De todas las cosas que tienen las producciones hollywoodenses, entre buenas y malas, siempre rescato que funcionan con un efecto análogo al de las leyes de la termodinámica. La energía no se pierde, se transforma y se conserva. Explotan un género durante un tiempo, hasta que los espectadores se aburren, cuando eso sucede cambian radicalmente el tópico, y lo visualmente novedoso evita que queden butacas vacías.

Pero a ésta altura del partido ya vimos casi todo, y digo casi porque uno nunca sabe cuándo va a surgir una productora, un guionista y un director que nos sorprendan como antaño lo hicieron. El tema es que cuando Hollywood se queda sin ideas nuevas apunta a lo vintage. Remakes, remasterizaciones, director’s cuts, viejas temáticas, todo sirve para llenar la sala de espectadores y los bolsillos de billetes.

El cine wester, los dramas biográficos, el cine gore y terror juvenil por ejemplo, todas recetas de la abuela que se reinventaron desde el 2000 con viejos y nuevos personajes. Ya vivimos también la época de películas basadas en sucesos bíblicos. La pantalla grande nos ahorró semanas de lectura inentendible y mística con la historia de Jesús, José, Abraham, Salomón, Pablo y Jesús nuevamente, unas seis o siete veces más.

Y no es para menos, con un 80% de la población mundial creyente, en lo que sea, el cine religioso cotiza mejor en la bolsa que los títulos de deuda pública de Alemania, es inversión segura. Si no me creen le pueden preguntar a Mel Gibson qué tan mal le fue con La Pasión de Cristo allá por el 2004.

Las novedades de éstos últimos meses fueron Noé (Noah) y Exodo: Dioses y Reyes (Exodus: Gods and Kings), que si bien la segunda todavía no se estrenó se puede apreciar el tráiler desde hace varias semanas en varios sitios de internet.

Voy a sincerarme con el lector: no soy para nada una persona devota, ergo, cualquier película cuyo argumento sostenga siempre un mensaje evangelizador y moralista me resulta empalagoso y finalmente aburrido. Sí, ya sé, soy pagano y mala persona, me lo dicen siempre.

El caso es que no pude sostener esa actitud con el genial Darren Aronofsky, porque es un director de cine de muy alto vuelo y casi la totalidad de sus obras son de culto. Entonces Noé, la última película del newyorkino, más allá de la historia, me generó muchas interrogantes. Después de verla, la puedo describir como una lluvia de sorpresas, simplemente porque nada de lo que vi encajaba en el marco de mis expectativas, llámese prejuicio. Sí, ya lo sé, también me lo dicen constantemente.

La película puede llegar a ser un tanto tediosa si se la ve sin animosidad crítica, pero desde una perspectiva más detallista se desglosa en tres partes, alguna más interesante que otra:

La primera, la situación de Noé. Protagonizado por un Russel Crowe encasillado en su eterno rol de bonachón patovica, un poco de su vida cotidiana, su familia y todo el mambo moral sobre los designios del Supremo Creador. No es la parte más llamativa de la película, de hecho hay poco que rescatar, salvo una muy buena fotografía, con escenarios desolados hasta la desesperación, y una magnífica Jennifer Connelly que, así vista harapos y tenga el pelo sucio, está más buena que comer pollo con la mano.

La segunda parte, cuando se va todo al caño. Hombres malos, hombres buenos, ángeles caídos iguales a transformers (¡posta!), mucha agua y una pequeña pero sugestiva dosis de acción. Entiéndase que Noé no fue santo ni profeta, solo una herramienta de Dios, o al menos eso es lo que nos muestra Aronofsky durante todo el film. Buenos efectos especiales y dramatismo justo.

La tercera y mejor parte, el quilombo familiar tras el quilombo del mundo. Es justo aquí donde hago un pequeño paréntesis y comento que, si hay algo en lo que el muchacho Darren se luce majestuosamente en todas sus películas, es en mostrar sin tapujos y los piantes y las miserias de los personajes. No hizo excepción en ésta película. Los dramas devenidos de la confluencia moral de Noé: lo que está piola para Dios y lo que quiere o puede hacer de verdad, son el más rico bocado del film. Contar más sería un desatinado spoiler.

Resumiendo puedo decir sin lugar a dudas que la película tiene de todo un poco, y, aunque no se saca buen partido de la mezcla de géneros drama-acción-fantasía-bio, el director se desenvuelve como pez en el agua con lo que sí sabe hacer, exponer el peor bajón de cada protagonista. Darren jugó ésta vez con fuego, o mejor dicho con agua, pero al parecer el Supremo Creador le guiñó el ojo a él también, y la película da lo suficiente como para no morir en el diluvio del fracaso.

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Trailer oficial