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por Gonzalo Rodríguez

Qué singulares y raros somos los argentinos. Pareciera como que debemos llamar tragedia a los hechos desgraciados solo cuando involucran muertes. Y si son muchas, con más razón.

Digo esto a propósito de la colisión entre dos trenes de la Línea Sarmiento, a la altura de Zapiola, en la localidad bonaerense de Castelar.

Pero haciendo un análisis de los hechos conexos a esta tragedia, por que lo fue, veremos que hay cientos de tragedias inclusas o anexas, como se quiera, en esa misma tragedia, que tal vez se nos pasan por alto en el fragor de la noticia y por la velocidad con que la información se va renovando y actualizando.

A la tragedia del choque, la muerte, el horror de los pasajeros, sumado al pánico y la incertidumbre vivida por familiares, amigos o conocidos de personas que viajaban en los trenes y que desconocían la suerte corrida por estos últimos, le preexistió con décadas de anticipación la tragedia de la corrupción.

Y es que durante muchos años el transporte ferroviario-esencial para el desplazamiento de masas trabajadoras- fue descuidado, utilizado como agujero negro por donde se esfuman millonadas de dinero del estado, y como negocio de empresarios amigos que contabilizan a los que hacen uso de ese medio con el impersonal término “usuario”: cientos de usuarios; miles de usuarios; millones de usuarios. Cuantos más usuarios, mejor, así se puede exigir al estado mayores subsidios para “atender las demandas” de esos millones de usuarios.

Pero la calidad nunca llega; la seguridad nunca se concreta; la renovación nunca se realiza; la comodidad sigue pendiente; la modernización continúa muy lejana de nuestras vías.

Es que en su codicia, su perversión moral y su aridez humana, estos “empresarios” son incapaces (amén de no interesarles en los más mínimo) de ver a las personas, a nuestros conciudadanos, nuestros compatriotas, como otra cosa que no sean una cifra, un número que deben engordar para poder acceder a mayores montos de subsidios.

Tal vez por eso no entiendan la bronca de los argentinos cuando ocurren estas cosas. Por que para ellos fallecieron tres usuarios, pero para nosotros murió un padre de familia que iba a su trabajo por que deseaba progresar y ser mejor; un niño que tenía sueños de futbolista, y una madre que besó a sus hijos antes de salir y les prometió volver por la tarde.

Y una de esas otras tragedias anexas es la tragedia de Luis D´Elía insinuando, mientras en los vagones aun se escuchaban los gemidos de dolor de los heridos, que tal vez se tratara de un sabotaje cometido por operarios de la línea o de algún gremio no afín al gobierno nacional, con la intención de dañar la imagen política del ministro Randazzo que sonaba como candidato para las próximas elecciones. ¡Gusano, energúmeno, basura!.

La tragedia de muchos políticos carroñeros especulando con que, como la tragedia fue en territorio bonaerense, entonces la culpa es del gobernador Daniel Scioli, pero como el servicio de trenes de la línea Sarmiento está bajo la administración del estado nacional, entonces la culpa es de la presidente Cristina Fernández. Con lo cual suspiraban aliviados de que esta tragedia en proximidad de comicios no rozara a sus pollos Massa, Macri…..

La tragedia de Randazzo, intentado ganar tiempo y usando eufemismos tales como “siniestro” y “accidente”,para evitar que de su boca saliera la palabra “tragedia”, lo que implicaría asumir su culpa.

La tragedia de algunos medios de comunicación que, trasmitiendo desde el lugar mostraban a todo el país la desesperación de los sobrevivientes y la angustia de los que se acercaban, intentando magnificar intencionadamente el desastre ocurrido entre dos “estatizados” trenes.

La tragedia de ciertos cronistas que merodeaban entre los hierros, husmeaban en los pasillos de los hospitales, y entorpecían el trabajo de bomberos y médicos en busca de sangre, dolor, llanto, bronca y acusaciones para hacerlos llegar a nuestros hogares en vivo y en directo, y para que todos sepamos “de lo que es capaz este gobierno nacional que no cuida a sus ciudadanos, y que solo piensa en ellos para las elecciones”.

La tragedia de otros medios y programas, desde donde se intentó minimizar el hecho y echarle las culpas a un pasado de desinversiones, olvidos, corrupción y malos manejos. Claro está, que se trata de un pasado del que los actuales gobernantes son ajenos; un pasado en el que solo tuvieron injerencia a favor del bien; un pasado en el que solo se los registra luchando contra la injusticia y buscando la verdad.

La tragedia de los políticos opositores que salieron a buscar cámaras de televisión y micrófonos donde expresar su indignación hacia el gobierno nacional que mata todos los días a argentinos inocentes…………y de paso recordarles a los televidentes que en las próximas elecciones serán candidatos por tal o cual lista, que va aliada con tal o cual fuerza. ¡Indignos, malnacidos, buitres!.

La tragedia de los posteadores anti K de las redes sociales, que importándoles poco y nada las pérdidas humanas agregaron comentarios de odio, desprecio, insultos y demás barbaridades hacia la presidenta, el ministro y los funcionarios del área de transporte, como si sus insultos fueran un bálsamo que cura y da paz a los afectados.

La tragedia de los posteadores K, que contestaron esos insultos con más insultos; que al odio agregaron más odio, y que poco faltó para que dijeran, en defensa del gobierno nacional, que mientras los trenes eran administrados por empresas privadas morían de a 52 personas (Once), mientras que ahora que los maneja el estado solo mueren de a tres.

Y estas tragedias “parirán” otras tragedias en los días que siguen, por que continuarán las notas, los reproches, las culpas, las defensas, los insultos, el odio, los lavados de mano, las explicaciones ridículas y vergonzosas, las acusaciones oportunistas y electoralistas, los pedidos de justicia, las promesas de investigación y castigo…….

Hasta que un día nos despertaremos anoticiándonos de otra tragedia. Entonces dejaremos de lado todo esto; nos olvidaremos de aquel padre de familia, de aquel niño con sueños y de aquella madre que prometió volver, y tomaremos los nombres de los nuevos muertos, a los nuevos culpables de la nueva tragedia, el nuevo escenario del nuevo desastre, y reiniciaremos una nueva ronda de nuevas tragedias.

A veces creo, sincera y dolorosamente, que la única tragedia somos nosotros, los argentinos, y que todo lo demás son solo avatares de la existencia.