Veo que en Argentina algunos métodos terroristas utilizados por la policía para reprimir siguen estando presentes. Esas prácticas que eran empleadas en las décadas del 70 y 80 durante la dictadura militar quedaron enquistadas en las fuerzas policiales de nuestro país. Cuesta que se vayan. En Argentina se siguen deteniendo personas en la vía pública sin que hayan cometido ningún delito. Tal cual como ocurría en la dictadura.

Mientras la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en cadena nacional, hablaba sobre la cantidad de Derechos Humanos obtenidos por el pueblo argentino durante estos últimos 12 años, en Entre Ríos, a tan solo 494 kilómetros de Plaza de Mayo (lugar donde se encontraba la presidenta), el periodista Lucas Carrasco era tirado al suelo, golpeado y esposado por dos oficiales de la ciudad de Paraná. Quedó detenido bajo los cargos de “disturbios y ebriedad”, una contravención que no existe en dicha provincia.

Resulta por lo menos paradójico esta imagen.

Mientras en Argentina se bajan cuadros de dictadores se siguen permitiendo hábitos de la policía que nos siguen recordando esa época.

Pero el accionar cuasi mafioso de la policía de Sergio Urribarri tendría un motivo. Según denuncio en su cuenta de Twitter Lucas Carrasco, esta actitud policial se debe a que el periodista vinculó a Mauro Urribarri, hijo del gobernador, con una red de trata en Concordia.

En algunas provincias seguimos viviendo en el peor feudalismo donde la ciudadanía está sometida por la clase dominante. Seguimos viviendo en esa época donde los políticos son intocables y los que se animan a denunciarlos son perseguidos, torturados, hostigados y hasta encarcelados. Meten miedo para seguir manteniendo su nivel de corrupción y de delito.

Señores gobernantes, el pueblo argentino no quiere vivir más en esos tiempos, en los que se persiguen y amenazan periodistas. Hagan algo.

El descargo de Lucas en Twitter