Si hay algo que caracterizó al kirchernismo en estos doce años de gobierno fue el constante y clamoroso llamado de Néstor Kirchner y Cristina Fernández a la militancia, al involucramiento en la política, a pensar librement. A no dejarse influenciar ni manipular como borregos ya sea por los dirigentes, los medios de comunicación o por grupos poderosos con intereses propios y no colectivos.

Así, la juventud fue tomando relevancia en el pensamiento, y fue actuando de acuerdo a lo que sus análisis de la situación se lo indicaban.

Sectores muy grandes de la población, que antaño votaban la memoria de un líder, escudos y marchas partidarias, dejaron esa actitud y comenzaron a estudiar a los candidatos y a los gobernantes. A ir al pasado para saber qué fueron antes, dónde estuvieron, qué hicieron, qué no hicieron, con quiénes estuvieron, y cuáles fueron sus vaivenes políticos.

En un principio, esto dio excelentes resultados. El kircherismo se encargó de que todos los que quisieran ir al pasado a buscar explicaciones por los desastres y sus consecuencias, se dirigieran al año 2001 y a la Alianza gobernante en aquel entonces.

Entusiasmados con los resultados (los hacían ganar elección tras elección y los eximía a ellos de cualquier culpa en las debacles pasadas), decidieron “ampliar el pasado” y señalar a los neoliberales años 90, gobernados por Carlos Menem, como los otros grandes culpables de nuestros desastres y atrasos. Así, “la historia” quedó ensamblada de la siguiente manera: Menem y el neoliberalismo minaron el país, y De La Rúa y La Alianza lo hicieron estallar.

Y así comenzaron a perorar día y noche con que las deudas actuales vienen de aquella época; que la destrucción de la industria es producto de esos años; que la pobreza y la miseria son herencia de aquellas políticas; que quienes nos gobernaron durante esos años son los responsables de muchas de las miserias que hoy en día padecemos.

Pero claro, el ciudadano común, el de la despensa, la oficina, el colectivo, el club, la escuela, la universidad, el de la calle, ya había asimilado el pensamiento analítico y curioso, y decidió no quedarse en que fueron Menem y los años 90 o De la Rúa y La Alianza. Y comenzó a “leer” esos años con más detenimiento y detalle, y se encontró con que muchos de los actuales “acusadores”, en aquellos años y aquellos gobiernos fueron “perpetradores”. Es decir, integrantes activos, funcionarios, defensores y loadores de esas políticas y sus representantes.

Ayer privatizadores y hoy estatizadores. Ayer de derecha y hoy de izquierda. Ayer neoliberales y hoy nacionales y populares. Ayer pro FMI y hoy anti buitres y usureros. Ayer conservadores y hoy progresistas: ¡Ayer culpables y hoy inocentes!.

El gran último y novedoso clamor de la presidente Cristina Fernández y su séquito en estos tiempos es “Memoria”. Y tal parece que el pueblo decidió hacer memoria, pero no la memoria acotada que propone el kirchnerismo sino una memoria amplia, fina y detallista. Y vaya sorpresa se llevó ese pueblo al hacer “Memoria” y balance: se dio con que los autores del desastre y los que dicen que van a salvarnos son los mismos.

Ayer incendiarios ¿y hoy bomberos?; ayer agitaron las aguas ¿y hoy son salvavidas?; ayer imputados ¿y hoy fiscales?.
Parfraseando al histriónico testaferro del empresario Lázaro Báez:”Pidieron memoria, les dieron memoria”.