Gendarmería Nacional Argentina vive por estos momentos sus horas más luctuosas y tristes a raíz del trágico accidente ocurrido en la localidad salteña de Balboa, distante unos 15 kilómetros de la ciudad de Rosario de la Frontera, donde un micro perteneciente a esa fuerza desbarrancó cobrándose la vida de 42 efectivos.

Nacida en el año 1938 bajo la presidencia de Roberto Ortiz, Gendarmería fue concebida como una fuerza con la misión de proteger y controlar las fronteras de nuestro país y brindar seguridad a quienes habitan regiones remotas, una tarea que con los años se fue deformando.

La creciente inseguridad y el avance descontrolado del delito, entre ellos el narcotráfico, que se viene registrando en Argentina desde hace ya varios años (décadas también) desvirtuó en gran manera el objetivo específico y la misión que tenía originariamente esta fuerza armanda. De repente se vio involucrada en tareas netamente policiales, de patrullaje en zonas urbanas conflictuadas, como fuerza disuasiva de piquetes y protestas sociales, como “carne de cañón” en casos de desbordes sociales y saqueos, y muchas otras situaciones en que no le competía actuar directamente.

Así, la Gendarmería se convirtió de a poco en una especie de fuerza de seguridad itinerante, trasladable a cualquier punto del país donde hubiere conflictos o amenaza de ello: conurbano bonaerense para prevención del delito y patrullaje, ciudad de Rosario para la lucha contra el narcotráfico, provincia de Santa Cruz para controlar una huelga policial, Córdoba para controlar un levantamiento policial. Podríamos nombrar durante horas las veces en que el “Centinela de la Patria” debió intervenir en situaciones de difusa competencia propia, alejadas de su misión y función objetiva.

Y claro. Tarde o temprano ese trajín, esos traslados de urgencia, esos “vengan para aquí o vayan para allá” iban a resultar en hechos lamentables. Ya en junio de 2012 murieron 9 gendarmes y otros 49 resultaron heridos (29 de gravedad) al chocar dos micros y un camión en la ruta nacional 3, a la altura del kilómetro 1.338, a 72 kilómetros de la ciudad chubutense de Puerto Madryn, cerca del límite con la provincia de Río Negro. Las víctimas de esa oportunidad regresaban a Rosario tras intervenir en un corte de ruta de operarios del yacimiento petrolero Cerro Dragón.

Hoy Gendarmería se encuentra desarmanda, casi sin recursos se animan a aventurar algunos analistas. El vaciamiento que sufrió en estos años se notó en el día de ayer en el que 42 efectivos que se dirigían a la provincia de Jujuy fallecieron. Resulta incomprensible que una de las fuerzas más importantes para la defensas de las fronteras de nuestro país no cuenten con los los recursos necesarios. ¿Cómo puede ser que 150 oficiales se trasladen 459 kilómetros en colectivos con las gomas lisas? ¿Gendarmería no debería tener aviones Hércules para su traslado? ¿O no debería poder utilizar la línea aérea de bandera para trasladarse? Poco se pudo esperar, en cuanto a la modernización de las Fuerzas Armadas, de un Gobierno que gasta casi dos millones de dólares diarios para la recuperación de la aerolínea de bandera, como lo es la ultra subsidiada Aerolíneas Argentinas.

Según la información que trascendió, estos gendarmes se estaban trasladando a Jujuy a pedido del actual gobernador Gerardo Morales para prevenir posibles disturbios que la organización Tupac Amaru, liderada por la dirigente Milagro Sala, se aprestaba a cometer en esa provincia. La dirigente kirchnerista casi creó un Estado dentro del propio Estado en la provincia jujeña. Es por eso que nace la desconfianza en las fuerzas de seguridad local.

Lo cierto y preciso es que nuestros gendarmes siguen perdiendo la vida (lo cual constituye un riesgo concreto para todo miembro de una fuerza de seguridad) de forma absurda e injusta. Siendo privados del excelso honor y la eterna gloria de morir defendiendo la patria.