por Martín Rodríguez

Siempre fue así. El veredicto de la sociedad, siempre antecede a la condena formal por parte de la justicia. Pasó con los casos de Mazzorín, Menem, María Julia, De la Rúa y ahora le toca a Boudou. Hoy, el vicepresidente de la Nación, se encuentra muy complicado y está llevando a cabo todas las estrategias posibles para tratar limpiar su desgastada imagen y sobre todo para preservar su libertad.

Para el pueblo argentino, Boudou, no sólo tiene una alta imagen negativa, sino que también es culpable de los casos de corrupción que lo incriminan. Esta percepción fue confirmada por Fabián Perechodnik, socio fundador y director de Poliarquía Consultores, en la encuesta que dio a conocer en el Precoloquio IDEA, que se realizó en la provincia de Salta.

Según el director de Poliarquía, la mayoría de los argentinos consideran que el vicepresidente Amado Boudou es culpable de los cargos que se le están imputando por el caso Ciccone. Además manifestó que el 62% piensa que este escándalo perjudica al gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner.

Sin duda las 300 tapas del diario Clarín, todas con títulos condenatorios, que publicó durante estos dos años, han contribuido a esta situación. Sin embargo las pruebas que hay en contra del vice parecen ser bastante contundentes, aunque eso tendrá que determinarlo la justicia.

El vicepresidente Amado Boudou en el día de ayer terminó su declaración indagatoria en la causa Ciccone y el juez Ariel Lijo, tendrá 10 días para decidir si va a procesarlo o no. Todo indicaría que sí, aunque hay que esperar.

Por su parte, Amado Boudou sigue manteniendo la actitud desafiante y mártir que asumió en este último tiempo. Su táctica es asegurar que todo es una operación política de Clarín, y que no tiene ningún tipo de relación con Vandenbroele, José María Núñez Carmona y con la compra de Ciccone.

Desde el gobierno decidieron apoyarlo. A través de su jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, dicen que el vicepresidente es víctima de un “linchamiento mediático”, por parte de los medios más populares.

Es difícil adivinar cuál sería el camino menos doloroso y que menos consecuencias tenga para el gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Las secuelas políticas del procesamiento a Amado Boudou, tras la decisión que tomó Casa Rosada de apoyarlo, pueden llegar a ser catastróficas.

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De ser procesado, al funcionario no le quedaría otra salida que pedir licencia, aunque los más radicales seguro van a pedir su cabeza, algo que sin duda sería un problema para el gobierno, ya que directamente salpicaría a Cristina Fernández de Kirchner. Si los K no saben despegarse de ese escándalo, inevitablemente  produciría un debilitamiento en el último año de mandato que le queda a este desgastado gobierno.

Boudou no es un martír, ni tampoco está solo en esto. Si se confirma su culpabilidad habrá muchos que estarán muy preocupados por lo que pueda llegar. El vicepresidente es como una pieza de dominó, un movimiento en falso, y puede terminar volteando a otras fichas. Ahora hay que preguntarse, ¿A quién está dispuesto voltear Boudou para salvar su pellejo?