por Francisco Galíndez

repre-borda

Primer pucho de la mañana, leal compañero de pensamientos y escritos consecuentes, el café ya está frío pero lo tomo igual, nunca fui un exquisito. El finde estuvo lindo, sirvió para descansar un poco, compartir con la muchachada adicta la pelea de Maravilla, mirar una peli en DVD trucho y desinhibirme con las grasas saturadas, pero no fue únicamente un aquelarre de excesos, también fue un espacio de tiempo para reflexionar un poco sobre los sucesos y sus repercusiones de la semana anterior.

Tras la divulgación del bochornoso video del actualmente muy nombrado Ministro de Economía, me salió el Sherlock Holmes de adentro y monté una interesante hipótesis sobre lo que realmente le ocurrió al pobre Hernán durante la entrevista con los suspicaces helenos.  Allá por Diciembre de 2012, entre brindis y brindis pre navideño, Lorenzino aprovechó la bebida financiada por el ANSES y empino el codo como si no hubiera un mañana, llegó tarde a casa, se comió los reproches de su mujer, se durmió con la ropa de trabajo y al día siguiente no hubo alikal ni migral compuesto que le devuelvan la lucidez. La soberbia resaca se mostró indiscreta al momento de la entrevista con la televisión griega. El ministro intentó inútilmente evadir las filosas preguntas sobre el índice inflacionario de Argentina pero las indagaciones incómodas continuaron sin piedad. Lorenzino, al mejor estilo Homero Simpson con el benzoato de potasio (ver capítulo 3 de noche de brujas), atinó solamente a desvanecerse en la inercia del silencio, esperando que algún ovni extraterrestre lo teletransportase al otro lado del mundo, lejos de las cámaras y lejos de Eleni Varvitsiotis, quien evidentemente la noche anterior se quedó trabajando hasta tarde y no pudo tener sexo con su pareja, así pues arrancó su día sin café caliente, con el peor de los humores y la mas apática actitud para con el aturdido ministro.

No es que lo banque a Lorenzino, sino que para no amargarme el resto de la semana, prefiero hacer como los católicos fanáticos cuando los increpan por ejemplo con la inquisición, y creer que su deshonroso desenvolvimiento ante preguntas sensatas que refieren pura y exclusivamente a su gestión, fue consecuencia de los efectos colaterales de una espléndida noche de buena joda, y no que es otro funcionario incapaz e ineficiente y que carece rotundamente de las aptitudes idóneas para llevar a cabo la administración de la economía del país. Cristina igual no se preocupa, si Hernán renuncia hay varios candidatos para el puesto y Axel Kicillof se está relamiendo desde el Viernes pasado.

La Cámara de Diputados finalmente aprobó la reforma Judicial, la segunda media sanción dio lugar a la aprobación de la ley para éste Miércoles. El cielorraso de la oficina de la presidente quedó repleto de agujeros provocados por los corchos de los Navarros Correas, el que se disparó de la botella de Julio De Vido hizo blanco en el ojo de Aníbal Fernández pero no pasó a mayores, la ART cubrió los daños y lo indemnizó dignamente. La oposición por otro lado también acribilló los techos pero con casquillos encamisados del 38 y 22, algunos por cierto con punta hueca, ya que dentro de poco la Sociedad Rural, el PRO y los cuatro jinetes del apocalipsis (léase Apocalipsis 6:2, 6:4, 6:5 y 6:8 del manual de la Coalición Cívica), harán estallar la fuertemente armada revolución en contra del ahora hegemónico poder de la DiKtadura.

Así es, rebelión contra las desproporciones, contra las embestidas inconstitucionales, contra la corrupción, y por qué no contra la represión también. De una película italiana contemporánea, muy buena dicho sea de paso, recuerdo las siglas A.C.A.B. (All Cops Are Bastards o en cristiano Todos Los Polis Son Unos Bastardos), se popularizaron en Inglaterra por un grupete de música punk de medio pelo y la frase se diseminó luego por todo el mundo. ¿Por qué las rememoro? Porque hace unos días vimos en vivo y en directo la represión de la policía metropolitana en el hospital de salud mental José Borda en la ciudad de Buenos Aires. Médicos, empleados, familiares y hasta pacientes se manifestaron en contra de la demolición de un taller terapéutico artístico para dar lugar a la construcción de nuevas cocheras para el hospital. Las imágenes y videos de lo ocurrido no censuraron nada, todos vimos todo lo que pasó, hoy no se necesita escuchar versiones de distinto tenor para sacar una conclusión objetiva, hubieron manifestantes e infantería, hubieron ciudadanos y fuerzas de seguridad, hubieron débiles y fuertes, inocentes y culpables.

