El ultra militante kirchnerista y pretendido periodista y economista Roberto Navarro parece por fin haber hallado, aunque esto le haya llevado más de doce años, datos y números acerca de la inflación, el desempleo, la pobreza, la indigencia, la corrupción, el nepotismo y cuanto mal afecta a la democracia, al país y a los ciudadanos en particular.

Desde diciembre de 2015, en que asumió un nuevo gobierno conducido por Mauricio Macri, su mundo color de rosas, justo, de felicidad popular y masas satisfechas, agradecidas, reivindicadas y sin carencias ni angustias se ha transformado en el mundo de Mad Max. Un mundo gris, desalmado, injusto, miserable, agresivo y sin millonaria pauta estatal.

Estrenando boca para la crítica, Navarro desgrana domingo a domingo los cánceres que, desde el día 11 de diciembre de 2015, han comenzado a matar a nuestro país y lo llevan hacia abismos infernales y de perdición.

Durante los gobiernos de Cristina Fernández jamás pudimos lograr que nos dijera cuál era el índice de pobreza, cuál el de la inflación (ni siquiera un aproximado), los números del desempleo, pérdida de puestos laborales, suspensiones de trabajadores, cierres de fábricas, caída de reservas, devaluación y otros males que venían con un arrastre de años. Apenas sí logramos que se refiriera a estos temas con términos vagos, ambiguos y muchas veces falseados: “en baja”, “aceptable”, “con leves subas”, “con tendencia a la baja”, “controlada”, “con proyección decreciente”, etc, etc, etc.

Nunca se refirió a los escandalosos y evidentes casos de corrupción, patrimonios de funcionarios “afortunados”, negocios incompatibles y las multimillonarias operaciones de sospechosas empresas y sociedades creadas de un día para el otro, y que se llevaron dinero de la salud, de la educación de viviendas, de jubilaciones y de los pobres.

Solo se limitó a repetir, cada vez que de soslayo rozó estos temas, “Que la justicia investigue”, “son operaciones mediáticas”, “son maniobras golpistas”, “son bombas de humo de la oposición”, “es obra de denunciadores seriales”, “quieren desestabilizar al gobierno”, escudando y defendiendo a los denunciados, imputados y procesados que, “casualmente” resultaban ser titulares o influyentes funcionarios de organismos, entes y ministerios que pautaban fuerte en sus “productos” periodísticos.

Desde el 11 de diciembre de 2015, a Roberto Navarro se le abrieron las puertas del conocimiento. El ansia de verdad e investigación bulle en su cabeza, las cifras y datos que antes huían de él y no le permitían desenmascararlas, hoy en día se le entregan mansas, abundantes y detalladas y le imploran que las dé a conocer con voz angustiada y ceño de preocupación.

Ayer no sabía darnos un solo índice de nada. Hoy nos da un minuto a minuto del precio de la polenta, la rúcula, la carne, el alpiste para canarios y la piedra pómez para la eliminación de callos y verrugas. Te puede dar nombre, apellido, edad, talle de pantalón y club de fútbol favorito de cada uno de los despedidos. Puede denunciar mediáticamente el sospechoso salto patrimonial de un funcionario que amplió el quincho de su casa.

Argentina se ha convertido para Navarro en un campo de permanentes descubrimientos: descubrió que había pobreza, pero una pobreza digna. Ahora hay mucha más y es lacerante. Se enteró que había un cepo, pero que no traía consecuencias en nada. Ahora que levantaron aquel cepo benigno, se vino una diabólica devaluación. Supo que había desempleados, pero no era grave porque con las ayudas estatales y planes podían vivir. Ahora esos desempleados viven miserablemente por que las ayudas y planes son insuficientes. Siguen las operaciones mediáticas y las bombas de humo, pero solo si involucran a políticos del anterior gobierno, si son funcionarios del actual gobierno son denuncias serias, fundamentadas con pruebas y los involucrados merecen la pena de muerte.

La pucha. Todo el bien que hubiera hecho este “nuevo” Roberto Navarro si se hubiera destapado en años anteriores. La de robos, injusticias, corrupciones, persecuciones, prebendas, mentiras, difamaciones, exageraciones y censuras que podría habernos advertido que estaban ocurriendo.

En fin. Todo cambió en el mundo de Navarro. Por eso, debería cambiar su DNI, y pedir que le pongan como fecha de nacimiento el 11 de diciembre de 2015, que es cuando vino al mundo el “nuevo” Roberto Navarro.