Crítica a 300: el nacimiento de un imperio

Los amantes del cine lo saben bien, las secuelas son generalmente malas, y las pocas que no lo son no llegan a superar a la original. Es como una condena congénita, una maldición recurrente que recae sobre las continuaciones, salvo casos extraordinarios que no se pueden explicar, como las emblemáticas Terminator 2 de James Cameron o The Dark Knight del soberbio Chris Nolan, que no solo superaron las expectativas sino que hicieron palidecer a sus predecesoras.

En síntesis, todo productor, guionista y director, así también como los actores, al momento de embarcarse en una secuela arriesgan mucho, traducido eso en dinero y reputación.

El caso de “300: El nacimiento de un imperio” es excepcional también, como un indulto a la pena máxima, que si bien no supera a la progenitora, no cae dentro de la bolsa de secuelas malas ni mucho menos.

En ésta segunda entrega, el genial Zack Snyder (guionista y director de 300) solo se limita a escribir el guión, y le deja el resto del quilombo al iniciado Noam Murro, que con solamente un film en su currículum demostró estar a la altura del desafío.

El novato israelí mantiene muy bien la estética y esencia de la primera parte, casi como una copia calcada del estilo Snyder, quizás porque todavía no encontró el suyo y no se quiso arriesgar, pero no lo hizo nada mal.

Hay que tener en cuenta que ambas películas están basadas en una novela gráfica, y no en la historia en sí de las guerras médicas, por lo que “300: El nacimiento de un imperio”, no es una película que todo ser humano pueda disfrutar. Pero quienes aprecian las obras de Miller no quedarán desilusionados.

Con pequeños altibajos la película se desarrolla sin tropiezos, con soberbias batallas navales, personajes bien caracterizados, una fotografía magnífica, efectos excelentes y muy muy muy mucha sangre y violencia, como para no olvidarnos que es la firma de la saga. Si bien el rol protagónico de Themistocles no derrocha carisma, quizás porque el mismo Sullivan Stapleton no lleva esa aura, la bellísima Eva Green equilibra la balanza, devorando nuestra atención en cada una de sus escenas.

“300: El nacimiento de un imperio” tiene todo lo que debe tener para disfrutar del género, una secuela con coronita, que no deja para nada un mal sabor en la boca, sino que hasta nos quedamos con ganas de más, porque inclusive nos encontramos al final del film con unos prometedores puntos suspensivos.

Píntalo de rojo Zack, y obséquianos una tercera parte.