Éxodo, traiciones y conveniencias

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Finalmente, a menos de dos meses de asumido el presidente Mauricio Macri, el poderoso, soberbio, desafiante, y aun no caído en cuenta de que ya no son poder, bloque de diputados nacionales del Frente para La Victoria se quebró, provocando más estruendo hacia adentro que hacia afuera.

Es justamente al gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey y a Diego Bossio, a quienes se les atribuye la responsabilidad de este éxodo de 12 diputados kirchneristas de la Cámara Baja, quienes afirmaron que serán una oposición más dialoguista y no tan destructiva como planteaba el kirchnerismo. Los tres diputados salteños, que le responden políticamente a Urtubey, junto a 12 legisladores más iniciaron una nueva bancada que tendrá como mínimo 15 integrantes. Aunque se espera que ese número se agrande en las próximas semanas.

Exactamente. Lo que para los de afuera, los que no pertenecen al FpV, era algo esperable, lógico y que podía llevar más o menos tiempo, pero que indefectiblemente ocurriría, para los kirchneristas fue una bomba que los sacudió, los aturdió y los dejó sin palabras de explicación.

El estupor y la bronca que domina a quienes se quedaron en el bloque es compartida plenamente por aquellos que se fueron, pero por motivos diametralmente opuestos. Mientras que para los primeros es inconcebible que haya legisladores que desaíren la omnipresente conducción de la expresidenta Cristina Fernández; que se atrevan a cuestionar y desoír sus remotas directivas; que osen exigir un mea culpa, por mínimo que sea; que no reconozcan en Máximo Kirchner el oráculo perfecto, la voz autorizada que les hace llegar desde el sur la verdad revelada; que manifiesten predisposición a acompañar iniciativas del ejecutivo y, sobre todo, que no critiquen, no se opongan y no denuncien toda medida y todo accionar del gobierno nacional.

Bueno. Para los segundos, es decir los traidores, los motivos del estupor y la bronca son, justamente, que se aspire a continuar con aquel liderazgo nocivo, y que los “leales” pretendan “estrenar” el traje de opositores irreflexivos e intransigentes, siendo que durante más de una década levantaron las manos casi mecánicamente, sin emitir palabra. Bastaba saber que era un proyecto del ejecutivo.

Que un grupo de diputados, representantes de provincias diversas, arme un bloque liberado de la obediencia debida a Cristina y de sus vengativas directrices les resulta un inadmisible rayano a la herejía. Que estos diputados se hayan decidido a escuchar qué propone, qué impulsa y qué pone sobre la mesa de discusión el ejecutivo nacional, y de ahí decidir si acompañan o no, les resulta una traición a los principios y la ideología.

Y miren lo que son las paradojas de la política. Esta situación de quiebre vino a desenmascarar, en algunos, y a confirmar, en otros, que lo más sublime y primordial para un kirchnerista es tener los ojos y los oídos sintonizados con el sur, con Cristina y con su vocero delegado Máximo Kirchner. No existe el pensamiento propio, ni el discernimiento, ni el ejercicio intelectual, porque todo viene elaborado desde El Calafate, y listo para ser repetido y acatado sin estudio.

No logran, ni quieren, comprender que no fueron elegidos por Cristina o Máximo, sino por millones de ciudadanos que los pusieron en el lugar de opositores, pero opositores racionales, que busquen lo mejor para quienes los eligieron, que peleen por lo que les corresponde a sus provincias, y que se opongan a todo aquello que sea inequitativo y arbitrario. No fueron elegidos para complacer a Cristina ni ejecutar sus rencorosos planes fuera del poder.

¿Qué problema hay en que se formen un bloque aparte, si al fin y al cabo los objetivos de ambos, los de los que se quedaron y los de los que se fueron, serían los mismos?: legislar en beneficio del pueblo, custodiar sus derechos, hacer oír la voz de sus provincias y sus representados. ¿O será que los que patalean por estas “fugas” tienen objetivos menos nobles y más mezquinos, menos colectivos y más personales?.

La diferencia de reacción que se aprecia entre los que decidieron seguir sometidos al yugo ideológico de la expresidenta, y los que decidieron hacer camino propio es abismal. Mientras los primeros solo atinan a vociferar a coro ¡Traidores!, ¡Hay que expulsarlos!, ¡Devuelvan las bancas!, los segundos ya dan pautas de trabajo, agenda legislativa y bosquejos de proyectos a presentar.

Si estas fracturas o escisiones servirán para abrir la mente y soltar la lengua de nuestros legisladores, bienvenidas sean, y que vengan muchas más.

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