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por Gonzalo Rodríguez

Jorge Lanata sigue derribando los biombos del poder y, cada vez que cae uno, detrás aparecen más caras, más involucrados y más negociados del backstage del gobierno, con lo que siguen creciendo de a millones las inmensidades de dinero que nos han robado.

Pero existe un problema, y es que en la política argentina todos sus protagonistas se reciclan a nuevos cada vez que se desploma todo, eso que le llamamos crisis, y reaparecen en el gobierno siguiente como si nada y con el legajo a cero. Así vemos que muchos “cuadros políticos” del alfonsinismo se ensamblaron al menemismo, muchos del menemismo se empalmaron al delaruismo, muchos del delarruismo se acoplaron  al duhaldismo, muchos del duhaldismo se asumieron al kirchnerismo, y muchos del kirchnerismo, por “tradición política argentina”, son “elquevenguistas”, es decir, se articularán con el que venga, por que el vicio este no da visos de llegar a su fin con el “ismo” actual.

¿Y cuál es el problema? , me preguntarán muchos. El problema es que cada vez que salta algún fraude, junto a él saltan los nombres de cuatro o cinco involucrados directamente. Y cuando se investiga o se sigue la pista a cualquiera de estos cinco, la cosa se ramifica a diez, y si seguimos el curso de esos diez descubrimos otros cien cumpliendo sus respectivas “tareas” en el negocio. Y en todas y cada una de las etapas encontramos la pata política del asunto, ya sea como socios, como intermediarios, como facilitadores, o como impulsores, y en muchos casos como cabezas del “emprendimiento”. Pero por enfocarnos en la maniobra delictiva en sí casi siempre dejamos de lado su deambular político, que si le pusiéramos un poco de atención veríamos que el fulano nombrado salió del FRePaSo, llegó al poder con la Alianza, y un par de años después se plegó a la “revolución” transversal. O que el otro pasó, sin pudores ni remordimientos, del menemismo al kirchnerismo sin escalas. O que mengano asumió como intendente siendo un joven de prometedor futuro y transparentes ideales allá por los tiempos de Alfonsín, y hoy, merced a su extraordinaria  habilidad para camuflarse ideológicamente en todos los gobiernos, está presente y vigente como un viejo, amañado, millonario e intocable barón del conurbano. Y ése es, nada más y nada menos, el problema: ¡¡que todos estuvieron siempre!!. Que todos son cómplices por acción u omisión. Que todos participaron, vieron, escucharon, sabían o sospechaban algo o todo, pero nunca dijeron nada, ya sea por cubrir a sus compañeros o para preservar el “prestigio” del partido o del gobierno.

Será tal vez por eso que siempre emiten tibias condenas de los hechos; que siempre piden con desapasionado ánimo que se investigue con determinación; será por eso que siempre echan mano del “llegaremos hasta las últimas consecuencias”, pero ni siquiera se interesan por ahondar en “las primeras causas”. Será por eso que nunca les acercan datos, respaldan, ni protegen a los jueces y fiscales que realmente quieren actuar. Por que saben que sería una temeridad, si es que no un suicidio penal, insistir demasiado en que quien destapó la cuestión se adentre más y más. Por que saben que si largan los perros a que sigan el sendero de los comprometidos, tarde o temprano esos perros les estarán mordiendo los talones a ellos mismos.

Por ahí andan Nosiglia, Bauzá, Vico, Hernández, Alderete, Kohan, Corach, Baylac, Lopérfido, Agulla, Mazzorín, los De La Rúa, Jaime, Menem, Yoma, Antonini Wilson, Uberti, Rudy Ulloa, Alasino, Schoklender y miles más gozando de sucias fortunas cuyo origen alguna vez nos prometieron investigar “hasta las últimas consecuencias”. Y aquí andamos nosotros, solos, guachos de justicia, de verdad, de alegría, de esperanza, y de futuro, por que no nos robaron dinero solamente, no, nos robaron y nos siguen robando mucho más que eso.

Así que entendámoslo: mientras no nos decidamos de una vez, aunque nos juntemos millones y millones en las calles para marchar, seguiremos estando solos.

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