por Gonzalo Rodríguez

18 de abril, 21.30 horas, Capital Federal:

Una señora rubia (de esas que suelen verse con sombrero en los partidos de Polo), junto a sus dos adorables hijos, marcha golpeando con contagioso entusiasmo una sartén pequeña tipo panquequera, pero mantiene una saludable distancia de los seguidores de Raúl Castells, por que muchos de esos “morochos” son pungas, tienen pinta de no bañarse muy seguido, y seguro estuvieron bebiendo vino barato antes de la marcha por lo que es muy probable que causen disturbios.

Los adherentes al movimiento de Castells se manifiestan con cánticos más radicales y punzantes, proponen lucha sin cuartel, acciones inmediatas, y las banderas en las puntas de sus tacuaras exigen mejor distribución de la riqueza, asistencia a los pobres y el cese de privilegios para los ricos, pero se encolumnan apretadamente para evitar incómodas cercanías con gentes tales como la señora rubia y sus hijos, cuyo marido seguro es un explotador de trabajadores del interior o inmigrantes ilegales a los que paga en negro y trata como a inferiores.

Más adelante se ve a los afiliados a un gremio de trabajadores del campo que cada tanto voltean la mirada y, según la distancia a la que se encuentre un grupo de productores agropecuarios que calzan boinas de marca, botas de montar y chalecos Cardón, apuran o mantienen el paso, ya que no quieren verse mezclados, ni cerca, de esos tipos que no llevan carteles, pero que su vestimenta es prácticamente una bandera de la Sociedad Rural Argentina.

Por ahí se puede ver a una señora muy humilde acompañada de sus cinco hijos, que a sus cuarenta años tiene la mirada y el rostro de cincuenta por los trabajos duros, sin feriados largos, ni vacaciones, ni licencias por maternidad, ni………  Ella vino por que su “patrona” la adoctrinó durante semanas enteras para que asista a manifestarse en contra de “esos ladrones que se están robando el país”, “que no respetan los derechos de los demás”, y “que tratan a las personas como si fuesen su propiedad”. Entonces, señora humilde y patrona están contentas, aunque marchen en puntos diferentes de la columna, según marcan sus roles y status en la vida. La patrona está contenta por que sumó a la señora humilde para que se manifieste, a ver “si el mensaje le llega al gobierno de una vez por todas”. Y la señora humilde está contenta por que sueña con que el “mensaje” le llegue a la patrona………… y por que esa noche no deberá tomar el tren de las doce a casa, luego de hacer la cena, servirla, lavar los platos y ordenar los trastos de la cocina de la patrona.

Algunos políticos audaces (caraduras me parece más ilustrativo para el caso), caminan “popularmente” en mangas de camisas, convenientemente acompañados por fortachones “manifestantes” que los rodean serios y auscultando de arriba abajo a quienes se acercan a saludar. Encienden la sonrisa al ver una cámara y, antes de comenzar a hacer su sombrío análisis de la situación y de profetizar que lo que se viene es aun peor, recitan el condescendiente y demagógico prólogo de rutina: “Esto es mérito del pueblo y de nadie más”; “Es una verdadera fiesta de la democracia donde el pueblo se ha expresado clara y contundentemente”. Y luego siguen caminando, fielmente acompañados por su “valla humana” de “espontáneos manifestantes”, seguramente suspirando aliviados por que cuando ellos fueron gobierno no existían las redes sociales que son capaces de organizar semejantes movilizaciones de protesta y, más importante aun, por que los argentinos tenemos muy poca memoria.

 

19 de abril, cualquier hora, cualquier lugar de Argentina:

La señora rubia supervisa, minutos antes de ir a su clase de Pilates, que la empleada doméstica vista pulcramente a sus dos hijos, y le llama la atención a la señorita por que la chomba del colegio de uno de ellos tiene algunas arrugas, sobre todo en la parte del escudo bordado con el nombre en inglés del colegio. ¡¡¡Dios mío. Tengo que estar en todo!!!, exclama después de especificarle a la señorita qué es lo que debe preparar para el almuerzo.

Castells y varios cientos de afiliados a su Movimiento cortan una calle exigiendo bolsas de comida frente a una cadena de supermercados, haciendo caso omiso a los bocinazos y las puteadas racistas del marido de la señora rubia, que está llegando tarde al banco donde hoy, sin falta, debe renovar su plazo fijo en dólares.

El ganadero llega a su campo en una camioneta japonesa 4X4 elegantemente embarrada, se baja, y le pega un grito al capataz para que reúna a la peonada bajo la galería, por que es día de pago. Cada uno pasa, firma un recibo común, de talonario, y se marcha contando el dinero. Los peones sonríen satisfechos, aunque el dinero no sea suficiente, por que ya saben que durante el mes se “perderán” un par de terneros y jamás volverán a aparecer; la mitad del gasoil y la nafta se “evaporarán” de los tambores por acción del calor, y  ladrones, seguramente “foráneos que estaban de paso”, se llevarán chapas, alambres, caños y algunas herramientas del galpón.

La patrona mira impaciente y ofuscada el reloj, por que mandó a la señora humilde hace más de quince minutos a buscar el diario y aun no regresa. Mientras espera, se pregunta si el gobierno habrá escuchado el mensaje que le mandó la noche anterior, en el que le exigía que “respete a los demás” y que “No trate a las personas como si fuesen una propiedad suya”. Desgraciadamente, la señora humilde ya sabe, por el tono con que le ordenó ir a buscar el diario, que a la patrona no le llegó el mensaje. No importa, todavía le queda el consuelo de avergonzarla y ridiculizarla contando a todas las demás “patronas” del coqueto edificio que su patrona compra ropa de “marca” en La Salada; que su marido duerme en otra habitación, cuando viene, por que le banca el departamento y la vida a su amante de 25 años, y que le ordena aguar el desinfectante para pisos por que debe hacer economía.

Enciendo el televisor y en todos los noticieros y programas de todos los canales están los políticos de anoche (esos que parece que se resetean la cabeza cuando hay cambio de gobierno y con eso creen que su “historial” político quedó limpio), adjudicándose sutil y tímidamente el éxito del acontecimiento; publicitándose subliminalmente, como sondeando el terreno, para las próximas elecciones, y   hablando de los políticos en tercera persona: “ellos deben escuchar”, “ellos deben dejar de mentir”, “ellos deben dejar de robar”, “ellos deben proponer soluciones”, “ellos deben aclarar muchas cosas”, “ellos deben dar explicaciones”, “ellos, ellos, ellos…..”.

Salgo a la calle y aun hay restos de la marcha. En el piso, tirados y pisoteados, carteles que dicen: “Por una Argentina de iguales”; “Basta de avasallamiento”. Paradójico, ¿no?. ¿O más bien cínico?.

Pulp en Vivo – Common People