La oferta de pre candidatos y aspirantes a Presidente de la Nación es abundante y variada por estos días. Con los meses se irá depurando hasta reducirse a un puñado de seis o siete, de los cuales solo dos o tres tendrán serias chances de pelear con posibilidades de éxito su llegada a la presidencia.
No obstante, todos y cada uno de los precandidatos y aspirantes, que hasta hace un par de meses no nos daban ni siquiera un esbozo, un atisbo de lo que harían en caso de ganar las elecciones, hoy nos atiborran con ideas, propuestas y planes de gobierno meditados, analizados y delineados al milímetro. Nos explican que está todo bajo control; que cada día de sus eventuales gobiernos ya está planificado con precisión infalible, por lo que hasta nos aseguran cuáles serán los maravillosos resultados y beneficios que tendremos en los próximos 10,12, 15 años. Como si la Casa Rosada fuese una gran computadora a la cual se le carga un plan de gobierno perfecto para que esta lo ejecute sin errores (y si los hubiere, no hay problemas, ella los corrige), satisfaciendo todas las demandas, solucionando todos los problemas, creando lo que hubiera que crear, suprimiendo lo que hubiera que suprimir, agregando lo que hubiera que agregar y quitando lo que hubiera que quitar.
En un mundo donde todas las circunstancias y situaciones varían de un minuto al otro, decir que se tienen todas las acciones futuras estructuradas y sus consecuentes resultados previstos y aprobados, es: ingenuidad, voluntarismo político o mentiras electorales.
Porque las cosas no son así, señores. Hay variables, imponderables y situaciones que no se pueden predecir, que no se pueden anticipar. Ni siquiera intuir. Y quien triunfe y asuma deberá ser un alquimista al que cada día se le pondrán a la vista problemáticas a las cuales se deberá abocar profunda, seria y rápidamente procurando dar solución, intentando a la vez mantener un equitativo equilibrio para que la satisfacción de unos no se traduzca en necesidad para otros.
Hacer una hoja de ruta para el caso de acceder a la presidencia es cosa de ilusos o embaucadores, porque nada es estático, nada es lineal. Lo que ayer era prioridad, hoy tal vez sea una nimiedad que puede esperar; lo que hoy es una urgencia, quizás mañana sea una banalidad sin importancia.
Para ejemplificar un poco: los que hasta no hace mucho prometían que viviríamos opulentamente de los dividendos que dejarían la venta de lo producido por el campo, y que el mundo reclama imperiosamente, hoy deben mudar el discurso y explicar cómo resarcirán las pérdidas del sector agrario a consecuencia de las inundaciones.
Ya nadie quiere escucharlos exponer sus magníficos planes económicos, ni oír sus faraónicos proyectos de obras, ni sus admirables cálculos de crecimiento. No anuncien ni prometan lo impredecible y dudoso. Más bien compenétrense con lo que nos adeudan: derecho a la salud, derecho a la educación derecho a una vivienda, derecho a un salario digno, derecho a la justicia, derecho a la libertad. Y a lo que pudiera sobrevenir, bueno o malo, entréguense con inteligencia y honestidad, ya sea para administrar o remediar, que lo malo no es tan malo si se lo encara con inteligencia, y lo bueno es excelente si se lo maneja con honestidad.