Los últimos días del kirchnerismo en el poder transcurren tumultuosos, desordenados y desesperados.

La provocativa resistencia y los antiéticos intentos de permanencia en cargos claves por parte de funcionarios militantes, claramente identificados con el modelo, tales los casos de Martín Sabatella en el Afsca, Tristán Bauer en Radio y Televisión Argentina, Alejandra Gils Carbó en la Procuración General de la Nación y Jorge Vanoli en el Banco Central.

La designación de los camporistas Julián Álvarez y Juan Ignacio Forlón como miembros de la Auditoría General de la Nación, y la asignación de las embajadas argentinas en Ucrania y Grecia al matrimonio integrado por Santiago Villalba Díaz y Carolina Pérez Colman respectivamente, entre muchas otras designaciones y nombramientos, evidencian obscenamente la intención de la saliente presidenta Cristina Fernández de cercar y condicionar al próximo gobierno.

A esta situación, aportan los ministros salientes con su reticencia, o negativa, a informar los estados financieros de sus respectivas carteras, amén de dedicarse a nombrar en planta permanente a miles de amigos y militantes, cuyos costos deberá asumir el macrismo en su gobierno.

¿Creerá Cristina y sus laderos que es un acto de patriotismo supremo boicotear y malherir el comienzo de un gobierno distinto al suyo, y del que están convencidos que llegó para devaluar, perjudicar a los humildes, estancar los salarios y destruir todo lo que se hizo?.

Esta actitud me recuerda a esas madres o padres desquiciados que, ante la pérdida de la tenencia de sus hijos, prefieren asesinarlos antes que entregarlos.

¿A quiénes piensan que le joden la vida cuando nombran a decenas de miles de militantes cuyos sueldos complicarán los salarios de los demás trabajadores?. ¿A quiénes se creen que perjudican cuando esconden o destruyen datos imprescindibles para la continuidad institucional del país?.¿A quiénes esperan favorecer entorpeciendo el cambio de gobierno y trabando el normal funcionamiento de los mecanismos estatales?.

Todas estas maniobras son tan manifiestamente lesivas de la democracia, que aun sus propios aliados provinciales las repudian e intentan frenarlas no consintiéndolas o prohibiéndoles a sus diputados y senadores avalarlas en sesión.

¿Nacionales?

No tienen derecho a decirse que lo son, ya que sus actitudes profanan a la nación, sus instituciones y sus leyes, colocándola en peligrosos abismos.

¿Populares?

Desvergonzados ustedes de calificarse como tales, cuando se van del gobierno millonarios, impunes, y dejando a los trabajadores, humildes, ancianos y jóvenes en ascuas por un futuro que complicaron deliberada y egoístamente por el solo hecho de haber perdido el poder.

¿Memoria exige Cristina?

Claro que habrá memoria. Pero memoria por sus infamias finales. Porque pudiendo irse con gestos de grandeza, se va de esta manera, arrasando todo a su paso de retirada.

Que Dios y la Patria se los demanden, por si algún día pretenden volver.