El presidente de la Nación, Mauricio Macri, se reunió con el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, dos días después del decreto firmado por Macri en el que designó “en comisión” a Horacio Rosatti y Carlos Fernando Rosenkrantz. Según lo trascendido, habrían resuelto de común acuerdo que ambos letrados asumirían en febrero, después de la feria judicial. Así, buscan instrumentar las “exigencias del decreto” por el que fueron nombrados los aspirantes a magistrados del máximo tribunal nacional.

Las primeras lecturas que se hicieron es que el accionar del actual Presidente fue percibido como un temerario acto de debilidad. Desde algunos sectores se hablaba que las críticas airadas y las acusaciones de ilegalidad hacia estos nombramientos habrían torcido la voluntad y el brazo de Mauricio Macri, pero con el correr de las horas comenzaron a tomar un cariz de ejemplar acto de grandeza republicana.

En efecto. Quienes en principio se adjudicaron la “victoria” por esta marcha atrás del ejecutivo nacional, en estos momentos deben “soportar” los elogios hacia Macri por su “noble gesto” de escuchar a los opositores, y a algunos dirigentes propios, y desandar una decisión tomada en forma apresurada.

Por lo bajo, el macrismo no oculta su satisfacción por los resultados de lo que se presume fue una jugada de alto riesgo pero con grandes chances, bien manejada, de reportar mucho beneficio.

El actual presidente instaló una imagen de sí mismo diametralmente opuesta a la que exhibía la anterior mandataria Cristina Fernández, quien como una demostración de extraordinaria fortaleza y férrea convicción se obstinaba y persistía neciamente en sus errores. No solo manteniendo sus posturas defectuosas, sino además atacando e intentando silenciar a quienes pretendían cuestionarla en sus formas de gobierno, de administración y de mando.

Muchos de los que criticaron la precipitada decisión de Macri sienten por estas horas que “se comieron el amague”, y le hicieron, ingenuamente, el juego a una hábil maniobra que desató un efecto clamor, al que el presidente Macri prestó oídos y dio respuesta.

Sergio Massa, uno de los opositores con mayor peso y proyección dijo al respecto: “Reconocer errores no es una señal de debilidad, sino de fortaleza para tomar decisiones”, Felicito a @MauricioMacri x corregir el error en la designación de jueces y cumplir el procedimiento del Dec 222 de audiencias en el Senado”.

Poco convencido de la eficacia de esta compleja “maniobra” oficialista, consulté a un allegado, muy vinculado a la militancia del Pro, quien me graficó la cuestión con el siguiente ejemplo: “Si yo, con mi auto, abollo el tuyo, vos saltas re caliente, me reclamas, amenazas denunciar y todo. Pero yo no hago nada para huir, reconozco que fue mi culpa y te ofrezco pagar todos los daños en ese mismo momento. ¿con qué te quedas vos?, ¡con mi último gesto, obviamente!”.

La verdad es que la explicación es convincente, pero a la vez me deja cierta sensación de engaño a la fe, de trampa a la confianza ciudadana. Pero bueno, estamos en Argentina, y esto es política.