La conformación del gabinete de gobierno del próximo presidente de los argentinos requerirá, por parte de quien asuma la primera magistratura, una quirúrgica selección de los funcionarios que habrán de tener en sus manos y mentes la ardua tarea de resolver infinidad de problemas para los cuales los distintos gobiernos que se sucedieron desde 1983 a la fecha no encontraron solución.

Para esta tarea, casi diría refundacional, el futuro presidente deberá convocar a hombres y mujeres del interior, fundamentalmente, por ser exactamente el interior del país el sector más gravemente aquejado por las problemáticas arribas mencionadas, por lo cual será imprescindible contar con gente que conozca el “terreno” y sepa proponer y propulsar políticas realmente realizables y eficaces.

Quien reciba la banda y el bastón presidencial en diciembre próximo tendrá un acotado “catálogo” de hombres, provenientes de la política, bien calificados de donde seleccionar los funcionarios que podrán acompañarlo eficientemente en la colosal faena que les espera. Y esto se debe a que, desgraciadamente, las provincias argentinas se han transformado en grandes y continuos empleadores de políticos que al cabo de un mandato, una gestión, o unos años de función pública se han visto tan salpicados por toda clase de denuncias, sospechas, malos manejos, que finalmente su único horizonte político viable y conveniente es mantenerse eternamente en algún cargo provincial.

Autores, mentores y conductores de gestiones vacías de logros históricos y repletas de obras estéticas casi inútiles o de muy poco beneficio para el ciudadano común; administraciones sumamente fructíferas en anuncios y propaganda, pero estériles de obras.

Con éstos antecedentes y “méritos”, sus potenciales para trascender más allá de la provincia, es decir a nivel nacional, apenas les dan para ocupar una senaduría o una diputación nacional sin brillos oratorios, y sin más actividad que levantar las manos o no, dependiendo de las instrucciones recibidas, a la hora de las votaciones. No más que eso.

Inequidades que se han naturalizado; discriminaciones tan arraigadas que quienes las padecen ya han perdido todo ansia de reclamo; necesidades vitales como el agua potable, la corriente eléctrica, centros de atención médica, rutas y caminos, alimentación adecuada, entre otras, que a lo largo de décadas han sido reconocidas solo para lanzar promesas de campaña antes que para manifestar compromiso de reparación; puestos de trabajo genuino y justamente pagados que terminen con el éxodo de argentinos desde ciertas provincias hacia la capital federal y Buenos Aires en busca de empleo y futuro, para terminar explotados laboralmente y malviviendo en villas de emergencia.

Esa penosa emigración interna hacia Capital Federal y gran Buenos Aires se da principalmente desde las provincias del NOA y el NEA, lo que a las claras habla de una falta de capacidad, o de interés, por parte de los gobiernos de esas provincias para crear condiciones de vida digna, con oportunidades y perspectivas de futuro que alienten a sus ciudadanos a realizarse en su propia tierra. Por lo que convocar a aportar soluciones desde la nación a los mismos que no pudieron o no quisieron hacerlo estando en sus propios territorios, resulta incoherente y hasta una burla sádica. Como lo fue nombrar al tucumano Juan Manzur ministro de Salud de la Nación, proveniente de una provincia que, de acuerdo a informes de el Índice Barrial de Salud Nutricional (IBSN), presentado al gobierno en 2014, el 21% de los menores de dos años tiene una baja estatura para su edad, hay más de 20.000 niños con problemas de nutrición, y un índice de mortalidad infantil que ronda el 14% (Unicef Argentina). O el caso de Alicia Kirchner como ministra de Desarrollo Social, cuyo “esencial” aporte durante la “década ganada” fue la creación y reparto interesado de millones de planes sociales denigrantes y esclavizantes.

El próximo gobierno deberá ser el de los hombres y mujeres con méritos extraordinarios; con logros verificables ya sea en la función pública o en la actividad privada, y estos logros deberán aplicarse a nivel nación en forma urgente.

Deberá ser el gobierno de los hombres y mujeres que lleguen con respuestas y soluciones, porque las urgencias y los problemas los esperan cómodamente instalados desde hace décadas. Y siguen creciendo.