por Martín Rodríguez

El jueves 25 de abril en horas de la madrugada comenzó a circular este video (a esta altura me imagino que todos ya lo deben haber visto) que en un par de horas contaminó las redes sociales y se volvió lo más popular de la semana.

Ay ay ay, Hernán! vas a pasar a la historia como el tipo que se quiso ir. Como el tipo al que se le aflojaron las piernas por una pregunta tan sencilla como obvia. Esta reacción de Lorenzino me deja muchas dudas sobre el potencial de nuestro ministro de Economía. ¿Qué capacidad de acción para dirigir un ministerio y el rumbo económico de un país puede tener una persona que se incomoda de tal manera? O ¿son dos cosas que no tienen nada que ver? El tiempo será el encargado de contestarme esas preguntas.

Pero volvamos al video. Eleni Varvitsiotis (conocida popularmente como la periodista griega) empezó con un pregunta que a primera vista parecía muy fácil de contestar: “Tengo una pregunta muy simple para usted, que en estos tiempos que corren parece bastante complicada: ¿en cuánto estima la inflación actual en la Argentina?”, dijo. Pero para Lorenzino no fue nada simple. Se puso tan nervioso que no respondió exactamente lo que le habían preguntado: “Las estadísticas oficiales registran mes tras mes la inflación y esa es la única inflación posible, la única oficina pública encargada y con capacidad técnica para medir cualquier estadística, depende del Ministerio de Economía”, contestó (ahí empezamos a darnos cuenta de que esto iba a terminal mal, muy mal).

Así que Eleni, como buena periodista, insistió sobre el tema y repreguntó: “Sí, ¿pero cuánto cree que es?” Lorenzino la miro, dudó un rato y finalmente contestó: “Creo que el acumulado de los últimos 12 meses es el 10.2, me puedo estar equivocando en alguna décima”, finalizó. En ese instante Lorenzino era una bomba a punto de estallar.

Eleni olió sangre, se dio cuenta de la incomodidad del ministro y fue por la estocada final: “En diciembre el FMI dijo que impondría sanciones a Argentina por estadísticas erróneas ¿Qué piensa hacer al respecto?”. En ese minuto Lorenzino fundió biela e intentó una respuesta, pero no pudo: “Mire, le vuelvo a repetir, creo que…”. El ministro de Economía murmuró, se quedó callado un segundo, abrió los ojos, miro para atrás, como aquellos futbolistas que miran al técnico pidiendo el cambio, pero a sus espaldas no había nadie para remplazarlo y dijo: “¿Puedo cortar esto?, sorry”. Y ahí fue cuando explotó.

El ingenuo ministro sin darse cuenta de que el micrófono aún grababa vomitó la frase del año “Me quiero ir”. Esas fueron las últimas palabras que salieron de la boca de Lorenzino. Para completar esta escena bizarra, propia de una película de Álex de la Iglesia, otra persona, una mujer, se acercó a la periodista griega y continuó con la bobería que había iniciado el ministro: “Hay un tema que quizás es difícil de entender para alguien de afuera. La verdad es que hablar de la inflación cuando nosotros no hablamos ni con los medios argentinos de la inflación”. Por el amor de Dios, ¿en qué momento se le cruzo por la mente a esta mujer, que dar esa respuesta iba a ser una salida victoriosa?

Eleni Varvitsiotis, la nueva heroína de la clase opositora al gobierno nacional, envalentonada por la situación no se quedó callada y salió a dejar en evidencia al ministro y a su asistente en esta escena grotesca: “Pero es el primer tema de la economía, en la calle dicen que hay mucha inflación”. “No es posible que yo no pregunte esto. Sería como no hacer mi trabajo”, agregó. En ese momento me levante de la silla y empecé a aplaudir a Elena en nombre de todos los periodistas de Argentina que hace años que no podemos preguntar.

El derrape del ministro de Economía ante la pregunta de la periodista griega originó cientos de comentarios en Twitter que fueron más sanguinarios que un ataque de las mortíferas abejas africanas. Los hashtags “Lorenzino”, “#MeQuieroIr” y “Ministro de Economía” se ubicaron rápidamente como Trend Topic en Twitter y duraron varios días. Veamos que paso.

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1 COMENTARIO

  1. Este terrible “complique” mental que se traduce en un derrape lingüístico es la prueba clara de que ni ellos se creen las mentiras del Indec. Por que un fabulador o un mentiroso convencido de sus mentiras te contesta rápidamente y con seguridad, ya que para él su mentira es la verdad. Hubiese sido mucho más triste o enervante escuchar una respuesta a la pregunta “¿Cuál es el índice de pobreza?”, por que ahí hubiese estado negando la existencia de muchas personas, argentinos, prójimos, o como se les quiera llamar.

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