por Ernesto Losada

En su última cadena nacional, emitida el 20 de agosto pasado, la presidenta Cristina Fernández, viuda de Néstor Kirchner, volvió a aleccionarnos a todos los argentinos acerca de la ética política, el virtuoso accionar que debe regir a todos y cada uno de quienes se dedican a la política o se encuentran en la gestión, y acerca del correcto y honesto conducirse en la vida.

Sin dar nombres (conocido recurso que utiliza la presidenta, en la pretensión de hacernos creer que no ataca ni señala a nadie en particular), pero con indicios claros y certeros como para que el destinatario específico de su “cátedra moral” sea inmediatamente identificado y justamente condenado en su execrable accionar. Cristina, una vez más, reprobó a quienes supuestamente utilizan las desgracias de la gente en busca de algún beneficio personal o partidario al decir: “jamás se me ocurrió montarme en la tragedia de la gente e ir a buscar un rédito electoral”.

Claro está que el “blanco” de ésta moralizadora declaración no es el conjunto de la clase política en general, sino la candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires en representación del Pro, María Eugenia Vidal, nueva enemiga presidencial a partir de que en las PASO obtuviera un 30% de los votos, con 10 puntos de diferencia sobre Aníbal Fernández, jefe de gabinete y postulante a la gobernación bonaerense por el partido que lidera la presidenta Cristina Fernández, viuda de Kirchner.

Hablando con la verdad, la candidata María Eugenia Vidal, al recorrer zonas inundadas cuidadamente ataviada para la ocasión y la foto, cometió uno de los actos de oportunismo electoral más asqueantes que se puedan concebir. Pero no es de la boca de la presidenta, justamente, de donde debió salir una condena a este hecho, y mucho menos atribuyéndose una hidalguía política y nobleza humana que no posee y ni siquiera finge, ya que si hay personas que sacaron abundante rédito político y electoral de las tragedias argentinas fueron Néstor Kirchner y Cristina Fernández, quienes se presentan como heroicos sobrevivientes de los horrores de la dictadura militar más reciente, cuando en realidad aquel tiempo de espanto y muerte transcurrió para ellos plácidamente. Con el plus de que fueron beneficiarlos grandemente con el primer gran “viento de cola” que gozó su economía personal. El segundo “gran viento de cola” les sobrevino durante los años de ejercicio del poder a la fecha.

“Jamás se me ocurrió montarme en la tragedia de la gente e ir a buscar un rédito electoral”. ¿No peca la presidenta de lo mismo que acusa?. ¿No es, acaso, sacar rédito electoral de las tragedias el acusar a la oposición política de utilizar prácticas infames para usufructo de la desgracia ajena, pero a la vez, en la misma acusación, colocar a sus funcionarios, a sí misma, a su gobierno, a su partido y a los candidatos que ella apadrina y apoya, como inocentes en el ejercicio de estas “artes” y como incapaces de cometer semejantes canalladas ventajistas?.

Debería Cristina abstenerse de opinar, y mucho más de condenar a cualquiera que aprovechare una tragedia para beneficio electoral de su imagen, ya que alguien que se monta en la más inicua de las tragedias que padecen millones de argentinos, como lo son la pobreza y la indigencia, negándoles existencia a estos seres humanos al minimizar los índices hasta un increíble, ridículo y afrentoso 5% tan solo para aspirar a sostener su autoproclamado título de presidenta exitosa, se encuentra inhibido de cualquier afirmación o crítica al respecto.

Ni hablar del magnífico rédito electoral que consiguió merced a su sobreactuado tiempo de luto. Tiempo en que diseñadores internacionales se entregaron a la tarea de cuidar que la señora presidenta no repitiera vestuario ni calzado ostentoso, elegantísimo y onerosísimo pero, en riguroso y dolido negro.