El funcionario renunció ante sospechas de contrataciones irregulares durante su gestión frente al Instituto Provincial de Vivienda.

por Francisco Galíndez

Qué puedo decir, hermosa mañana de Martes, con cafecito caliente para mitigar el frío, resolana prometedora, cigarrillo al efecto y funcionarios inescrupulosos que dimiten de su cargo. Coronaría el medio día con ravioles de ricota y budín de pan, pero creo que es mucho pedir, teniendo en cuenta la predisposición que tiene mi esposa para la cocina cotidiana.

Quiero dejar en claro que me preocupa sobremanera la problemática del desempleo, pero voy a ser sincero con ustedes, estimados lectores. Un regocijo orgásmico se apodera de mí rayando la satisfacción sádica, al saber que el titular del IPV renunció a su cargo seguido por director de seguimiento de contrataciones. ¿La razón? La conoce todo el mundo, son corruptos. Si, CO-RRUP-TOS, ¿les quedó claro?

A ver, repasemos un poco. El año pasado metieron la pata con las preadjudicaciones de casas en el barrio Lomas de Medeiros. Fondos provinciales y estatales para edificarle un techo más a la crème della crème salteña. La lista fue bochornosa, la gran mayoría conocidos, amigos y/o familiares de funcionarios de turno.

Semanas atrás la volvieron a embarrar con los créditos PRO.CRE.AR., orientados a la construcción de viviendas para ciudadanos que carecen de posibilidades de conseguir una casa por cuenta propia. Puede que los funcionarios beneficiados hayan sido favorecidos por el destino y no por maniobras de algún colega, pero declararon sus terrenos por cifras mínimas, siendo que en cualquiera de esos formidables lotes podría uno jugar los 18 hoyos con el Gato Romero.

Con el paso de los días las aguas parecieron serenarse, pero evidentemente fue la calma que precedió a la tormenta. Desde muy temprano en la mañana, hoy recorrieron por muchos medios salteños, la novedad sobre la renuncia de Fernando Alesanco y Matías Fleming, ambos responsables directos de las contrataciones sin garantías, sin proyectos y sin licitación previa a empresas, íntimamente relacionadas con los funcionarios en cuestión, para la realización de obras varias, valuadas en cifras de hasta siete dígitos, muchas de las cuales quedaron inconclusas y otras tantas ni si quiera iniciaron.

Entretanto, el atormentado Gobernador hasta ahora no asomó la cabeza, y lo único que se sabe del gabinete de don Juanma es que el reemplazo de Alesanco no es ni más ni menos que el archipopular diputado por el FP, Don Matías “no solo la gente de bajos recursos tiene derecho a una vivienda social” Posadas (?). Podemos predecir sin mucha ciencia como se destacará el señor Posadas en el desempeño de su flamante cargo.

Por otra parte, JC descorcha el décimo quinto Mericer Brut, y el resto de funcionarios opositores se rasgan las vestiduras, como si las irregularidades en el IPV fueran un hecho novedoso. Paradójicamente no emitieron palabra alguna durante el primer escándalo inmobiliario. ¿Apellidos implicados quizás? Como diría una insulsa y mediática tilinga: lo dejo a su criterio.

La pregunta de millón, ¿Qué tan alto se enarbola el estandarte de displicencia en el bunker de Urtubey? Con un abrumador 60% de imagen negativa, y bien ganado dicho sea de paso, el gobernador parece no enterarse de la delicada situación, que puede poner fin en poco tiempo a sus proyectos políticos para el futuro.

¿Hasta qué punto un dirigente inescrupuloso puede proteger a sus secuaces? Me desborda la incertidumbre, porque claro está que la gestión del gobernador está tan estigmatizada que, si mañana hubieran elecciones para mandatarios provinciales no lograría conseguir si quiera el voto de sus vecinos, y aún así no le suelta las riendas sus funcionarios enfermos de poder y el dinero fácil.
De ese insólito hecho se pueden concluir tres cosas: 1) Urtubey tiene alma de soldado yanqui, si cae uno de sus compañeros no lo deja atrás; 2) Es un orate que no entiende la gravedad de los co-hechos (chiste de salón) ni de sus consecuencias; 3) Está tan pero tan involucrado con los funcionarios denunciados y sus ilícitas gestiones que prefiere ayudarlos y no ganarse enemigos que puedan incriminarlo. Yo particularmente me inclino por la tercera posibilidad.

No somos ingenuos, sabemos que la peste que se desprende de todas estas irregularidades llegan tan alto que las cúpulas del poder no pueden desligarse del hedor. Sabemos que Alesanco y Fleming son solo los peones palurdos que deben caer en el frente, las letras chicas en los contratos virtuales del nepotismo. Pero no abandonamos la esperanza, como buenos ciudadanos, de que algún día rodarán todas las cabezas junto a la guillotina de la verdad.

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Texto completo de la renuncia

Deseo informar que en el día de la fecha he presentado al señor Gobernador de la Provincia mi renuncia indeclinable al cargo de Presidente del Instituto Provincial de la Vivienda.

La misma obedece a razones personales y profesionales que hacen que me vea en la obligación ética y moral de enfrentar acusaciones infundadas que se vienen vertiendo desde hace tiempo sobre la gestión llevada a cabo en el IPV. Y he decidido hacerlo desde el llano y sin ampararme en ningún cargo.

Dejo mi cargo con la tranquilidad de conciencia que me ha acompañado desde mi ingreso a la función pública.

En mi desempeño al frente del Instituto Provincial de Vivienda todas las contrataciones se realizaron en el marco de la Ley de Contrataciones de la Provincia Nº 6838, respetando todos los procedimientos y requisitos. Debo destacar que los procesos licitatorios del IPV se encuentran certificados por las Normas ISO, los cuales legalizan los procesos de calidad.

Por otra parte, el Instituto cuenta con convenios firmados con los 59 municipios, siendo estos quienes resuelven ejecutar las obras por administración o a través de la contratación de una empresa, sin que tenga este organismo injerencia en ello.

Todos los expedientes de contrataciones de obras se encuentran a disposición para ser auditados o pasar vista.

Queda como corolario de mi trabajo el haber cumplido con lo que me ordenara el señor Gobernador: más viviendas para más salteños. Y nada puede empañar el orgullo de haber cumplido con esa orden.

Fernando Alesanco