por Ernesto Losada

La historia política de Mauricio Macri y del Pro podría inscribirse sin dudarlo en la enciclopedia política argentina de lo épico. Comenzó su carrera hace poco más de 12 años, en el año 2003, y, previo paso por la legislatura porteña, en el año 2007 alcanzó la jefatura de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires.

En un principio resultó solo una “molestia” menor para el gobierno nacional, que aun así se encargó de disminuir su presencia calificándolo de dirigente vecinal, “alcalde” de una ciudad, o jefe de un grupito de gente “paqueta” que llegó al gobierno con los votos de la clase media-alta que no comulgaba con las políticas nacionales y populares del gobierno kirchnerista.

Con un estilo de gobierno frontal, de contacto cara a cara con el ciudadano, Macri comenzó a expandir su influencia y su llegada a sectores sociales impensados para que aquellos que, displiscentemente, lo circunscribían a un electorado enclavado en Barrio Norte, Palermo, Recoleta y Puerto Madero.

A mayor crecimiento, mayores ataques. El paulatino ascenso y el constante avance de Macri comenzó a preocupar seriamente al ya consolidado y poderoso gobierno del Frente para la Victoria, que gobierna el país desde el 2003. Apartir del año 2011, en que Mauricio Macri es reelecto como jefe de gobierno porteño con más del 64 % de los votos, comienza a hacer pública su intención de competir por la presidencia. De allí en más empezaron las descalificaciones por parte del oficialismo nacional hacia el líder del Pro: jefe de la derecha; hijo de la patria contratista; candidato de la oligarquía y los poderes económicos; discípulo de Menem, entre muchos otros “piropos”.

Nada de esto pareció afectar la imagen de Macri. Todo lo contrario. Ni el crecimiento de su movimiento ni el entusiasmo de aquellos que decidieron adherir a su figura y suscribir sus propuestas, mermaron.

Con un discurso sereno, con propuestas cautivantes más por su manera de expresarlas que de explicarlas, hizo pie en la provincia de Buenos Aires, concretándose como un político sólido, primero, y más tarde como un candidato con adherentes y votantes en todos los estratos sociales.

De allí a la nacionalización del Pro y la figura de Mauricio Macri como referente a nivel país, hubo solo un paso. Muy pronto surgieron seguidores a lo ancho y largo de Argentina. Al principio con tímidos porcentajes de votantes, pero luego con representantes en legislaturas provinciales y concejos deliberantes de los más diversos lugares de la Argentina. Llegando incluso a pelear voto a voto algunas gobernaciones en manos de poderosos “caudillos”.

Liberado del “estigma” que representa provenir de la clase alta, de una familia adinerada y ligada al poder económico, se presenta en las presidenciales del 25 de octubre pasado y, simultáneamente lidera la incursión electoral de su partido en tierras bonaerenses obteniendo el 34,33% de los votos nacionales, y el más resonante, hasta ahora, triunfo electoral de la mano de María Eugenia Vidal, quien le arrebata la gobernación de la provincia de Buenos Aires nada más y nada menos que al peronismo, ganándole al candidato de la presidenta Cristina Fernández y jefe de gabinete nacional, Aníbal Fernández. Además, el frente Cambiemos destronó a varios barones del conurbano y conquistó a más de 50 intendencias de la provincia de Buenos Aires.

Ese 34,33 % lo coloca en el balotaje a llevarse a cabo el próximo 22 de noviembre, donde la mayoría de los analistas y politólogos le auguran la presidencia del país.

Mauricio Macri recorrió en estos días las provincias de Salta, Formosa, Corrientes, Misiones, Chaco, Santiago del Estero y Tucumán. Distritos electorales que le fueran abrumadoramente adversos en las PASO y en la primera vuelta. Para desconcierto y preocupación de los respectivos caudillos provinciales, movilizó fuertemente a la ciudadanía que concurrió a escucharlo en sus actos y salió a las calles para vivarlo y alentarlo, reforzando la percepción de que el frente Cambiemos, y Mauricio Macri en especial, crecen en la aceptación popular y son vistos como una opción positiva para el balotaje. De todos modos, no hay encuesta más exacta e inapelable que lo que dicen las urnas, por lo que será el mismo votante quien coronará o truncará las aspiraciones e ilusiones de Mauricio Macri. Y aun más, en caso de triunfar y asumir la primera magistratura del país, ese será solo el comienzo de un largo, difícil y arduo camino que lo puede conducir hacia el Olimpo de los exitosos, o al barro de los fracasados.