Cada día que pasa se acrecienta la percepción generalizada de que la democracia argentina se desvirtúa y toma rasgos de empresariado familiar.

Comenzamos hace ya décadas con los nefastos barones del conurbano y sus seguidillas ininterrumpidas de mandatos. Pero a la vez estas formas vitalicias de gobierno también se sucedían y suceden en municipios del interior del país, claro está con menos prensa y por lo tanto menos conocidas.

Si bien el nepotismo es un viejo mal, muy extendido y enraizado en nuestra forma de gobierno, por estos tiempos ese vicio de la democracia ha adquirido características ridículamente desorbitadas, y quienes hacen uso de ese recurso lo justifican con explicaciones que nos hacen fluctuar entre el asombro, el asco y la risa.

Hace solo unos días nos enterábamos del caso de Julián Gil, intendente de Caucete, provincia de San Juan, quien nombró Secretario de Deportes del municipio a su hijo José Gil, de apenas 18 años, y a su hija Gimena Gil, de tan solo 19 años, al frente de la Secretaría de Coordinación.

Si las designaciones resultan de por sí indignantes por la edad de los nuevos “funcionarios” y por el parentesco que guardan con quien los puso en funciones. Las explicaciones que dio Gil padre para justificar estos nombramientos son surrealistas. Juzguen ustedes: “Tiene experiencia en todas las áreas deportivas (refiriéndose a su hijo) porque ha practicado todos los deportes de chico y es jugador de volley actualmente”. Y agregó: “También es músico desde los cinco años y tiene actuaciones en distintas partes del país y grabaciones, nunca fumó, es una persona muy bien educada”. Y remató con: “A pesar de que acaba de terminar el secundario, ha participado en la administración de la empresa inmobiliaria y constructora de la familia”.

Después de leer esto no sé si me están tomando por un reverendo boludo, o si sentirme halagado porque, según los parámetros de Julián Gil, con mis conocimientos y mi experiencia, yo estaría capacitado para presidir la ONU mientras barro el patio y riego las plantas.

Pero nuestros pagos salteños no son ajenos a estos políticos “familieros”. Esos que son tan afortunados que tuvieron siempre a su lado a los hombres y mujeres más aptos, más preparados para “servir a la comunidad” como funcionarios.

Me refiero al caso del intendente de El Bordo, Raúl “Rata” Martínez, quien parece haber estado preparándose para la intendencia con tanto esmero y responsabilidad, que hasta engendró y capacitó a quienes mucho tiempo después serían las funcionarias más idóneas que se pudiera hallar para los cargos de Secretaria de Gobierno y Secretaria de Acción Social: sus dos hijas.

Al igual que Julián Gil, de Caucete, el Rata Martínez, de El Bordo, nos tapa la boca y nos pasa el trapo con las aptitudes que tomó en cuenta para designar a sus hijas/funcionarias: “se ganaron” el cargo, “mientras yo esté ellas van a estar a mi lado, mejor que ellas no me va a cuidar nadie”.

Pero claro, don Rata Martínez. ¿Cómo no lo vamos a entender?. De eso se trata la democracia. De que todos los vecinos voten y lo elijan para que usted esté bien cuidado. Y como su bienestar lo más importante para los habitantes de El Bordo, están dispuestos a pagar, a través de sus impuestos, generosos sueldos a sus hijas para que cumplan con ese cometido.

En sus mensajes anuales ante el Concejo Deliberante, nadie querrá escuchar qué obras hizo, cómo mejoró la ciudad ni qué beneficios trajo. Con que les diga que usted está bien cuidado será suficiente para que el pueblo festeje y apruebe su gestión.

Seguramente la buena fortuna seguirá acompañando a estas dos ciudades por un largo tiempo, ya que cuando Gil y Martínez agoten el número de mandatos permitidos por la carta orgánica, sus hijos heredarán el cargo de sus papis, por lo que Caucete y El Bordo continuarán en manos de los mejores.

Felicitaciones, señores intendentes. Y apúrense en llegar a la piscina familiar, que ya están allí los chicos esperándolos para una reunión de gabinete.