –aún continúan disparando– centenares de cohetes muchos de ellos interceptados por las baterías antimisiles Kipat Barzel (Cúpula de Hierro). Los demás cayeron, caen al azar pues no pueden ser disparados hacia un objetivo predeterminado. Calculan un rango de distancia a tal ciudad y los lanzan.

Israel, es similar en superficie a la provincia argentina de Tucumán, y en un país tan pequeño es difícil comprender, en el exterior, como la vida continua en una ciudad mientras en otra cercana está sonando la sirena. El sistema electrónico satelital de defensa detecta, calcula, ante el disparo de un cohete, a que ciudad, zona va dirigido o puede caer y allí solo suena la sirena antiaérea.

Uno no es indiferente a la tensa situación imperante aunque lo vea cómodamente sentado en el living de su casa por televisión mientras en el sur del país viven constantemente alterados por la caída de cohetes.

Las cuatro personas que murieron al pretender atacar Ziquim están encuadradas dentro de las reglas de un conflicto armado pues su objetivo fue una base militar israelí. El ataque con cohetes, morteros los realizan contra ciudades, kibutzim (aldeas cooperativas) o sea objetivos civiles. Quienes son atacados al salir de un túnel –construido en la Franja de Gaza y que traspasa bajo tierra la frontera– son personas armadas que pretenden atentar en Israel.

Esta diferencia y la realidad del conflicto la he comentado al ser entrevistado, vía telefónica, por los periodistas argentinos Jorge Lanata, Magdalena Ruíz Guiñazú, por Radio Mitre de la ciudad de Buenos Aires;  el locutor Juan José Citroni, de Radio Sol de la ciudad de Santa Fe; la periodista Verónica Ensinas de FM Universidad de Santa Fe; Melisa Stopansky de MDZ Radio y Gustavo Hierro, columnista de Radio Rivadavia.

Ver un distorsionado video en  el programa 3P del canal argentino  de cable América 24 me molestó y aunque haya permanecido en vano dos horas  despierto, el viernes 11 de madrugada aquí, esperando ser entrevistado, vía telefónica… más me enfadó que la productora me había confirmado la salida al aire la noche del jueves aquí, la tarde de allí y luego no me llamó para cancelarla y zeu, listo. Mejor, pues estimo que hubiese mantenido una tirante conversación con el periodista Rolando Graña.

La Fuerza Aérea israelí realiza ataques selectivos a objetivos –depósitos, lanzaderas de cohetes– ubicados en áreas pobladas por tanto, lamentablemente, hay víctimas civiles. Los túneles construidos debajo de la Franja de Gaza no fueron hechos para un tren subterráneo o una red de desagüe sino con la intención de almacenar armamento y poder infiltrar milicianos, terroristas para cometer un atentado en Israel.

El Jamas no protege a su población y gran parte de los palestinos que desean la paz, el bienestar –hace un mes se acordó en la Franja de Gaza un gobierno autónomo de tecnócratas para mejorar la economía, dar trabajo, asistencia social– no poseen la libertad de expresarlo o manifestarlo públicamente.

En Israel árabes que están en contra de los ataques a Gaza; judíos laicos, moderados que piden solo ataques selectivos al terrorismo o un alto al fuego ya! Y ortodoxos que desean “arrasar” con la Franja… se manifiestan libremente.

El ataque al edificio de la emisora de radio y Televisión Alá, del Jamas –aunque difundan propaganda pro bélica, de incitación al terror en vez de emitir como aquí consejos de protección civil ante el sonar de la sirena, la caída de un misil– es un atentado a la libertad de expresión, la vida de técnicos, periodistas sí allí no se almacenaron o desde allí dispararon cohetes hacia Israel.

El sonar de la sirena me sorprendió el domingo 13, a las 16:30 horas, al salir del edificio y caminar por la avenida hacia la esquina. Al momento dudé que hacer aunque rápidamente corrí al primer edificio de la cuadra que posee refugio. En el miklat, ubicado en el subsuelo, estuve conversando con los residentes que bajaron para protegerse– sobre la calma que uno debe poseer, la situación y le partido final del Mundial pues detectaron, por mi modo de hablar en hebreo, el acento argentino. Ah, me invitaron gustosamente a que regrese si, por mala fortuna, vuelve a sonar la sirena.

Esa noche la selección argentina quedó subcampeona aunque fue un muy buen merito haber llegado a la final del Mundial en Brasil.

El jueves 18 y el 25 solo sonaron las alarmas en la nueva área industrial comercial y en dos barrios del sur de Natania. En el centro –mientras en el sur de la ciudad corrían a los refugios– la mayoría ni se enteró y continuó con sus quehaceres.

El viernes 26 estaba en una reunión familiar cenando en el balcón de un séptimo piso. Oímos de fondo –por la FM 100 que pasó un tema musical– “sirena en Kfar Saba, sirena en…”. Yo les exprese: Están sonando aquí en Natania… no, que sí, que no… Al ratito vimos, a la lejanía hacia el sur, dos estelas de fuego ascendiendo y sus curvaturas en descenso. Me asusté aunque me avivé que se trató de dos antimisiles. Al ratitito escuchamos dos boom, boom… la interceptación de dos cohetes en la apacible noche.

Mi esposa un poquito se tensó y el resto de la familia –todos pasaron aquí la denominada Guerra del Golfo con el sonar de sirenas cada noche, la caída de misiles disparados desde Irak más el temor a que posean armamento químico– no se intranquilizó. Yo es la primera vez que vivencio el sonar de la sirena ante un ataque real. Ante un conflicto anterior, en un país tan pequeño, las sirenas sonaron solo en el norte o el sur y el centro estaba tranquilo.

Luego quedó la anécdota aunque me ha tensionado más ver cómodamente sentado en el salón de casa, frente a la televisión, como se interceptaron en vivo cohetes sobre los cielos de Tel Aviv, a tan solo treinta kilómetros de Natania. Al no estar mi esposa me agarró tal julepe –ante la posibilidad de tener que llegar a escuchar la sirena– que mis manos temblaron al escribir un artículo en la computadora.

Los ceses de fuego son solo temporales. Al finalizar la tregua humanitaria desde el Jamas y/o la Jihad Islámica se disparan cohetes contra Israel y el Ejército, la Fuerza Aérea realiza ataques selectivos

Y la Vida debe continuar a pesar de todos los sinsabores pues es Bella como lo demuestra la película del italiano Roberto Benigni que aquí se emite en cable y/o la televisión abierta el día del recuerdo al Genocidio nazi

Ojalá sean sensatos en alcanzar un acuerdo de alto al fuego sin pre condicionamientos para que podamos vivir tranquilos de un lado y del otro de la cerca, la frontera.

(*) Periodista Editor de Info Israel Magazine, Natania, Israel.