Las redes sociales, refugio incontrolable de desinformación militante

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Sí señor, la red social es increíblemente globalizadora. Desde luego la idea a priori no fue tal, sino más que nada un sitio para ver fotos de tilingos universitarios con libido desbordante y comentar una que otra huevada.

Pero la mercadotecnia siempre se impuso como embestida de caballería persa, y no podían dejarlo como un simple portal para pendejos alzados. Abarcó tanto que la convirtieron hasta una forma de vida para muchos idiotas.

Facebook, Watsapp, Instagram o Twitter, no deberían ser más que simples y llanas redes sociales. Pero vaya uno a saber en qué trágico momento se convirtieron en una fuente incontrolable de información sin respaldo. Un mejunje caótico de imágenes photoshopeadas, videos virales, frases mentirosas atribuidas a grandes personalidades, personas desaparecidas que nunca desaparecieron, reseñas falsas, curas milagrosas y demases.

Y como no podía ser de otra manera, la militancia política no se quedó atrás. Todo lo contrario, al menos en las cuentas de usuarios argentinos de entre 15 y 80 años, el proselitismo oficialista y opositor es responsable de casi el 40% del total de publicaciones, ganándole inclusive a los videos virales de gatos haciendo boludeces.

El aparato político siempre supo descubrir y aprovechar el mejor medio para difundirse, y hoy por hoy no es suficiente la parcialidad del periodismo mercenario. No todos escuchan radio, no todos ven televisión, pero casi todos tienen una cuenta en facebook. La tendencia en boga es la cibermilitancia.

Un meme de Eameo impacta más que la nota de tapa de Infobae. Un Hashtag twittero anti-k se impone a una investigación de Página 12. Si de entrada los medios informativos del país fueron, son y serán siempre tendenciosos y falaces, el efecto de la cibermilitancia es mucho peor aun.

Una red social, más allá de lo entretenida que pueda resultar, encierra factores desfavorables, y en ciertos casos peligrosos. Pero llegar a esa conclusión debemos entender antes que nada, lo contraproducente que le resulta al establishment que la humanidad adquiera conocimiento e información.

Antaño, las cúpulas de poder persiguieron, condenaron y hasta ejecutaron a científicos, filósofos y librepensadores, pero hoy no hace falta llegar a esos límites, basta con dejar fluir tranquilamente las miles de millones de pelotudeces que se publican en una red social.

Si bien es parte de la naturaleza del hombre la avidez de conocimiento, también lo es la triste y maldita ley del menor esfuerzo. Puesto que con el big bang del ciberespacio, las fuentes de información se multiplicaron exponencialmente, y para llegar a la verdad hay que laburar cada vez más. Ergo, es mucho más fácil absorber una información inmediata, sin fuentes que respalden, sin análisis coyuntural, sin origen y sin lógica, del mismo lugar en el que se pierden horas y horas con el Candy Crush.

El resultado de esa relativamente novedosa costumbre es en definitiva siniestro, porque no solo NO proporciona a la persona un sustento intelectual, sino que empeora su condición de ignorante. Es preferible mil veces desconocer algo por completo que estar convencido de una mentira con convicción dogmática, y peor aún si se fundamenta con el patético “Lo leí en Facebook”.

La cibermilitancia, que ni si quiera es operada por los máximos dirigentes de los polos políticos, sino por adoctrinados y fanáticos, hace mella en la información que absorbe la sociedad, propagando noticias, rumores y acusaciones muchas veces de verdad indiscutible, y muchas veces embusteras, exageradas o tendenciosas.

La consigna no es informar en primera instancia, sino generar disconformidad, malestar y odio, con una altísima cuota de inseguridad, con el fin de afectar a la opinión pública sobre tal o cual dirigente o gestión.

Que no se malentienda, más que necesario es imprescindible que el electorado sepa bien que tan corrupto o idóneo es el candidato al que va a acompañar en elecciones o durante su gestión, pero llegar a esa instancia precisa de una exhaustiva investigación de fuentes fidedignas y, una red social, por antonomasia NO lo es.

Es indiscutible que tanto funcionarios oficialistas como opositores son grandes merecedores de memes, burlas y escraches, pero no basta con comprar lo que se ve en vidriera sin ir un poquito más allá, y sin consultar el precio. Las redes sociales, como medios informativos, son la biblia junto al calefón. Un mar surrealista que termina por ahogar a sus consumidores.

La célebre frase que Francis Bacon acuñaría allá por el 1500 y chirola, “El conocimiento es Poder”, contiene una verdad de fuerza abrumadora. Porque quien sabe algo a ciencia cierta se puede anteponer a quienes lo pretenden engañar con un discursito medianamente sofisticado. Cuando eso ocurre la balanza tiende a equilibrarse, y en ese preciso instante palidecen los grandes generadores de desigualdad e injusticia.

La manipulación mediática, el adoctrinamiento taimado y a la obnubilación son factores indispensables para que unos pocos puedan sostener la hegemonía sobre todas las cosas,  y para hacerle frente a esa acometida maliciosa debemos contar con el arma más importante de todas, el conocimiento.

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No soy periodista, ni escritor, ni investigador, ni crítico, y tampoco tengo talento literario. Pero ésta sociedad es tan generosa que me brinda un espacio para que escriba lo que se me ocurre. Gracias, gracias gracias.

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