por Francisco Galíndez

Escándalo en Salta por el otorgamiento a funcionarios de crédito Procrear

Me hubiera gustado comenzar la nota con un prólogo distinguido, ilustre, digno de ser vocalizado en la exquisita mesa de Mirtha, acompañado de Dom Perignon, caviar alma y langosta con hongos matsutake. Pero no, la bronca me pudo más y no me pude contener, adiós a la gala, al protocolo inglés, bienvenida la barbarie literaria.

Damas y caballeros… ¡¡¡SOMOS UNOS SOBERANOS PELOTUDOS!!! Si si, es así y no de otra forma. ¿Cómo? ¿Que no te gusta que te insulten gratis en una columna de opinión? Me calienta un huevo, te lo merecés. Siiii, vos, él, ella, todos, yo también. Y para que no te olvides te lo silabeo: PE-LO-TU-DOS.

¿Cómo te sentís ahora, vos, ingenuo/a, que le prendiste setenta y dos velas a la virgen de Urkupiña para el último sorteo de la nacional, y hoy tus ministros se toman un fernet para celebrar su quincho nuevo?

Dos a cero, eso es lo indica el marcador. Segundo gol que nos hace el equipo de funcionarios públicos, de media cancha, directo al ángulo, mejor que el olímpico del Caldera Calderón que le puso a Boca allá por el 99’, humillante.

¿Quién lo hubiera pensado? Más aún después del escándalo épico por la abyecta repartija de casas en el barrio Lomas de Medeiros (léase “Casas para Gente Bien”). Una vez más el sobresaliente gabinete del excelentísimo gobernador, Don Juan Manuel Urtubey, se ve implicado en otro chanchullo relacionado con casas, terrenos y/o créditos destinados a ciudadanos con recursos insuficientes como para conseguirse un techito a corto plazo.

Robbio Saravia, Godoy, Loutayf, Samsón, Sanchez y varios más, fueron los apellidos resaltados con negrita en las noticias que se leyeron antaño, por la preadjudicaión inmoral de casas del IPV. No obstante, y como si la sociedad padeciera de un irónico síndrome de Alzheimer, la desatada falta de escrúpulos en las cúpulas políticas hace mella nuevamente en la sociedad salteña.

¿Cómo te quedó el ojo esa vez, a vos, pavo/a, que venías esperando hace 20 años que el IPV te tire un centro, mientras el titular de la entidad acomodaba casas hasta para el cobayo de su primo tercero?

La olla se destapa otra vez y resuenan los nombres de la ministra de Justicia, Cintia Calletti, el ministro de economía, Carlos Parodi (quien acompañó estoicamente al gobernador en la rueda de prensa que lo acribilló durante el último quilombo inmobiliario), el pollo de Parodi, Sebastián Ortiz de Rozas y hasta el mismísimo titular del IPV, Fernando Alesanco. Beneficiados de forma obscena, todos ellos o bien sus parientes, con el Programa de Créditos Argentino (PRO.CRE.AR).

¿Cómo te sentís ahora, vos, ingenuo/a, que le prendiste setenta y dos velas a la virgen de Urkupiña para el último sorteo de la nacional, y hoy tus ministros se toman un fernet para celebrar su quincho nuevo?

Pero retraigamos por un momento los malos sentimientos. Podemos suponer, tras un exhaustivo estudio con complejas fórmulas de matemática caótica, que el azar jugó a favor de nuestros queridos representantes, podemos darles el beneficio de la duda y decirnos a nosotros mismos “que suertudos esos changos”, mientras piantamos el quincuagésimo lagrimón de desilusión por no haber si quiera rozado la posibilidad de salir sorteado.

Mi humilde sugerencia: Manifestate, denunciá, no los votes más, no te vendas, votá con conciencia. Si ninguna de las sugerencias anteriores te cave… no te quejes.

Pero cuando nos enteramos que éstos funcionarios o sus familiares compraron terrenos de casi una hectárea, situados en las zonas más dispendiosas de la provincia, y los declararon por montos inferiores a los que cuesta una parcela de 3×3 en el vertedero San Javier, siendo que para comprar un minúsculo y sucio lote colindante al Chaco salteño debemos vender nuestra alma además de un riñón, y cuando se descubre que cada uno de éstos beneficiados es propietario o copropietario de otros inmuebles … entonces nos abordan la furia y las afanosas ganas de prenderle fuego a la casa de gobierno, a la legislatura, a la DGR, al IPV y a Mirtha Legrand (lo último es un deseo personal, no generalizo).

¿Qué pensás sobre esto, vos, asalariado/a impávido/a, que llevás gastando más combustible que el transbordador Discovery, por todas las veces que saliste a buscar un terreno mínimamente aceptable para edificarle un techo a tu familia?

Está bien, a vos, que te enojaste, te acepto que fue una movida de J.C. (y no me refiero a Jesucristo) para que pase desapercibida su indagatoria por las irregularidades de La Ciénaga, porque fue el diario El Tribuno el informativo que lanzó la primera piedra, justo el día de la citación al senador a la Ciudad Judicial, no es casual, ya nada es casual. ¿Pero acaso la información de los beneficiados con los créditos del Estado es falaz? Como cuando el objetivísimo e imparcialísimo Jorge Lanata denunció el Lázaro-Gate y lavado de dinero K ¿Acaso por ser una guerra entre el Grupo Clarín y el oficialismo no se debía actuar judicialmente en consecuencia?

¿Qué vas a hacer al respecto, vos, ciudadano/a indolente, que pegaste el grito en el cielo cuando supiste que tenías que votar cuatro veces el pasado Octubre?

Mi humilde sugerencia: Manifestate, denunciá, no los votes más, no te vendas, votá con conciencia. Si ninguna de las sugerencias anteriores te cave… no te quejes.

Hoy tenemos un establishment sectorizado y distribuido por todo el globo. Un distinguido grupo de personas afines al poder, al dinero, al favoritismo y sobre todo a la exclusividad. Y sabemos que entre los poderosos, el nepotismo es la moneda corriente por excelencia, el canje de favores, la compra y venta de voluntades.

Día a día nosotros, los menos afortunados, somos testigos de la arbitrariedad del “destino” y la imparable embestida de un sistema socioeconómico que beneficia a ese pequeño sector, abriendo cada vez más la brecha entre ricos y pobres.

Nosotros, la masa bizantina y pobretona, nos conformamos con salvaguardar las necesidades básicas, cuando podemos por supuesto, y nos acostumbramos a esa realidad.

Nosotros, los parias económicos, los pelotudos, somos testigos de esa eterna injusticia, y somos cómplices a la vez, porque ignoramos o decidimos ignorar el poder que tenemos y podemos usar frente a la desigualdad, y cuando surge alguien que quiere cambiar esa realidad lo boicoteamos, le damos la espalda, lo vendemos, nos vendemos.

Ahora que te canté las cuatro, a vos, si, que me estás mandando a la mierda por tus adentros, ¿Pensaste en frío de quién es la culpa? ¿De los funcionarios inescrupulosos o tuya?