Car driver woman

por Gonzalo Rodríguez

El 16 de enero de 2013 fui operado de una hernia inguinal muy severa en el Hospital Independencia de la ciudad de Santiago del Estero.

A decir de los médicos que me atendieron, la hernia revestía gravedad ya que se me había salido parte del intestino delgado, parte del intestino grueso y parte del colon.

Previo a la intervención quirúrgica debí realizarme los estudios de rigor que corroboraran mi aptitud para la cirugía, y con el fin de minimizar los riesgos. El conjunto de estudios se llama pre quirúrgico, y son: radiografía de tórax; análisis de de sangre y orina; valoración odontológica; electrocardiograma, y algún otro que se me está olvidando pero ya veré si lo recuerdo.

La verdad es que mi concepción de lo que es un hospital público no era la mejor. Para mi, era entrar por una otitis y salir con hepatitis C o algún virus desconocido que te terminaba matando. Pero la urgencia y el dolor hicieron que venciera esos prejuicios  y miedos, y me entregara a la atención hospitalaria encomendándome a Dios, la Virgen, el gauchito Gil, la difunta Correa o quien fuera que me escuchara en esas circunstancias.

No puedo decir que la atención que recibí durante los cinco días que permanecí internado fue buena, no. No puedo decir que los estudios previos me fueron realizados con prontitud, no. No puedo decir que durante el pos operatorio fui tratado con amabilidad, no.

Y no puedo afirmar nada de esto por la sencilla razón de que me quedaría corto y sería injusto. Lo correcto y noble es decir que la atención fue maravillosa; los estudios fueron realizados con celeridad y eficiencia, y durante mi recuperación fui tratado con amabilidad y hasta con cariño diría.

En esos cinco días de “alojamiento” forzado tuve tiempo para deambular en pantuflas y short por todo el hospital, mirando, preguntando, averiguando, conociendo historias: sabiendo.

Y así me enteré por boca de enfermeras, personal de limpieza, seguridad y cocina, y hasta de algunos médicos y demás profesionales (sorprendente, por que todos sabemos que el ego de un médico es algo serio y no hay tratamiento conocido que lo reduzca o aplaque), que es bastante generalizado el reconocimiento hacia el Dr. Gustavo Argibay por las mejoras, avances y cambios en el Hospital Independencia.

Como director, se le atribuye una gestión celosa y humanitaria, poniéndose en el cuerpo del paciente, en su dolor, en su preocupación, y en sus miedos, para intentar calmar a la persona y dar una solución satisfactoria al problema de salud que lo llevó  hasta allí.

Me contaron, no sé si es por exagerada admiración o si verdaderamente ocurre, que el Dr Gustavo Argibay realiza rondas observando con qué celeridad, cordialidad y rapidez se brinda atención médica; cantidad de profesionales de las distintas áreas que están prestando servicio, y hasta haciendo recomendaciones acerca de la limpieza que debe haber en los lugares por donde se desplazan o esperan su turno los concurrentes.

Si uno se llega hasta el Independencia, lo primero que notará y le impactará es la gran cantidad de personas haciendo colas para sacar turnos; esperando en los pasillos; averiguando horarios de atención, o caminando de aquí para allá con carpetas o sobres con estudios. ¿Es que tanta gente se enferma?, ¿No hay hospitales en Santiago?,¿la gente se amontona por que la atención es lenta o hay insuficiencia de profesionales?, me pregunté viendo ese trajín interminable.

La respuesta me la dio una enfermera mientras me hacía las curaciones: “¿sabe qué pasa?, pasa que cuando se accidentan o se lesionan, los pacientes o sus parientes exigen que los traigan aquí, y entonces nos abarrotamos de heridos y enfermos que bien podrían derivarse a otros hospitales”.

Y esta mujer no lo decía quejándose, eh. Más bien percibí que lo decía lamentándose por que la excelencia que se ha logrado en el Independencia no se traslade al Hospital Regional u otros centros de salud pública que, como está comprobado, es perfectamente posible.

Y no se trata de meter médicos a troche y moche, sino de incluir en el plantel profesional de la salud a médicos con vocación, con ganas, sin horarios. Por que la cantidad es irrelevante si la calidad está ausente. Por que colmar de médicos de bar, o de “ficho y me voy”, o de galanes de enfermeras los hospitales es simplemente tener ñoquis terciarios, ¡!!ñoquis que nos salen caros!!!.

Fue admirable y emocionante para mí ver en las salas del Independencia a una  joven eminencia como el Dr. Ernesto Furh Tomattis, cardiólogo, limpiar él personalmente la herida de un paciente operado, y consolarlo diciéndole que todo iba a andar bien, que se relaje y descanse.

O al Dr Juan Cruz Argibay, un destacado traumatólogo especializado en Francia (según me dijeron) llegar casi al amanecer y dirigirse directamente al consultorio a atender.

O al Dr Nazar hacer sus rondas verificando la evolución de sus pacientes, recomendando tal o cual cuidado para una mejor recuperación, o instruyendo a médicos “novatos” acerca de ciertos “trucos” que los años le enseñaron y que les servirán para ejercer con mayor precisión y eficacia la profesión.

Mi defensa del Hospital Independencia no ampara de ninguna manera a la médica que desatendió al joven Diego Albarracín en tan difícil momento. Al contrario, mi intención es destacar su actitud  y distinguirla como una pésima excepción entre tanta eficiencia, sensibilidad y calidad que vi en ese nosocomio, a la vez que llamo a tomar nota de ello y sancionarla con justicia y rigor, si es que queremos una mejor salud para todos los santiagueños.

Y al gobernador Gerardo Zamora le diría que audite o le tome examen al Ministro de salud (más habitué de eventos sociales y divertimento, que de compromisos atinentes a su función) y baje un poco el nivel de fastuosidad en ciertas obras, hermosas pero no imprescindibles, y derive esos “excedentes” a la salud.

También le recomendaría, Dr Zamora, que pida un listado de los proveedores de medicamentos, e investigue si realmente proveen al estado provincial los productos por los que facturan y cobran millonadas. Se lo digo por que es realmente increíble que, de ser propietarios de una verdulería, una casa de autopartes o una tómbola, muchos personajes hoy en día figuren como exitosos empresarios en el rubro droguería.

Por que con los hombres adecuados, más los insumos y elementos necesarios, Dr Zamora, es perfectamente posible un sistema de salud en el que nadie sufra, nadie se sienta descartable, y muchos se curen.