Desde el encarcelamiento de Milagro Sala, se han venido sucediendo una serie de apoyos, alientos y exigencias de liberación inmediata que no sorprenden en lo absoluto.

No sorprenden para nada, pero no porque pudiera haber justicia en el “aguante” y el pedido de libertad para Sala, sino por quiénes son los destacados y reconocidos (no precisamente por probos y transparentes) protagonistas de éstas muestras de solidaridad.

A Sala le continúan apareciendo irregularidades y delitos gravísimos a medida que la justicia escarba en los manejos de su organización social a lo largo de estos años, y en cada testimonio que recibe de gente que padeció su yugo y estuvo a su lado durante su era de poder total.

Compra de autos de alta gama; propiedades majestuosas; retenciones millonarios de fondos a sufridos cooperativistas; facturación por obras nunca realizadas; sorteos de automóviles cero kilómetro cuyos ganadores siempre resultaban ser amigos, colaboradores o cercanos suyos; retiro de toneladas de dinero en efectivo desde bancos, sin justificación del destino de esos fondos; palizas disciplinadoras a sus propios seguidores y sometimiento humillante para todos aquellos que pretendían percibir algo de lo mucho que el gobierno anterior le enviaba; amenazas de muerte e intimidaciones muy violentas, y otras yerbas que quedan como minucias, anécdotas, ante la gravedad de los delitos antes mencionados.

Hoy, Milagro Sala tiene “a su favor” un ejército de defensores que parecen más movidos por un corporativismo de corruptos que por el ansia de verdad y justicia. Y es que averiguar los antecedentes de vida, las actuaciones políticas y personales de los que claman por Sala, no revela lo que en realidad defienden.

No es que defiendan la injusta detención de la líder de la Tupac. O que pretendan un tratamiento justo para Sala. O porque estén convencidos de la inocencia de Sala y breguen porque se sepa la verdad. No, estos paladines de la libertad actúan en defensa propia, saben que al amparar a Sala están amparándose ellos mismos por sí en algún momento les llega el turno de estar en su lugar y tener que rendir cuentas.

Agustín Rossi, quien hizo nombrar a su hija Delfina Rossi, con 24 añitos, en el directorio del Banco Nación, con un sueldo de $ 80 mil, a pesar de que había falseado escandalosamente su CV incluyendo una maestría que jamás obtuvo.

Luis D´Elía: quien como “dirigente social” lleva una vida muy al estilo Sala, de líder rico y seguidores pobres. Que hizo nombrar a sus hijos, que ni siquiera tienen sus estudios secundarios terminados, en la Anses con sueldos de más de $ 30 mil.

Diana Conti, quien designaba asesores a su cargo en el Senado de la Nación, pero a fin de mes les retenía un porcentaje en comisión por haberles conseguido trabajo, que reivindica los genocidios de Josef Stalin, y cuyo marido estuvo involucrado en una causa por comercialización de medicamentos adulterados.

Andrés “El Cuervo” Larroque, cuya carrera política tiene como única base el ser amigo de Máximo Kirchner; que hizo echar de la TV Pública al periodista Juan Miceli por haberse atrevido a cuestionarlo; que posó con el cartel que decía “Ni una menos”, pero llamaba, a los gritos, atorranta a una colega diputada.

Fernando Esteche, el marxista financiado por regímenes foráneos violentos; que desafía la doctrina y vive como un burgués de Barrio Norte, y cuyos “argumentos” políticos y de militancia son el palo, la gomera y el pasamontaña.

Víctor Hugo Morales, el Nac&Pop de Avenida del Libertador, el proletario asiduo visitante de Europa y Estados Unidos, el villero frustrado, el millonario que todas las mañanas alegraba a los laburantes relatándoles lo afortunados que eran de ser pobres en Argentina y no en uno de esos malditos países capitalistas y gobernados por la derecha.

Ver los antecedentes de quienes interceden por Milagro Sala no sorprende ni asquea a nadie. Más bien confirma que los de la misma especie se agrupan cuando advierten peligro.

En fin. Estos apoyos son un claro “hoy por ti mañana por mí”, y bien podrían llevar por lema “Paremos esto, porque los próximos somos nosotros”. Ojalá así sea.