por Gonzalo Rodríguez

GRAFICO

Esa parece ser la única consigna e idea de los políticos opositores al gobierno. Nunca se aparecen, y eso que disponen de miles de minutos de aire televisivo y radial y cientos de páginas de diarios y revistas, para decirnos cómo mejorarían lo actual; qué harían para solucionar lo que hace rato no marcha; cuál sería su plan social, económico, educativo, o lo que sea que tengan en mente.

Pareciera como que estuvieran guardando sus “milagrosas” recetas para cuando sean gobierno. Para que esa maravillosa explosión de prosperidad, equidad, justicia, previsibilidad, tolerancia, respeto y libertad que nos sobrevendrá, como “un amanecer glorioso” a este “tenebroso ocaso”, sea una sorpresa redentora adjudicable a ellos en su totalidad.

Hablan del personalismo de CFK, pero en cada elección se presentan veinte candidatos a presidente, porque con diez mil seguidores en Twitter o Facebook ya se creen amados, solicitados, imprescindibles y requeridos para salvar al país del abismo y la eclosión.

Repudian la soberbia de Cristina, pero si les hablan de incorporar a tal o cual persona a su armado político-electoral, lo rechazan horrorizados de la sola posibilidad de verse “mezclados” con esa gente. Como si sus candidaturas hubieran sido inspiradas por el Espíritu Santo y les hubiera sido comunicada en sueños por el arcángel Gabriel.

Condenan el oportunismo berreta y descarado del gobierno por pegarse al papa o a “Maravilla” Martínez porque son populares y con buena imagen, pero ellos también lo hacen. Eso sí, porque están orgullosos de que el Papa sea argentino, y de que Martínez nos haya devuelto la gloria de los tiempos de Monzón o Locce.

Maltratan a los artistas que se “politizan por conveniencia” y reconocen las cosas que el gobierno hace bien, pero después salen a “la caza” de lindos, famosos y simpáticos para rellenar sus boletas electorales, que terminan pareciendo la marquesina de un teatro o los créditos de una telenovela por lo nombres que aparecen en ellas.

A veces cansan y enervan más sus participaciones en programas de política con esa actitud canchera, fresca, sabihonda, “me las sé todas, qué me lo vas a contar a mi” y gastadora, que las insufribles cadenas nacionales de la presidente. Por que cuando habla Cristina cabe la posibilidad, por ser la presidente, de que anuncie algo beneficioso, algo constructivo, algo útil. Pero con ustedes, señores políticos opositores, no hay sorpresa posible, siempre terminamos atragantados y avinagrados por el panorama que nos dan, por la inminente hecatombe y, sobre todo, por la parte esa en que repiten “esto va a cambiar cuando lleguemos al poder”.

En lugar de pasarse la semana diagramando políticas, pensando soluciones, caminando con los ciudadanos para saber qué piensan, qué sienten, qué esperan, qué les exigen a ustedes, qué necesitan, se echan en sus despachos a esperar el domingo, cuando un periodista presentará sus investigaciones y denuncias. Y de ahí a salir el lunes a primera hora a repetir, amplificar e indignarse de todo lo que se enteraron la noche anterior, como si ustedes hubiesen ingresado a la política hace quince minutos, durante el desayuno, no más.

Pero pasa la semana entera y comprueban que el gobierno no sufre mermas en su intención de voto, y sus seguidores siguen tan entusiasmados como el primer día. Entonces les viene la pregunta de siempre: ¡!!¿Cómo mierda hacen?!!!. Y ese es un secreto que solo ustedes, y tan solo ustedes desconocen, por lo que se los voy a revelar a ver si, cosa que dudo, hacen algo al respecto: Cada vez que se revela o denuncia algo sospechoso relacionado con funcionarios del gobierno, la imagen de la presidente se deteriora y su intención de voto baja algunos puntos. Pero en cuanto ustedes, señores políticos opositores, hablan, la imagen de la presidente se recompone, y recupera los puntos perdidos en la intención de votos, y algunitos más.

No, no tienen por qué. Mientras pueda darle una mano al país cuenten conmigo. A sus órdenes.