El poder manifestarse es un derecho constitucional, si si, ya sé que en Argentina es un derecho que se violó mil y un veces y que eventualmente se sigue violando, pero necesito recordármelo siempre para evitar que la recurrencia del atropello algún día me convierta en un impávido borrego que solo se preocupa por el match del Domingo. Y Macri ¿qué onda? Ninguna como de costumbre, defendió lo indefendible y abogó por dos oficiales “heridos de gravedad”, uno de ellos con esguince en la muñeca derecha, consecuencia de descargar incansablemente su bastón antimotín sobre la cabeza de un vil manifestante y otro con politraumatismo de nalga izquierda provocada por una caída al pisar el celofán del chocolate que se había comido minutos antes de la gloriosa y honorable embestida policial. Pero ahora que pienso bien, el jefe de gobierno porteño tiene toda la razón, debemos defender a los que nos defienden, las fuerzas policiales nos protegen de la basura de la sociedad, como ladrones, asesinos y manifestantes, aparte “ellos solo recibieron órdenes y debían cumplirlas”. Esa es la frase que escuche de todo argentino fascistoide, es el típico manojo de palabras que insultan la inteligencia de uno cuando se quiere justificar un acto bestial, es por antonomasia el argumento más bajo que hay, pero tristemente lo sigo oyendo al día de hoy.

Puedo entender, mas nunca compartir, que un aristócrata ultraderechista como Mauricio Macri y todo su gabinete SS, junto con Chaín, Montenegro y Giménez entre otros, dieran la orden de reprimir al gentío indignado sin que se les rompa la galleta que ungían de mermelada bajas calorías, con el mayor de los sosiegos, sin más preocupaciones que el regalo que le pensaban comprar a la futura reina Máxima de Holanda. No me sorprende en absoluto, pero hay algo que muchos no tienen en cuenta, y aunque controversial es una verdad irrefutable: la responsabilidad de los que blandieron bastonazos y dispararon balas de goma contra ciudadanos desarmados, contra médicos, pacientes y periodistas. Sin ánimo de derrapar con mi juicio sobre el accionar de las fuerzas durante las dictaduras (verdaderas dictaduras militares), no termino de entender por qué al día de la fecha, durante una democracia, un ciudadano entrenado para la defensa de la sociedad, provisto de armas y cargado de responsabilidad general descarga su fuerza bruta sobre otro ciudadano, carente de todas las características antes mencionadas, porque “se le da una orden”. No es una cuestión de idealismo hippie, sino una cuestión de criterio, de ética, de responsabilidad. Y me carcome el cerebro una pregunta que redunda cada vez que suceden cosas por el estilo: ¿Qué tan absurda, pueril, sistemática y torcida, aunque hondamente eficiente, es la instrucción que reciben las personas que ingresan a las fuerzas?

No insinúo que se debe democratizar el sistema jerárquico de las fuerzas armadas y de seguridad, hay cosas que funcionan de una sola manera, pero el primer deber de los hombres uniformados es la preservación del bienestar y la seguridad de la sociedad, el primer edicto es proteger al ciudadano y no molerlo a palos durante una manifestación porque un pelotudo le da la orden, así sea el mismísimo Dios quien dictamine. Finalmente, tanto Macri, como los jefes de la policía metropolitana, como todos y cada uno de los animales que golpearon a las personas que se oponían a la medida cuestionada, deben ser denunciados, juzgados y condenados, tanto los que dieron las órdenes como los que actuaron sin pensar por un segundo si las mismas eran inconstitucionales, inmorales y hasta ilegales. Se me acabaron los puchos, me voy a comprar. Saludos desde el ocio cibernético.

SEPULTURA – C.I.U. (CRIMINALS IN UNIFORM)