El 10 de diciembre asumió a la presidencia del país el ingeniero Mauricio Macri y, en su discurso de asunción, habló de unidad, de esfuerzo conjunto, de ayuda mutua, de colaboración. Todo muy lindo, muy ideal, muy angelical, muy paradisíaco y primer mundista. Pero tal vez el presidente Macri esté olvidando que las reglas y modales políticos han cambiado radicalmente en los últimos doce años. Y si alguna vez hubo atisbos de racionalidad y cordialidad en el ejercicio de la política y el poder en la Argentina, hace ya tiempo se terminaron de extinguir.

Desde su asunción, Macri ya mostró autoridad y ha decidido emitir cuatro Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) vitales prescindiendo del Congreso, ya que no convocó a sesiones extraordinarias. El primero modificó la Ley de Ministerios para crear el actual gabinete nacional. En el segundo inició la transferencia del poder de escuchas a la Corte Suprema extirpando a Alejandra Gils Carbó el control de la oficina de escuchas. El tercero frenó la aplicación del nuevo Código Procesal Penal. Y el cuarto, y el que más molestó a la cúpula kirchnerista, fue la modificación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Este DNU pretende  fulminar la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (AFTIC).

La idea es tener 100 días tranquilos de gobernabilidad, hasta que vuelvan las sesiones ordinarias el primero de marzo, sin tener que andar lidiando con la oposición. Durante ese tiempo tendrá que ir logrando el apoyo de los gobernadores K. Lo concreto es que el Frente para la Victoria (FpV) contará en Diputados y en la Cámara Alta el un bloque mayoritario y el panorama de los gobernadores no será muy distinto ya que son 13 los mandatarios provinciales que responden al FpV.

Desde su llegada al poder, Néstor Kirchner impuso un estilo de gobierno beligerante, contendiente y siempre a la ofensiva. Su gobierno fue una expresión continua de desafíos y enfrentamientos a los opositores, ya fueran partidos políticos, sectores productivos, clases sociales, y aun personas individuales.

Estos rasgos “característicos” del kirchnerismo se acentuaron frenéticamente durante las dos presidencias de Cristina Fernández hasta el último segundo de poder. Su despedida en Plaza de Mayo no fue otra cosa que una reafirmación iracunda del “nosotros o ellos”, una agitada y tajante diferenciación maniquea entre los que se van y los que llegan. Nada novedoso para los argentinos que, extrañamente, solemos habituarnos rápidamente a las circunstancias que se nos proponen o imponen.

Nadie fue ni es neutral en nuestro país. Nadie olvida lo que los unos hicieron a los otros y viceversa. Todos tomamos partido, con más o menos vehemencia, pero tomamos partido. Todos fuimos protagonistas estos años, unos desde arriba, y otros desde abajo. Todos intervinimos de alguna u otra forma, a favor o en contra.

Porque si bien “las reglas” fueron propuestas por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, todos nos avinimos a ellas y, “rápidos y furiosos”, nos lanzamos a disputar una democracia de combates, pleitos, divisiones, zancadillas y empujones.

Tendrá que aceptar el macrismo, ahora gobernante, una oposición caprichosa, críticas atroces, exigencia de resultados inmediatos, demanda de índices espectaculares y gestiones brillantes en todas las áreas, acusaciones infundadas y ataques injustos e innecesarios.

Vivirá desde ahora el macrismo la tensión social que en muchos casos contribuyó a acrecentar; padecerá la impaciencia popular por ver resultados positivos; soportará el agobio por la irritación de la gente al no ver resueltos sus problemas; sufrirá la incomprensión y la bronca cuando deba tomar medidas anti populares. En fin. Será sujeto de aplicación de las duras reglas que ayer aplicó a otros.

Tal vez Macri logre algún día imponer reglas políticas amigables, serenas y unificadoras como las que expresa. Pero hasta tanto, deberá gobernar con las reglas vigentes en la actualidad, que él mismo aceptó y contribuyó a su consolidación. Y que, dicho sea de paso, no le serán nada amigables, como no lo fueron para sus creadores, Néstor y Cristina, porque como todos sabemos, “El clavo que sobresale es el que recibe el martillazo”.