por Ernesto Losada

Camiones de reparticiones oficiales, vehículos de punteros políticos y de candidatos repletos de bolsas de alimentos listos para ser repartidos entre los pobres, junto a la consigna/exigencia “Tienes que votar al doctor Manzur”, o identificados con alguna foto que muestra a un sonriente, compasivo y misericordioso gobernador Alperovich, a quien el amor y la preocupación por los olvidados de siempre le aflora exactamente el día de elecciones.

Pero esos vehículos desbordantes de infames bolsones de la miseria no circulan a escondidas, ni disimulan su agraviante carga, sino que se mueven públicamente y hasta con soberbia ostentosa. Como si al exhibir su injurioso cargamento estuvieran haciéndoles saber a quienes, en pleno siglo XXI, aun tienen necesidad de recibir esa humillante dádiva, quiénes son los dueños del poder, el dinero y la merced de concederles, o no, un par de días de comida extra.

Ver a ciudadanos con sus derechos obviados arrastrar su miseria y su resignación hasta un local partidario, donde punteros políticos y dirigentes los amontonan en camiones que los trasladarán hasta el lugar de votación, donde podrán “elegir libremente” el candidato de su preferencia, nos retrotrae a los tiempos de la esclavitud. Y esas bolsas de escasas provisiones, y las amenazas de perder el plan social, el contrato de trabajo estatal, y las advertencias de represalias en caso de que el señor en el poder o su candidato no ganen son, ni más ni menos, el látigo moderno con que se domestican voluntades, se amansan rebeldías y se sofocan esas “locas” ansias de libertad que cada tanto se despiertan entre los oprimidos y necesitados.

Se dicen exitosos gobernantes, pero en sus “reinos familiares” la mayoría de los habitantes se ven forzados a entregar su voluntad por comida.

Un éxito real sería que los bolsones electorales no tuvieran razón de existir, y que no hubiera más ciudadanos necesitados de ellos. El éxito verdadero sería que al voto popular y masivo lo recibieran por agradecimiento y reconocimiento, y no por temor. Un gobernante exitoso no monta una gigantesca maquinaria de limosnas alimenticias, amenazas, fraude y violencia para intentar imponer en el gobierno a un sujeto de la misma calaña, quien le asegure que no revolverá ni hará públicas las pútridas y corruptas huellas que dejará al irse del poder. Un exitoso gobernante no necesita hacer campañas televisivas, radiales, gráficas que cuestan millones de millones, y en las que solo se cuentan mentiras, índices falsos y obras inexistentes, porque cuando un gobernante es exitoso, ¡!!sus obras hablan por él!!!.

Este domingo que pasó, y días subsiguientes, nos tocó ver el Tucumán de la vergüenza, del atraso, del avasallamiento, de la miseria, de la mentira, del descaro, de la violencia y el fraude, y esas son las obras que nos hablan del gobernador Alperovich, y a la vez nos hablan de quien resultó electo, o sea, de quien se encargará de mantener a buen resguardo y silencio las corruptelas, crímenes y excesos de su mentor.

No puedo dejar de hacer referencia a lo ocurrido con el ídolo de Boca Juniors, Carlos Tévez, cuando contó hace unos días el contraste que vio en Formosa, entre el lujo desmesurado del hotel donde se alojaba y los misérrimos alrededores y su gente. Sus declaraciones le acarrearon el repudio, los ataques, la mofa y la acusación de haber recibido dinero para decir lo que dijo. ¿Quiénes fueron los que atacaron y desmintieron a Tévez por sus afirmaciones?, ¿ex pobres y ex indigentes felizmente rescatados de su anterior condición paupérrima?, ¿ciudadanos comunes, con todos sus derechos respetados y todas sus necesidades satisfechas, indignados por las mentiras de Tévez?, ¿trabajadores orgullosos de poder ganarse la vida, sostener sus hogares y proveer a sus familias?. No. Quienes salieron iracundos e insultantes a intentar refutar ridículamente la realidad descrita y denunciada por Carlitos fueron, como era de esperar, funcionarios enriquecidos con la política basura, y el mismísimo autor de tanta miseria: el gobernador Gildo Insfrán, histórico administrador de la pobreza formoseña, mandatario vitalicio, y colega de José Alperovich en eso de montar monumentales aparatos de extorsión, dádivas y violencia.

Hago mención al tema de Carlos Tévez porque, tal vez en un flash ilusorio de esperanza, vislumbro que hemos comenzado a no callar, a exigir, a reclamar, a protestar, y esto se potencia fuertemente cuando personajes respetados y escuchados no temen incomodar al poder ni a los poderosos diciendo la verdad. Y esta es una gran herramienta que nos puede ayudar a erradicar a los Alperovich, los Insfrán, los Gioja, los Fellner y tantos otros que han construido sus imperios personales y familiares sobre la dignidad y la vida de los ciudadanos rasos.