La situación de Milagro Sala es cada vez más complicada. Cada día que pasa se le suman causas que la podrían dejar un buen tiempo en la cárcel. Hace unas horas fue trasladada de la celda común de la seccional al penal de mujeres. La poderosa dirigente jujeña Milagro Sala, quien durante sus años de “reinado” violento las leyes eran de cumplimiento y respeto opcional de acuerdo a si la favorecían o le molestaban en sus “actividades”, tendrá que dar explicaciones en la Justicia.

Aunque los motivos de su detención son polémicos, trascendió que está acusada de los delitos de “instigación a cometer ilícitos y tumulto”, en respuesta a la decisión del gobernador Gerardo Morales de disponer un reordenamiento de la distribución de los subsidios a cooperativas con el fin de transparentar la entrega de ayudas financieras estatales.

Nada nuevo en el quehacer habitual de Sala: provocar tumultos, acampar intimidantemente y desafiar a quienes no se sometían a sus extorsivos designios, sitiar las sedes de los poderes legales hasta doblegarlos y obligarlos a acatar sus leyes de coacción que tan buenos resultados le diera, marchar amenazantemente para demostrar su poderío y así afianzar sus dominios.

Pero como todos sabemos, cuando los déspotas caen quedan liberados todos aquellos que durante años sufrieron la opresión, la injusticia y el despojo de sus derechos; los que estuvieron arrodillados se ponen furiosamente de pie; los que estuvieron en silencio por temor a perder sus beneficios, o mejor dicho lo que quedaba de sus beneficios luego de que una tajada les fuera arrebatada. Ellos son los primeros en levantar la voz y acusar a sus esquilmadores; los que acataban mansos y con la mirada baja son los que alzan la frente, recobran la dignidad y señalan a sus explotadores.

Numerosas filas del kirchnerismo, políticos y hasta algunos organismos de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional, pidieron la liberación de Sala. Pero ese pedido no bajo a las bases, se quedó en la superficie. Esos desangelados que ella aducía defender, no salieron a manifestarse, prefirieron el silencio. Por algo será.

En este caso no hay excepción a la ley de los abusadores caídos. Actualmente, muchas cooperativas que “adherían voluntariamente” a La Tupac, denuncian a los responsables de esta organización por el delito de retención ilícita de fondos y por manejo discrecional y fraudulento de los mismos. En sus denuncias dieron explícitos detalles de las operatorias delictivas de Sala y sus principales lugartenientes, y relataron que desde La Tupac se retiraban, en bolsas, inmensas sumas de dinero de los bancos. Que se apropiaban del dinero correspondiente a las cooperativas mediante el endoso de cheques, facturas apócrifas por montos de dinero que jamás llegaba a sus manos, y sobrefacturación grosera en las sumas reales que se entregaba a los cooperativistas, cuyo excedente pasaba a engrosar la fortuna de Sala. Así funcionaba la red clientelar que proponía la Tupac.

El concejal de la ciudad de San Pedro Leopoldo Basualdo, que era colaborador de Sala hasta que decidió abandonar el “acampe” de la Plaza Belgrano, también la denunció. El dirigente, que también es la figura de la cooperativa Manos a la Obra 2 dedicada a la construcción, comentó que jamás tuvo el control real de la organización que preside. Milagro Sala administraba directamente la adjudicación de obras y se encargaba a través de sus colaboradores del reparto del dinero enviado por el gobierno nacional.

Además de Basualdo, ocho testigos dieron fechas, nombres, montos y hasta copias de los talonarios de facturación que muestran el desmanejo de fondos de la diputada del Parlasur. Uno de los testimonios reveló que se llegó a facturar $ 2.700.000 y sólo recibió un 10% de ese dinero.

Ahora el gobierno de Morales advirtió que flujo de dinero destinado a la organización se cortará si no se registra en el plan de regularización y bancarización.

De acuerdo a las denuncias ante la justicia, quienes ejecutaban estas ruines maniobras eran el dirigente de La Tupac Javier Nieva, quien retiraba el dinero en bolsas y procedía al “reparto”, en complicidad con la diputada provincial por el Frente Unidos y Organizados (FUyO) Mabel Balconte, y la concejala de la localidad de San Pedro Marcia Sagardía del mismo partido, acatando el “criterio distributivo” dispuesto por Milagro Sala.

Además, también estarían muy complicadas las situaciones procesales de tres ex funcionarios del anterior gobernador, Eduardo Fellner. Ellos son Lucio Abregú, ex titular del Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy, Pablo Tolosa, vocal social del mismo organismo, y Marta Gutiérrez, jefa del Departamento Administrativo y Financiero.

Dejando de lado la rapidez mental y el esmero con que estos sujetos se entregaron a la labor de pergeñar y realizar estas millonarias estafas, quisiera poder entender como sobrellevan o soportan la ruindad humana de saberse explotadores de pobres. La conciencia de reconocer que, pudiendo ayudar a salir del hoyo de la miseria a muchos excluidos, prefirieron pisarles la cabeza para salir ellos y salvarse económicamente. Que tuvieron en sus manos los elementos para aliviar las penurias ancestrales de sus hermanos, pero eligieron darles los sobrantes de sus lujos.

Pienso que ya va siendo el tiempo de que la justicia argentina contemple un enorme y severo agravamiento de las penas para los que cometen este tipo de delitos, por la calidad de las personas contra quienes los cometen. Porque estafar a un banquero, a un empresario, o a un adinerado, tan solo provoca en esos damnificados una pequeña merma en sus patrimonios. Pero robar y defraudar a los pobres, es vaciarles la mesa y el estómago; es continuar carcomiendo su dignidad desgastada hasta el hueso; es prolongar el destino de vida inhumano que lleva ya generaciones tras generaciones; es azotarlos, días tras día, en las llagas mismas.

Ojalá a Milagro Sala y su banda pudieran juzgarla y condenarla los mismos humildes que padecieron sus furias, maltratos y explotaciones. Esa sería verdadera justicia, porque solo ellos comprenden y guardan patentes los dolores, las humillaciones, y las privaciones que sufrieron a manos, justamente, de aquellos que tuvieron los recursos y el poder para auxiliarlos y enaltecerlos como seres humanos.

Pero ya todos sabemos lo que es la justicia en nuestro país, por lo que pronto veremos a Sala y su cúpula delictiva en libertad, narrando la injusticia de haber padecido detención, denunciando que todo lo que se dijo es mentira y parte de una campaña de desprestigio en su contra.

Mientras, los pobres seguirán con la mano extendida y la mirada vencida, esperando todo aquello que nunca les llega porque se pierde en ciertos “atajos” del camino.

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